Alguna cosa ha sucedido en la edición de este año del programa creado para escoger la canción que representará TVE en el festival de Eurovisión. Desconozco cuál es (la cosa, la canción ya sí), pero hacía años que no oía hablar tanto de este concurso. Han sido horas y horas de información, que si Rigoberta, que si unas gallegas, que si el feminismo, que si una teta... ¡Y en Benidorm! Varios periodistas entregados a la causa como si fuera un Barça-Madrid o las elecciones americanas y ministros, consellers y políticos diversos hablando de ello en sus redes sociales como si fuera una cuestión de estado. Y lo que más me ha sorprendido ha sido el tratamiento de la CCMA, o sea, TV3 y Catalunya Radio. La radio pública catalana ha hablado del tema extensamente en sus programas y la elección de la canción que representará España en el festival este domingo ha sido uno de los titulares del TN del mediodía. Y la sorpresa es porque se trata de un concurso organizado por una cadena rival, y hablar de la competencia no es nada habitual.

He estado preguntando a gente que ha seguido todo el montaje los motivos de su interés y la mayoría me han explicado que lo han hecho porque les ha entretenido. Bien, sí, después de los dos últimos años de nuestras vidas, es normal buscar ocio y cosas "ligeras" como un concurso de canciones. Pero, ¿por qué ha enganchado precisamente esta opción y no ninguna otra? ¿Qué ha pasado? ¿Qué ingredientes ha tenido que lo han convertido en un éxito de audiencia y de comentarios en las redes? ¿Estamos ante una obra de laboratorio con ingredientes muy pensados o ha sido una casualidad que los organizadores han sabido aprovechar cuando han visto el crecimiento del fenómeno? Eurovisión no me ha interesado nunca nada y es de los espectáculos que más me aburren de los que más me aburren. De hecho, no he visto nunca enteras ni las votaciones, pero me interesa mucho saber qué ha sucedido este año. Porque este éxito repentino y muy por encima de las expectativas quiere decir alguna cosa. Porque fenómenos así señalan una tendencia y expresan cómo respira una parte de la sociedad.

Pero esta vertiente lúdico-festiva duró hasta el sábado por la noche y de desvaneció justo instantes antes de saber qué artista era la elegida. Porque una vez sabido el resultado, el debate pasó al ámbito de la acusación de pucherazo y de tongo y a la indignación. Que si se despreciaron los votos de los espectadores, que si el jurado oficial votó lo que ya estaba decidido a priori, que si la decisión fue política... Y este domingo por la mañana me encuentro con lo que escribía el abogado y productor musical Josep Manuel Silva en su cuenta de twitter: "¿Quién hay detrás de Chanel? (que es la cantante ganadora del concurso de selección). Pues un productor americano de Chicago que ha trabajado con Madonna, Black Eyed Peas o Britney Spears. También Leroy Sanchez que compuso "Me Quedaré" canción que representó España en Eurovisión con Blas Cantó y... Maggie Szabo, una cantante y compositora canadiense de soul y pop. Así funciona este negocio. Channel no es autora de su canción. Es un buen producto pensado para #Eurovision2022. Los que ganan dinero de verdad en Eurovisión son los autores de las canciones, por derechos de autor. Por eso no han ido ni Rigo (Rigoberta Bandini) ni las gallegas (el grupo Tanxugueiras), autoras de las canciones. Va así. Y sé muy bien cómo funciona. Lo que es importante no es ganar sino generar derechos para los autores. La decisión del jurado no es gratuita cuando los espectadores apostaban claramente por las gallegas o la catalana. Siempre es lo mismo. En fin, nada es casualidad".

Y seguidamente leo la pieza que publicaba Arnau Vila en ELNACIONAL donde explicaba que la ganadora, Chanel -y con raíces catalanas-, es muy amiga de una de las miembros del jurado. O sea, que al final ya lo tenemos todo: espectáculo, rivalidad, polémica, injusticia y el descubrimiento de que el entretenimiento también es un negocio que responde a intereses económicos de quien controla el show. Vaya, vaya, pues mire, no lo hubiera dicho nunca...