La guerra contra las insidiosas garras demócratas del impostor Biden nos espolea a levantarnos, a nosotros hijos de la Luz, contra esta vergüenza. La ignominia es que Joe Biden sea el nuevo presidente de los EE.UU. Estas frases forman parte de la retórica que utilizan unos pequeños grupos (afortunadamente ínfimos, pero peligrosos) encabezados por el vengativo arzobispo Viganò en los EE.UU. Viganò es un personaje ávido de poder, herido y apartado por lo que considera un falso Papa, es decir, por el actual líder de la Iglesia Católica, Jorge Bergoglio. Él es uno de los personajes públicos que más ha clamado a favor de Donald Trump y en contra del Papa.

El fanatismo, hermano del fundamentalismo es la alfombra sobre la cual se ha cocido este enfrentamiento con un resultado que no quieren aceptar

Los partidarios radicales de Trump no son descerebrados desorganizados, sino que muchos de ellos son obedientes fieles de asociaciones ultrafanáticas. Las religiones tienen el riesgo de la deriva interna, y ninguna de ellas está exenta, tampoco el pacífico budismo. Los fanatismos ocupan varios volúmenes en el espléndido estudio del experto Scott Appleby (Fundamentalism Project), a quien conocí en Ancona hace años y me decía: "Miriam, todos podemos ser fanáticos de cualquier cosa, protejámonos porque lo que a ti te hace bien, puede acabar siendo letal". El fanatismo, hermano del fundamentalismo es la alfombra sobre la cual se ha cocido este enfrentamiento con un resultado que no quieren aceptar. El ataque al Capitolio es una insurrección cocinada a fuego lento, y hay algunos instigadores con nombres y apellidos. Uno de ellos es el político Stephen K. Bannon, exasesor de Trump, exdirector de Breitbart News y mecenas del muro entre los EE.UU. y México, entre otras perlas.

Bannon ha publicado, tres días antes de los hechos en Washington, una larga entrevista al arzobispo polémico y radicalizado Carlo Maria Viganò, el mismo que hace campaña contra el Papa Francisco y que reza por Trump. Todo el mundo puede rezar por quien quiera. Trump tiene votantes sensatos, y tiene seguidores dentro de las filas de varias religiones. Sin ser él católico (Biden en cambio lo es), cuenta con la bendición de muchos católicos que lo ven como un fiel defensor de los valores que dicen promover. La entrevista no habla de estos, sino de los radicalizados.

La entrevista del política exasesor de Trump, Steve Bannon, al exnuncio Viganò es un panfleto de seis páginas, que después de escribir este artículo borraré de mi ordenador, no vaya a ser que el veneno que contiene se extienda y anule los otros documentos que tengo custodiados. Desprende un odio visceral y atávico, con frases dignas de los fariseos más recalcitrantes, que por fuera se dicen puros y por dentro mejor no hacerles ningún scanner.

Los partidarios radicales de Trump no son descerebrados desorganizados, sino que muchos de ellos son obedientes fieles de asociaciones ultrafanáticas

En la entrevista Viganò dice: "Claro está que Bergoglio considera a Trump su principal adversario, el obstáculo que debe desaparecer a fin de que el Gran Reset se ponga en marcha". Tenemos por una parte la administración Trump, que está alineada con los valores tradicionales que comparten los católicos. Por otra, tenemos a Biden y el estado profundo (deep state) con una agenda perversa, antihumana, anticristiana e infernal. A los que luchan con coraje por defender los derechos de Dios, de la Nación y de la Familia, Dios les asegura su protección". Viganò, con esta instigación a la lucha y a la confrontación, ha sido un elemento más en la creación del hummus de la insurrección. Las palabras no son inocentes, ni los partidarios de Trump en el Capitolio se han autoenviado a la lucha. Hay alguien que mueve los hilos, y no lo hace angelicalmente. Y esta no es una batallita interna eclesial, sino una dramática situación que ya ha dejado muertos. El peligro viene de los extremos. Y la gente se posiciona en los extremos porque no ve un punto medio dónde descansar. Alguien tendría que pensar y cultivarlo más.

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