Está oscuro. Somos muchos, pero el calor humano ni se nota, con el aire acondicionado a unas temperaturas insostenibles. Sólo siento el roce difundido de aquel que busca asiento y va rozando las piernas de otros mientras se disculpa susurrando. Me siento mejor en una silla incómoda, como todo el mundo de mi alrededor. Intento disimular el cansancio mientras sorbo sin hacer ruido mi café en un vaso inmenso. En teoría, todos tendríamos que fijar la atención en una pantalla gigante blanca con letras, pero no se mueven, y la mirada humana es inconstante. Miro el libro que tengo en el regazo y leo el título que ayer noche subrayé. Me interesa, sí. Entonces, el foco de luz cambia sutilmente el ángulo y enfoca a una mujer menuda y enérgica en el atril. Atención...

No estoy en el cine. Estoy en una de las sesiones más multitudinarias de un congreso en los Estados Unidos con más de 11.000 asistentes de todo el mundo. La conferenciante, una científica de Japón, expone los últimos resultados sobre terapia celular utilizando células madre pluripotentes inducidas (IPSCs), extraídas de los mismos pacientes, con el fin de tratar la distrofia macular asociada a la edad (DMAE), una enfermedad que causa la pérdida de la visión a un número bastante elevado de personas mayores. Mi cansancio se desvanece. Presenta el que los científicos denominamos una "prueba de concepto" (proof-of-concept), los resultados de la terapia celular de una única paciente, una mujer de 70 años que sufría DMAE, y a quien ya hace más de tres años le extrajeron células de la piel (fibroblastos). Estas células fueron desdiferenciadas (volviéndolas pluripotentes) en una cápsula de Petri en el laboratorio, y reprogramadas de nuevo hacia un tipo celular que se encuentra en la retina, las células del epitelio pigmentario (tal como explicamos la semana pasada). Ahora bien, los investigadores las hicieron crecer sobre una matriz orgánica con forma de tirita, la cual fue introducida quirúrgicamente en la retina de la paciente en el lugar donde su epitelio pigmentario estaba estropeado, con el fin de intentar repararlo con sus propias células de la piel, ahora transformadas en células retinales. Talmente como cuando nos cortamos y ponemos una tirita para cerrar la herida y regenerar, sólo que en este caso, la tirita es permanente. Según el informe clínico, la paciente ahora ve con más claridad (dato subjetivo), pero lo que realmente demuestra que la terapia ha funcionado es que no ha perdido más visión (dato objetivo), como sí que ha pasado en el ojo que no recibió terapia.

Las células iPSCs permiten comprender enfermedades genéticas y abordar la regeneración con terapia celular

Aquí tenemos que hacer una pequeña explicación para entender este "pequeño gran milagro". Hace falta explicar que la retina está formada por muchos tipos diferentes de neuronas, aunque las más especializadas son los fotorreceptores, los cuales reciben el estímulo luminoso y lo convierten en señal nerviosa, que llegará hasta el córtex cerebral donde será integrado en forma de imágenes. Los fotorreceptores son extremadamente sensibles y necesitan células nutritivas y protectoras, trabajo a cargo de las células del epitelio pigmentario. Igual que un bebé necesita que lo mimen y lo cuiden para poder sobrevivir, los fotorreceptores de la retina necesitan que las células del epitelio pigmentario la cuiden. Cuando los fotorreceptores no pueden ejecutar correctamente su función, o cuando el epitelio pigmentario no las puede proteger (sea por mutaciones genéticas o por edad), se estresan (ains, el estrés...) y acaban muriendo. Pero, ¡ojo!, si perdemos fotorreceptores, nos volvemos ciegos. Y eso es así porque, aunque muchos de nuestros tejidos tienen células madre capaces de regenerar, las neuronas de nuestro sistema nervioso no lo pueden en absoluto hacer y, si mueren, no tienen recambio. Por lo tanto, la muerte de las neuronas de la retina, sea por la razón que sea, causa ceguera.

Tenemos buenos grupos de investigación que trabajan en nuestro país y que sobresalen en la investigación de células IPSCs

Esta terapia relativamente efectiva fue publicada a finales del mes de marzo en una revista científica médica muy prestigiosa. A pesar de no presentar una mejora espectacular (tampoco se puede considerar una cura definitiva), y que se trata de una metodología especialmente costosa (en dinero, y también en tiempo y esfuerzos que tienen que invertir los investigadores para mantener sanas y salvas las células IPSCs) y, por lo tanto, inaplicable de entrada para curar miles de enfermos, es un hito destacable, una terapia celular realizada a pacientes humanos utilizando células madre pluripotentes inducidas extraídas del mismo paciente y que haya funcionado sin causar ningún tipo de rechazo ni, de momento, ningún efecto secundario. Me juego una merienda que no lo sabíais. Pues bien, este trabajo, realizado con cuidado, bien planteado y bien ejecutado, con todos los controles necesarios y firmado con colaboración con el mismo Yamanaka (sí, el del Premio Nobel), pasó desapercibida para los medios de comunicación, mientras que acaparó toda la atención un artículo publicado el mismo día en la misma revista (un hecho que los científicos denominamos back-to-back papers), en el cual se explica cómo una clínica oftalmológica reconocida denunció que hasta tres pacientes se quedaron ciegos después de que una clínica de Florida con técnicos torpes y, claramente, con nulos conocimientos científicos pero elevados intereses crematísticos, les inyectaran directamente dentro del ojo, a grosso modo, células madres extraídas de la grasa de la piel. Sin desdiferenciar, sin volver a diferenciar, sin mirar el porqué ni cómo. ¡Anda! Eso no es un tratamiento terapéutico, es engañar malintencionadamente la gente para enriquecerse. En la misma revista, resultados totalmente contradictorios. Unos nos estimulan y esperanzan, los otros nos inquietan y nos hacen enfadar.

La investigación genera avances importantes, pero también comporta nuevas cuestiones bioéticas que tenemos que abordar como sociedad

Una praxis clínica nefasta hace más ruido que el trabajo bien hecho, pero eso no es culpa de las células madre. El problema, a veces, es la extraña dicotomía con que recibimos las noticias científicas. Como sociedad, basculamos entre las expectativas exageradas ante los nuevos avances científicos (lo podremos curar todo muy pronto y vivir todos más de 100 años...) y el escepticismo morboso, sobre todo cuando hay fracasos (ya te lo decía yo, demasiado bueno para ser verdad..), sin mirar que la investigación avanza de forma racional y que, sobre todo las terapias, tienen que avanzar poco a poco para asegurar cada paso. En muchos casos, surgen nuevas cuestiones bioéticas, que hay que resolver, y se necesita nueva legislación, que no existe todavía. Y nos tenemos que concienciar como sociedad de hacia dónde queremos ir y cómo lo queremos regular. Sin investigación no hay progreso y, sin progreso no hay futuro. Las células madre formarán seguro parte de este futuro, pero todavía tardaremos un tiempo en tener tiritas con células madre para regenerar. Paso a paso.

Antes de acabar, no quería olvidarme de los muchos y buenos grupos de investigación que trabajan en nuestro país y que sobresalen en la investigación de células IPSCs, tanto para comprender la causa molecular de muchas enfermedades genéticas poco frecuentes, para estudiar enfermedades neurodegenerativas, como para buscar terapias efectivas para muchas enfermedades, incluso combinando terapias celular y génica. Pero sus esfuerzos y avances merecen un artículo especial, lo dejaremos para otra ocasión.

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