Mientras los focos se centran en el escenario digamos oficial con los tira y afloja de las cúpulas de Junts per Catalunya y ERC, la mesa de negociación con el Gobierno español y los lamentos por la suspensión del Mobile, por debajo, lejos de las cámaras, pero en todo el territorio, todo se mueve, y los movimientos tectónicos pueden acabar provocando un nuevo terremoto capaz de alterar el curso de la campaña electoral e incluso de hacer saltar por los aires las fichas del mapa político. Alerta el fin de semana.

El independentismo catalán tiene dos características paradójicas. Es probablemente el movimiento político incansablemente más activo de Europa. Ha recibido palos por todas partes y se aplica la consigna de Nietzsche, lo que no le destruye le fortalece. Sin embargo, es el fenómeno de masas que sufre más acusadamente las consecuencias de un minifundismo ideológico exasperante. Hay muchos más partidos, grupos, entidades y asociaciones independentistas que de cualquier otra orientación política. Sin ir más lejos, los partidos que forman parte de lo que ahora se llama unionismo están constantemente tirándose los trastos a la cabeza, pero en cuanto surge la cuestión nacional cierran filas sistemáticamente. Cuando el PSOE, por razones de supervivencia en el poder, se aviene a negociar con los independentistas, deja muy claro de entrada que en ningún caso se saldrá del guión constitucionalista que tan fervorosamente defienden también sus adversarios ideológicos.

En Catalunya han surgido iniciativas independentistas para superar las diferencias partidistas, pero han acabado convirtiéndose en una nueva opción política en competición con todas las demás, que rápidamente se han apresurado a boicotearlas política y mediáticamente. Es lo que pasó con el  movimiento de Primarias Catalunya impulsado por Jordi Graupera, pero también en cierto modo lo ha sufrido la Crida per la República, el Consell per la República e incluso en varios momentos ha afectado a la Asamblea Nacional Catalana.

Ahora que vienen elecciones consta que hay un movimiento subterráneo, más transversal que de costumbre, dispuesto a cerrar filas... en torno al president Puigdemont. Todo el mundo tiene claro que las elecciones vendrán determinadas por la candidatura del president exiliado. Ni que decir tiene que si Puigdemont encabeza una lista, el debate se centrará entre los partidarios de mantener el embate con el Estado —con Puigdemont como líder— y los partidarios de encontrar una salida al conflicto dialogada con el actual Gobierno español.

Rebelándose contra la disciplina de los partidos, se han puesto de acuerdo cuadros dirigentes de ERC, JxCat, PDECat y la CUP, presos y exiliados, alcaldes, concejales y viejos militantes de la izquierda independentista para lanzar una ofensiva política que tiene como objetivo recuperar el espíritu del 1-O y que hará que el mapa político y el sistema de partidos se tambaleen

Me aseguran que muy pronto en el Ateneu Barcelonès se hará público un manifiesto de apoyo a Puigdemont como líder de un movimiento que pretende superar el dilema entre partidos, entre derechas e izquierdas y cualquier diferencia ideológica ante el reto de la emancipación nacional. La iniciativa contará con firmas de procedencia tan diversa y significada que hará tambalear el mapa político. Porque, rebelándose contra cualquier disciplina de partido, se han puesto de acuerdo líderes y cuadros dirigentes de ERC, de JxCat, del PDeCat y de la CUP, alcaldes y concejales de todo el país, pero también activistas de reconocida trayectoria y viejos militantes de la izquierda independentista de siempre, del PSAN, del Frente Nacional, de la ANC... Habrá también presos y exiliados también comprometidos en una ofensiva política que tiene como objetivo, dicen, recuperar el espíritu del 1 de octubre y volver a la carga.

Como hablan en catalán, habrá que escuchar a ver qué dicen.

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