Durante las largas décadas de la tiranía libia, Muamar Gadafi ostentó el cargo de Líder Fraternal y Guía de la Revolución. El país tenía un presidente y un primer ministro, que oficialmente gobernaban Libia. Sobre el papel, Gadafi solo tenía ese cargo simbólico, casi de representación. Pero todo el mundo sabía, dentro y fuera del país, que era él quien mandaba y nada se hacía sin su visto bueno. Algo parecido ocurre con José María Aznar. No tiene ningún cargo, salvo el de presidente de FAES desde 2004. Pero todo el mundo sabe que su poder es infinitamente superior al que le pueda otorgar ser presidente de una fundación. Es el máximo exponente del centroderecha español. Es el Líder Fraternal del españolismo duro. No es Darth Vader, tal como lo pinta magistralmente el dibujante Ferreres; es el emperador Palpatine del supremacismo castellano.

Como los buenos líderes, sale poco en la palestra, pero cuando sale siempre dice cosas relevantes y da órdenes claras a sus acólitos. Hace un tiempo salió al púlpito y lanzó la famosa fatua "Quien pueda hacer, que haga". Esa simple frase desató una ofensiva por tierra, mar y aire contra el PSOE y particularmente contra Pedro Sánchez. Todo el mundo se puso el uniforme y se dirigió a su posición de combate, como cuando la tripulación de un submarino se moviliza cuando suena la sirena. Su plan se cumplía y se cumple, pero algunos oficiales de su ejército no han acabado de entender cuál es el alcance de su proyecto y Aznar se ha visto obligado a comparecer de nuevo para dictar otra fatua: ahora ha llamado a construir una gran mayoría nacional para derrotar a Pedro Sánchez. No se puede pactar con nacionalistas catalanes o vascos. No es necesario seducir a nadie. Los Pactos del Majestic son historia. Nunca más nadie en Madrid volverá a hablar catalán en la intimidad. Ya no habrá que decir "me gusta mucho Catalunya, mi mujer es catalana y se llama Montserrat". Se acabó lo que se daba. Bastará con construir una mayoría nacional para tumbar al gobierno central. Un PP fuerte que pacte con Vox sin complejos. Es la nueva hoja de ruta que ha proclamado Aznar y nadie levantará el dedo.

Catalunya necesita también una mayoría nacional en todos los frentes; no solo porque es un hecho natural, sino porque nos tendremos que defender y tendremos que saber ganar

Pero las palabras y el proyecto aznariano pueden servirnos en Catalunya. Solo hace falta invertir los sujetos. El otro día citaba en estas mismas páginas digitales su frase "quien pueda hacer, que haga" en relación con la exitosa movilización del catalanismo durante la visita papal. Un usuario de Twitter, al que no tengo el gusto de conocer y que firma con el nombre de “Un Sr. de Barcelona”, recogió la idea y la mejoró, diciendo que todos los catalanes debemos hacer lo que podamos (por el país, por la lengua) desde el lugar que ocupamos, sea cual sea. Dicho de otro modo: movilización general, es la hora de tocar a rebato. Como dijo el president Lluís Companys desde el balcón del Palau de la Generalitat el 6 de octubre de 1934, “¡cada uno en su sitio y Catalunya en el corazón de todos!”. Es exactamente esto. En un momento de parálisis y desánimo, los catalanes debemos dejar de esperar algo, debemos dejar de esperar instrucciones que no sabemos cuándo llegarán ni quién las dictará. Cada uno sabe lo que debe hacer, en todo momento. Podemos hacer cosas grandes o pequeñas, pero la cuestión es hacer cosas y no permanecer parados.

La segunda consigna de José María Aznar es también muy útil. Más aún que la primera, porque es un proyecto político de primera magnitud. Cuando reclama una mayoría nacional, todos sabemos a qué mayoría nacional se refiere. Quiere decir una mayoría social de matriz castellana, uniforme, homogénea. No quiere matices, no quiere acentos, no quiere diferencias. He aquí que esta fórmula es la que puede servir también en nuestra casa. Ante la amenaza de un gobierno nacionalista español en Madrid o ante la existencia de un gobierno central socialista que nunca cumple nada, los catalanes debemos construir también una mayoría nacional. No digo que los catalanes votemos a un partido u otro, es una idea mucho más amplia. Los catalanes debemos construir una mayoría nacional en todas partes, en el mundo empresarial, en el mundo asociativo, en el mundo educativo, en el mundo sindical, en el mundo deportivo o en el mundo cultural. Todo el mundo que se sienta parte debe actuar en clave nacional, y también en clave de mayoría. No hemos venido a resistir nada, hemos venido a ganar el país. Luego, si es necesario, que cada uno vote lo que quiera, pero sería preferible que fuera a partidos que tienen el interés nacional como prioridad. Son varios partidos los que existen en este espacio. Seguro que todo el mundo podrá encontrar el que más le plazca, más a la derecha, más en el centro o más a la izquierda. Pero esta mayoría nacional debe traducirse en un Parlament de Catalunya con una mayoría de partidos al servicio del interés nacional. Como los vascos, a fin de cuentas. Catalunya necesita también una mayoría nacional en todos los frentes; no solo porque es algo natural, sino porque tendremos que defendernos y tendremos que saber ganar.