La victoria de Carles Puigdemont en las elecciones europeas y los magníficos resultados de ERC en las elecciones municipales confirman que el independentismo se ha situado definitivamente en la centralidad política de Catalunya. Aunque todavía todo está abierto, por primera vez los independentistas están en condiciones de acceder a las alcaldías de las cuatro capitales catalanas. Esto quiere decir que el Partido Socialista, que es el  encargado de gestionar desde el Gobierno el conflicto con Catalunya, deberá encontrar sí o sí un marco de interlocución con el soberanismo catalán. Y una de las primeras decisiones que deberá tomar será precisamente si puede colaborar políticamente con ERC en los ayuntamientos. Si lo hace, puede salvar algunas alcaldías para el PSC e imponer el diálogo político e invertir en la transversalidad. Si no lo hace, se convertirá en el líder en solitario del bloque del 155 en Catalunya, que es un papel que no le corresponde ni le conviene, aunque tentaciones no le van a faltar.

Cuidado con Barcelona. ERC ha conseguido un resultado extraordinario. Ernest Maragall se ha ganado a pulso la alcaldía y lo lógico será que llegue a un acuerdo generoso con Ada Colau y que Junts per Catalunya no se haga de rogar, porque no vale distraerse. Socialistas y Ciudadanos están en condiciones de entregar la alcaldía a Colau con el único argumento de impedir una Barcelona gobernada por los independentistas. Sería todo muy retorcido, pero, por si acaso, Jaume Collboni ya dijo anoche que "los independentistas no son mayoría en el Consistorio".

Puigdemont dispara el voto de la dignidad y por primera vez el independentismo está en condiciones de gobernar en las cuatro capitales catalanas

En cuanto a la correlación de fuerzas interna de Catalunyaa, el independentismo declarado ha alcanzado prácticamente el 50% pero además de eso ha habido un voto que podríamos describir como de "dignidad", a Carles Puigdemont, que trasciende los partidos. Si Puigdemont ha tenido muchos más votos que su partido, significa que muchos electores que han votado otras opciones en las municipales han querido reivindicar la figura del presidente en el exilio destituido por el 155. Y no solo han sido votantes de partidos independentistas. En todo caso, Puigdemont, Comín, Junqueras y, probablemente, Ponsatí, serán eurodiputados y convertirán la cuestión catalana en un asunto de trascendencia europea. Las instituciones deberán responder a toda la batalla político-jurídica que les viene encima, después de que los catalanes en general y los independentistas en particular han hecho una profesión de fe europeísta justo cuando el euroescepticismo y la eurofobia han crecido de forma alarmante.

Y en cuanto al conjunto del independentismo, el triunfo de Carles Puigdemont no puede ocultar el avance de ERC en el territorio, que ahora domina todo lo que antes controlaba Convergència y un poco más. ERC no ha querido la unidad porque quería aglutinar la unidad y lo cierto es que su estrategia ha tenido éxito. Es probable que los republicanos tengan prisa ahora en ensanchar su crecimiento, forzar elecciones anticipadas en Catalunya y ganar ellos solos la Generalitat. Es hasta cierto punto lógico que lo hagan. E incluso puede ser conveniente dado que en el actual Govern, internamente, prima más la rivalidad que la colaboración. Sin embargo, deberán de hacer bien los cálculos, porque ya se ha visto que JxCat cede terreno, pero Carles Puigdemont, no. Ha quedado claro, como sostenía ERC, que por separado suman más que juntos, pero también que ERC y JxCat, no son nada el uno sin el otro.

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