¿Recordamos tres noticias de los últimos dos días y que tienen que ver con la salud mental?

1/ La Asociación contra la Anorexia y la Bulimia ha alertado del aumento de estos trastornos durante el último año entre jóvenes y adolescentes. Pero también cada vez entre más niños. Y ha dado cifras de los últimos tres meses. En relación al mismo periodo del año pasado han recibido un 179% más de consultas por correo electrónico, un 52% más de llamadas telefónicas —unas 10 diarias— y han aumentado en un 63% las visitas personalizadas a afectados y a padres.

2/ El próximo lunes no, el siguiente empieza en la capital catalana la 080 BCN Fashion, que traducido es la semana de la moda de Barcelona. Mire que ha habido debates, y compromisos, y acuerdos para erradicar de la moda imágenes de modelos con un peso... digamos... ¿escaso? Sobre todo porque este mundo tiene mucha influencia en una parte de la sociedad con predisposición a sufrir graves problemas alimentarios. Pues bien, mírese la primera foto de promoción:

3/ El doctor Oriol Mitjà se va a presentar su libro a Ca la Gemma Nierga (Café d'Idees.TV2 y Radio 4) y habla abiertamente de la depresión que sufre. Y es noticia porque es una de aquellas cosas que cuesta mucho ver. ¿Por qué? Por miedo, por vergüenza o por lo que sea...

Todavía hoy no sabemos ni cuándo ni cómo terminaremos con esto de la Covid. Lo que parece claro es que, aparte de las consecuencias en la salud física de mucha gente, como sociedad tendremos que afrontar dos grandes —y graves— crisis: la económica y la mental. La primera se puede resolver —más o menos— a medida que recuperemos la actividad. Costará, pero la gente se buscará la vida como podrá e irá tirando. La segunda es más jodida. Porque la mayoría de veces no se ve. Quien "está loco" no sólo sufre estigma y rechazo, sino que ni siquiera se considera que sea un enfermo que necesita una atención. E ir al especialista muchas veces es estar "cargado de puñetas". Eso complica muchísimo poder afrontarlo. Y, por lo tanto, resolverlo.

Fíjese en que a raíz de la pandemia se reclaman más inversiones en hospitales y UCIs, pero ni los que administran ni la opinión pública hablan de dotar económicamente la prevención y tratamiento de unas enfermedades mentales que aumentan sin cesar. Y una cosa que los expertos están detectando en los más jóvenes —adolescentes, pero también chiquillos de menos edad—, aparte de unas anorexias que cada vez cuestan más de superar, son más casos de pensamientos suicidas. No hay datos porque estas cuestiones también son tabúes, pero si habla con cualquier especialista, pida que le explique qué se encuentran últimamente en las consultas. Y no estamos hablando, precisamente, de casos que se produzcan en familias "desestructuradas".

Visto desde fuera, todos lo tenemos todo. Con una tarjeta de crédito y una cuenta de Amazon somos los reyes de la creación. Y realmente no tenemos nada. Venimos de un mundo donde, no hace mucho, la desaparecida Caixa Catalunya vendía sus créditos al consumo con la frase "Veo, quiero, tengo". Y no, la vida no va así. Todo es muy complejo y nunca aprendes lo suficiente como para conseguir gestionarla al 100%, pero en otros momentos era más sencillo trampear la montaña rusa. El mundo de ahora mismo nos lo pone todo todavía más difícil a base de inculcarnos unos valores vacíos por dentro y de inyectarnos una presión que nos revuelven el cerebro. Es la insatisfacción permanente por unas expectativas innecesarias que nunca te harán feliz y que te llevan a un callejón sin salida que te acaba explotando por alguna parte.

Los efectos ya están aquí. Y quizás deberíamos empezar a espabilar. Porque la siguiente pandemia será esta y para esta no hay una vacuna que se inyecta y adiós.