Subo la persiana. Hace un día chip-chap. Traducción: ni del todo nublado, ni del todo soleado. En la calle de casa se oye el silencio típico de un Viernes Santo normal. Claro, servidor de usted no está en ningún pueblo turístico o de segundas residencias. Si estuviera allí también oiría su ruido típico de Semana Santa, que es aquel ruido a movimiento de turistas y segundosresidentes. Para evitarlo al máximo, y teniendo en cuenta que estamos confinados, algunos alcaldes de La Cerdanya han decidido tonmar cartas en el asunto. La foto es del usuario de Twitter @marcelpirineus.

Marcel Pirineus

¡¡¡Efectivamente, alcaldes haciendo barricadas para no dejar entrar a foráneos (y a foráneas)!!! Qué, la imagen impacta, ¿verdad?

Hablando de impactos... Alguna vez ya le he hablado de mi colega analista de comportamiento social y de cómo sus reflexiones me permiten aprender. Con ella estos días hablamos a menudo (bien, ella habla y yo escucho) de las personas mayores, en particular de la parte de la población más frágil y dependiente. Y de cómo, junto con las residencias, son los grandes olvidados. Y ahora la realidad nos ha hecho recuperar la memoria.

Pero también hablamos de si esta Europa envejecida será capaz de mantener el estado del bienestar tal como lo hemos conocido. Y justamente hoy me ha enviado un par de cuadros publicados, también en Twitter, por el médico Javier Padilla (@javierpadillab). Vivimos muchos más años, sí, ¿pero con qué calidad de vida? ¿Si tenemos que estar enfermos, entonces ya no es una vida sino una condena, no?. Míreselos y hablamos:

Quadre1

Quadre2

Exacto, los países "ricos" (y sorprendentemente Malta) ofrecen a sus personas mayores una vida más sana durante más años que la de los países más pobres. A ver, tampoco estamos descubriendo la sopa de ajo, pero a veces está bien confirmar con cifras lo que ya nos hace sospechar el sentido común. Los datos de aquí encima nos dicen claramente que la salud tiene que ver con el dinero. Y nos dicen que los ricos están más sanos que los pobres. Dicho de otra manera, los pobres tienen más posibilidades de acabar enfermos. Por lo tanto, si eres pobre y en un estado del bienestar que traquetea y donde los pobres y los débiles molestan porque son los que más gasto generan... no hace falta que le explique el final, ¿verdad?

Este es uno de aquellos temas que tendrían que interesar a la gente. A toda. Pero, de momento, interesan sobre todo a la gente pobre y enferma, que es a quien le afecta la cosa. ¿Cambiará eso a partir de ahora o una vez pase todo, todo habrá pasado?

Casualidades de la vida, a continuación recibo mensaje de mi amiga enfermera. Ya ni le pregunto cómo está porque no está. Está, pero como si no. Ahora tendrá dos días de descanso que tienen que servirle, dice, para coger fuerzas de cara a este sprint final de una carrera que algunos creen que ya se ha acabado. Y no. Pero no me habla de ella sino de su hermana. Dirige un centro ocupacional para discapacidades intelectuales, a los que ella llama "sus niños". Me explica que estos días está muy preocupada porque algunos viven con padres muy mayores y hay situaciones muy complejas. Y me explica historias que dan ganas de llorar.

El coronavirus no sólo mata en silencio sino que, también en silencio, nos señala la parte de nuestra sociedad que nunca miramos porque no nos gusta. Está allí, sí, pero mejor contemplar otros paisajes, ¿verdad? Los de las segundas residencias, por ejemplo. ¡Hooombre, si además es Semana Santa! Y aunque estemos confinados, ¿por qué renunciar a lo que nos gusta? ¿Verdad que nos creemos que no somos pobres, ni estamos enfermos, ni somos débiles y que somos unos campeones? Pues va, familia, en el apartamentito falta gente. ¡Y a los pobres, que les den! Si es que, además, están todos enfermos y se moriran igual...