"La duda sobre los hechos reales, tal como debo revelarlos, es inevitable; sin embargo, si suprimiera lo que parecerá extravagante e increíble, no quedaría nada".
H.P. Lovecraft
Pensar que Vox se ha erigido ahora en defensor de los derechos de las mujeres es una locura, como lo es que la izquierda, para oponerse a ellos, se niegue también a defenderlos. Lo que importa es el qué y el cómo, el quién es perfectamente soslayable cuando lo que se busca es la acción política eficaz. Y si el problema es Vox, espero que apoyen la propuesta de Junts sobre los velos integrales, que está muy bien formulada. Verán que no, porque han resbalado hacia un flanco en el que los principios básicos de derechos fundamentales han sido pervertidos.
Todo les patina como si anduvieran sobre el helor espantoso de las montañas de la locura. Tanto que las feministas contemplamos el espectáculo con una mueca de horror, producido, sobre todo, por las rocambolescas contorsiones de los grupos de izquierda y del propio PSOE para decir lo contrario de lo que siempre defendieron. Es de locos. De locos ver a una vicepresidenta del Gobierno de España, en una comparecencia oficial del Consejo de Ministros, defendiendo que prohibir las imposiciones más patriarcales de sometimiento a las mujeres va contra nuestra Carta Magna. Una mujer que se dice feminista y progresista abogando por la imposición de costumbres medievales a mujeres como ella, que tan a gusto se viste de esto y de lo otro, pero que no es capaz de luchar para que todas las mujeres que viven en nuestro territorio puedan hacerlo. ¿Pueden trabajar esas mujeres, señora ministra? Lo que dijo ayer Yolanda Díaz es jurídicamente un disparate y personalmente una renuncia a su pretendido feminismo.
¿De verdad creen que las mujeres vamos a tragar con que sacar a nuestras hermanas de una jaula impuesta por hombres que se creen sus amos es una prueba de racismo o de fascismo?
Es difícil ver argumentos más zarrapastrosos que los esgrimidos por la izquierda en esta bochornosa bajada de pantalones. Luego se preguntan que por qué pierden votos. ¿De verdad creen que las mujeres vamos a tragar con que sacar a nuestras hermanas de una jaula impuesta por hombres que se creen sus amos es una prueba de racismo o de fascismo? Respétense y respétennos un poco, al menos para que la vergüenza no nos cubra a los que alguna vez pensamos que sus principios valían la pena.
Lo cierto es que la mayoría del Congreso está de acuerdo en liberar a estas mujeres de una opresión que, si se piensa consentida, es debido a un vicio de consentimiento. Anular la identidad de las mujeres es tan constitucional como amputarles el clítoris, hacerlas vivir en un harén o casarlas a la fuerza siendo menores. Ninguna de esas cosas puede ser consentida en una democracia liberal. ¿A qué sale, pues, la izquierda con estas aberraciones? ¿Por qué defienden a capa y espada los derechos a la práctica de una religión claramente medieval mientras que se encarnizan con cualquier cosa que no les gusta de otra religión, la católica, que ya ha sido domada por la democracia? La izquierda identitaria no es izquierda y los socialistas, por mor de dejarse arrastrar por la conveniencia, han caído en la misma trampa. Las feministas socialistas no les compran ni un gramo de esa bazofia, no se sabe si identitaria o autodestructiva.
La izquierda radical o extrema izquierda o izquierda verdadera se ha vuelto loca hace tiempo. Han abandonado las luchas que les eran propias y se han metido en una novela de Houellebecq, como Mélenchon, y así les va. Están a un pique de apoyar la lapidación de adúlteras, el ahorcamiento de homosexuales y tantas otras expresiones libérrimas de esa religión tan compatible con la democracia.
Vamos a comprarles que la propuesta de Vox tiene poco que ver con los derechos de las mujeres, aunque a la hora de votar la prohibición nos tendría que dar igual, puesto que hay muchos otros argumentos desde el feminismo y los principios europeos. Supongo entonces que acogerán entusiasmados la propuesta de Junts y aprobarán la prohibición con una holgadísima mayoría. La propuesta de Junts tiene una muy sólida exposición de motivos que tira por tierra bastantes de los falsos argumentos esgrimidos por la izquierda. Basan la prohibición de los velos integrales en la protección de derechos fundamentales, la igualdad efectiva entre hombre y mujer, la seguridad pública y la convivencia democrática. Valores, todos ellos, claramente constitucionales. "La libertad individual no puede convertirse en algo que ampara prácticas discriminatorias o que introduce en el espacio público imposiciones incompatibles con la plena ciudadanía de la mitad de la población". Y así, argumento a argumento, la proposición desmonta todos los sofismas enloquecidos puestos en circulación. No hay nada en los argumentos de Junts que no pueda apoyar la izquierda, que tampoco lo hará porque lo que ponen son excusas y la realidad es una entrega sumisa a un respeto islámico que nunca tuvieron con el cristianismo y sus dogmas y símbolos. ¿Pensarán sacar votos de ello?
Pero es que Junts hasta ha pensado en el principal problema de la prohibición, que no es otro que el riesgo de que la posesión patriarcal que sufren estas mujeres acabe recluyéndolas o secuestrándolas para impedir que salgan a la calle sin velar. Les dirán los de Lovecraft que no saldrían por propia decisión, porque antes enterradas en vida que sin tapar, por la gloria de Alá. Por eso Junts solicita la asignación de recursos públicos y políticas de integración que controlen e impidan ese efecto indeseado y, a la par, sienten las bases para que esas mujeres puedan ejercer sus derechos en nuestra sociedad. Alguna pega le encontrarán para no votarlo tampoco.
Y así es como la izquierda radical hace bueno a Vox y lo revalida ante parte de la ciudadanía. Así es como dejarán que Vox proclame que nuestra forma de vida corre peligro, que nos van a reemplazar, que nuestros espacios democráticos volverán a ser teocráticos a poco que nos descuidemos. Es de locos que no se den cuenta. Todo es de locos, el mundo al revés.
Lo que pasa es que lo tenían que haber propuesto ellos, la izquierda laica; como la abolición de la prostitución que ahora defienden como un trabajo. No existe la libertad de ser esclava. Y si la izquierda en su deriva piensa que sí, como tantas otras traiciones que se han marcado, es hora de salir limpiándote los pies en el felpudo e intentar que las mujeres inmigrantes que llegan a nuestro país sean realmente tan libres como nos queremos nosotras.