Los políticos utilizan las encuestas como los borrachos utilizan las farolas, es decir para aguantarse en lugar de para iluminarse. Es un refrán recurrente de la política en Estados Unidos pero es tanto o más aplicable a lo que está pasando en España. La ventaja, en Estados Unidos, es que las elecciones no se pueden repetir y en cambio en España ya se han repetido unas cuantas veces y nadie puede descartar que el desbarajuste continúe. Si no fuera por las encuestas, no habría repetición de elecciones, ni espectáculos sólo pensados para públicos fanáticos como el del otro día en el Parlament.

Las encuestas, mejor dicho, los encuestadores, a menudo se equivocan pero no sólo en el pronóstico, sino también en la interpretación de los datos. Ahora mismo, los comentaristas políticos de Estados Unidos no se ponen de acuerdo sobre si la iniciativa de los demócratas de proponer el impeachment acabará teniendo un efecto bumerán porque permitirá a Trump monopolizar el debate sobre él mismo, movilizará sus hooligans y tapará todas las estrategias de los candidatos demócratas para hacerse notar.

Ha quedado suficientemente claro que Pedro Sánchez ha preferido repetir las elecciones porque las encuestas señalan que sacará mejor resultado y podrá gobernar más cómodamente. Sin embargo, Sánchez ganó las elecciones del 28 de abril prometiendo un gobierno de izquierdas y ahora pretende ganarlas pidiendo al electorado de izquierdas que le vote más y con más ganas ... para poder pactar con la derecha, que es una oferta electoral distinta para una clientela diferente.

Según las encuestas del CIS, la mayoría de votantes socialistas quería un acuerdo con Unidas-Podemos y ya ha quedado suficientemente claro que Sánchez no quiere este pacto de ninguna manera. Así que para liderar la izquierda y pactar con la derecha, la estrategia decidida por el spin doctor Iván Redondo es ir a arrebatar votos de Ciudadanos. ¿Y cómo lo piensan hacer? Ya se ha visto que asumiendo buena parte de su discurso agresivo contra el independentismo.

Una insólita conjunción político-astral ha dejado España sin Gobierno ni Parlamento en el momento de su peor crisis institucional, el escenario perfecto para justificar el gobierno de emergencia nacional PSOE-PP que el Rey reclama

Para muestra un botón. Las detenciones practicadas esta semana de activistas de los CDR han sido decididas por un juez, pero los vídeos difundidos por la Guardia Civil son cosa del Ministerio del Interior. Cuando el franquismo, la brigada político-social llamaba de madrugada y se llevaba a los detenidos sin hacer ruido, tal como cantaba Maria del Mar Bonet, pero ahora la Guardia Civil no llama. La imagen de los agentes aguerridos rompiendo puertas a lo bestia en vez de llamar al timbre resulta ridícula y grosera en Catalunya, pero su distribución sólo se entiende como una intención propagandística para excitar a los haters que hasta ahora han apostado por Rivera.

Esto significa que el PSOE está determinado a rivalizar con sus contrincantes en el terreno de la derecha, lo que inexorablemente hará crecer la tensión en Catalunya. De momento, el gobierno socialista en funciones ya ha anunciado que piensa instar la anulación de las resoluciones aprobadas por el Parlament de Catalunya y que no dejará de plantear la aplicación del artículo 155 de la Constitución cuando lo considere necesario. Si esto lo dice ahora, qué no dirá cuando llegue el Tsunami Democràtic que responda a la Sentencia del Supremo en plena campaña electoral. Necesariamente Pedro Sánchez se verá obligado a liderar la ofensiva antisoberanista como presidente del Gobierno, pero se encontrará que sus rivales de la derecha le exigirán más y más cada día hasta que aplique el 155. Con las cortes disueltas, la decisión de aplicar el 155 corresponde a la Diputación Permanente del Senado, donde el PSOE tiene mayoría absoluta. Mal le irá a Sánchez si lo aplica y también si no lo hace.

Antes del 10 de noviembre tienen que pasar tantas cosas, tan imprevisibles y tan trascendentales que las encuestas no servirán más que para añadir confusión. Una insólita conjunción político-astral ha dejado España sin Gobierno ni Parlamento en el momento de su peor crisis institucional y con todos los actores peleándose por el poder. Aunque, bien mirado, es el escenario perfecto para justificar al día siguiente de las elecciones el gobierno de emergencia nacional PSOE-PP que el Rey y sus cortesanos vienen reclamando.

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