Tan sólo 24 horas después de que Artur Mas lanzara en el consell nacional de Convergència un mensaje tranquilizador a los cuadros del partido respecto a la evolución de las conversaciones con la CUP para la elaboración de un programa de transición nacional, la formación de un nuevo gobierno y la investidura de un president de la Generalitat, el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, terció en el debate con una propuesta robada a Unió, fuerza hoy extraparlamentaria: una gran coalición por el seny. Iceta, un político avezado en mil batallas, sabe del escaso recorrido de su iniciativa. Pero también conoce la inquietud de una parte de los votantes de Junts pel Sí por los acuerdos que Mas y Junqueras puedan alcanzar con la CUP.

No deja de ser curioso que en este zoco que muchas veces es la política no sólo se roben políticos y lemas electorales sino también el alma en el sentido más metafórico. “Seny, seny, seny” predicaban con fuerza durante la campaña Espadaler, Duran y otros dirigentes de Unió. Los votos obtenidos no dieron para ningún parlamentario en la Cámara catalana y los socialcristianos se aprestan a iniciar una travesía del desierto que no se presupone corta. A menos que el próximo gobierno que se configure en Madrid no ofrezca a Unió su incorporación al margen de su representación en el Parlament –inexistente– y en el Congreso –muy difícil– y por esta vía recupere parcelas de poder.

El tanteo de Iceta tiene también destinatario en el espacio unionista ya que le sitúa en una posición central ante Ciudadanos y aleja hacia los extremos al PP y a Catalunya Sí que es Pot. El primero por su esclerosis para hacer propuestas que vayan más allá de sí mismo y el segundo por la evidente crisis de identidad entre Podemos, ICV e independientes de izquierdas. En este batiburrillo, Iceta se mueve bien y el PSC puede volver a robarles la cartera a los de Pablo Iglesias y, quién sabe, si aportar los escaños que necesitará Pedro Sánchez para llegar a la Moncloa.