Extremadura lo anticipó y Aragón lo ha confirmado. La dirección nacional del PP decidió un carrusel electoral autonómico para sacudirse a Vox e ir hundiendo al PSOE en comunidades donde tenía imposible ganar. No estaba escrito que los malos resultados socialistas se instalaran en hundimientos históricos. Antes de profundizar en la crisis subterránea del PP, vayamos a la del Gobierno. La izquierda se va despidiendo del poder. Demostrando que la marca PSOE está desgastada en un ciclo que no es ajeno a Pedro Sánchez. Extremadura tenía un mal candidato (un pato cojo) y Castilla y León tiene uno desconocido. Aragón se ha estrenado con la estrategia de mandar ministras y todo indica que a María Jesús Montero le irá peor que a Pilar Alegría. En cualquier fórmula, no funcionan las siglas, ni los candidatos orgánicos ni del Gobierno.

Sánchez pretende encapsularlo en derrotas individuales. La realidad es que no son alternativa de gobierno ni pueden absorber el desgaste y la fragmentación a su izquierda. El PSOE ya no es dique de Vox y están a menos distancia de Santiago Abascal que del PP, donde los separan casi veinte puntos en Extremadura y diez en Aragón. 

Alberto Núñez Feijóo está centrando las campañas en “enterrar el sanchismo” sin conectar con el estrés social

Ya no funciona el “voto del miedo” para el PSOE, y tampoco el de la gestión para el PP. La crisis de los populares es profunda y silenciosa. En Extremadura y Aragón bajan en votos y el resultado de Jorge Azcón (dos escaños menos) evidencia la incapacidad de leer el momento político. Toda la energía del cambio de ciclo la absorbe Vox. La estrategia de los conservadores no es fácil, pero está claro que no es la actual. Alberto Núñez Feijóo está centrando las campañas en “enterrar el sanchismo” sin conectar con el estrés social. El PP copia la estrategia a su derecha. Moviéndose en debates como el migratorio o el de vivienda y llevando a Vito Quiles o Los Meconios al cierre de campaña de Azcón. Legitimando así el marco de Vox, donde solo gana Vox.

A Vox le favorece haber roto los gobiernos con el PP y no dar cuentas de ninguna gestión. Pero ha conectado con las coordenadas políticas (más bien antipolíticas) y está ampliando su base electoral. Solo tiene dos diques: las mujeres y los pensionistas. El resto lo tiene.

Santiago Abascal está dirigiendo cada campaña autonómica sobre el terreno. Con actos en el interior y áreas metropolitanas. La agenda no es solo la antimigratoria, contra las mujeres o el negacionismo en bruto del cambio climático que tanto rechazo despierta. El candidato ultra Alejandro Nolasco, en su primera entrevista en medios de este lunes en Espejo Público, destacaba el imposible acceso a la vivienda, el estado de las carreteras o las listas de espera en Sanidad y los impuestos disparados. La lepenización social de Vox les funciona y cala en clases medias y obreras. Cuando un partido supera el 17%, ya no es un nicho. La diferencia con Podemos es que el socio del PP no ha venido a cogobernar, sino a sustituirle. Con la vista puesta en 2031 y una corriente y financiación internacional a su favor. El PP sigue instalado en legitimarla para poder gobernar con ellos sin percibir que ya no es el Vox de 2019, es un partido que puede sustituirle o fagocitarle desde dentro, como le ha ocurrido al Partido Republicano con Donald Trump.  

Aragón también ha acelerado la unidad de la izquierda impulsada por Gabriel Rufián. Una propuesta confusa, desconcertante y con pocas posibilidades de salir. Los portavoces oficiales de cada organización lo han rechazado en público. ERC ha confirmado que se presentará con su marca. Arnaldo Otegui ha dicho lo propio por Bildu. A Antonio Maillo, de IU, no le gusta la fórmula ni los “fulanismos”, en referencia a los hiperliderazgos de la horma de Rufián. La ministra Mónica García, lideresa de Más Madrid, lo acepta como debate, pero no como plataforma electoral. El mediático diputado madrileño Emilio Delgado, también de Más Madrid, presentará el acto con Rufián el 18 de febrero sin aclarar si aceptaría a Irene Montero al frente de ese supuesto movimiento. Podemos va por libre, pero opera con Rufián sin ser consciente del rechazo que despierta en el resto de marcas. De momento, mucho ruido y un plan con muchas dificultades de aterrizar en nada a corto plazo.

Si el PSOE y el PP no despiertan del letargo bipartidista, el primero se quedará atrapado en la oposición y Feijóo llegará a un gobierno con más debilidad de la que puede imaginar. Castilla y León, por su ADN electoral, puede ser el aldabonazo definitivo para ambos.