Cuando era muy jovencita, leía a todas horas y "devoraba" cualquier libro que me llegaba a las manos. Así, no es de extrañar que cuando a mi hermano mayor le tocó estudiar la Odisea, yo acabara heredando el libro y lo releyera varias veces, seducida por la mezcla de literatura, mitología y unas gotas de historia. Quizás por eso, cuando oigo decir Méntor (una palabra que ahora vuelve a escucharse mucho para nombrar a las personas con experiencia que ayudan y aconsejan a una más joven en su camino dentro de una empresa o dentro de la ciencia), siempre pienso en su inseparable discípulo, Telémaco. Porque en la historia de Ulises, Méntor es el adulto entrenado y reflexivo, el sénior que acompaña y aconseja, el maestro-amigo que enseña cuáles son los obstáculos y dificultades, cómo enfrentarse a los problemas y tener prioridades, cómo crecer con los fracasos y no morir de los éxitos. Y eso es relevante porque hablar de Méntor no tiene sentido si no lo acompaña Telémaco, uno y el otro se dan sentido mutuamente. Y eso es cierto en ciencia, está claro, pero también en cualquier trabajo o profesión, seas médico, panadero, emprendedor, abogado, artista, albañil o profesor.

Así, pues, cuando esta semana en nuestro departamento de la Universitat de Barcelona, celebramos el día de los estudiantes de doctorado o PhDDay, una actividad organizada con gran éxito por los mismos estudiantes —donde los protagonistas y actores son los científicos jóvenes, y los directores de tesis y científicos con experiencia somos invitados—, me vino a la cabeza lo importante que es tener un buen mentor en la vida, y el difícil pero extremadamente satisfactorio reto que supone hacer de mentor. De hecho, hay numerosos artículos sobre la mentoría (mentoring, en inglés) e, incluso, cursos en instituciones reconocidas para formar mentores "de calidad". Esta generalización de darnos cuenta de la relevancia de los mentores en cualquier carrera profesional y científica no nos tiene que hacer perder de vista que estamos hablando de una relación dual, que necesita también un interlocutor que reciba, reinterprete y a su vez transfiera la experiencia y los conocimientos que les transmitamos.

Una de las charlas en esta actividad de los estudiantes fue la de una exdoctoranda mía que ahora trabaja en una empresa, en la que explicaba el salto entre el mundo académico y el mundo empresarial. Me pidieron que la presentara al público, y recordé la llamada que me hizo quien ahora es su nuevo jefe en el trabajo, con el fin de pedirme referencias, y la conversación que mantuvimos sobre cuáles son las calificaciones que nos interesan en las personas que incorporamos a nuestro grupo de trabajo. Y este justamente es el tema que hoy quería desarrollar, ya que he hecho una lista de aquellas características que yo, como mentora, considero que son muy importantes en mis telémacos... y creo, sin equivocarme mucho, que coinciden con los que son también requisitos para conseguir un trabajo. No hay que tener todas las cualidades, no todos somos iguales, pero sí un buen puñado. Pienso que si la gente joven tuviera más claro qué pedimos a los miembros de nuestro equipo, irían mucho mejor preparados a las entrevistas de trabajo, porque no todo son los méritos curriculares. Así que, estudiantes y gente joven, abrid los oídos.

No tenemos que perder de vista que estamos hablando de una relación dual, que necesita también un interlocutor que reciba, reinterprete y a su vez transfiera la experiencia y los conocimientos que les transmitimos

1) Motivación. No se puede trabajar a pleno rendimiento si no estás motivado. En ciencia, la motivación es imprescindible, pero lo es en muchos otros trabajos. ¿Es que alguien puede ser un buen maestro si no le gusta enseñar? ¿Puedes ser una buena enfermera si no te motiva el bienestar de la gente? Y así iríamos diciendo... Trabajamos muchas horas y si no nos motiva el trabajo, difícilmente nos sentiremos satisfechos y disfrutaremos de los esfuerzos para obtener resultados.

2) Colaboración y trabajo en equipo. Genios individuales hay muy pocos, y la ciencia hoy día no puede progresar sin la cooperación de un equipo, o de varios equipos. Y una empresa también es un trabajo en equipo. Sin buena dinámica de grupo no se pueden realizar grandes avances.

3) Capacidad crítica. Ante cualquier situación, hace falta que nos demos cuenta de cuáles son los puntos débiles y cuáles los fuertes; no para criticar, sino para saber actuar. Ser un "troubleshooter", o abogado del diablo, es una excelente actitud siempre que vaya acompañada de la siguiente cualidad:

4) Tener recursos. Cualquier actividad humana, la científica también, tiene múltiples situaciones en las que nos enfrentamos con problemas, dilemas y situaciones complejas. Hay gente que sólo ve los problemas y hay que buscan soluciones. Busquemos soluciones.

5) Persistencia. No es sólo necesario saber trabajar mucho, sino saber persistir cuando toca. La satisfacción por el trabajo bien hecho es una gratificación diferida. Invertimos tiempo y esfuerzos confiando ver el resultado. Si nuestros objetivos son claros, hay que persistir.

6) Creatividad. Es evidente que hace falta tener un poco de imaginación y ser capaces de buscar vías alternativas cuando no encontramos la salida. Incluso, podemos ser creativos en la manera como hacemos las cosas o dar un poco de color a la mesa de trabajo, el placer estético nos permite convivir con la realidad.

7) Tener coraje y ser capaces de tomar riesgos. Riesgos calculados, si queréis, pero los caminos fáciles no llevan muy lejos. Hay que plantearse nuevas preguntas y nuevos retos, y no caer en el "siempre se ha hecho así".

Ninguno de los grandes avances científicos es sólo "mío" o sólo "tuyo", es "nuestro", de toda la sociedad

8) Capacidad de comunicación. En ciencia eres lo que eres porque puedes comunicar y transmitir los resultados para que otros puedan crecer y construir. Sea oralmente, por escrito, en persona, hay que saber encontrar la manera de expresarnos y que nuestro mensaje llegue. La capacidad de explicar en 10 minutos el trabajo de tres años y transmitir lo más importante. Eso no tiene precio.

9) Saber escuchar y tener ganas de aprender. Nadie tiene ciencia infusa ni nace sabiéndolo todo. Para cada trabajo y cada tarea, tenemos que escuchar a los que saben y tenemos que aprender para seguir construyendo el edificio de la ciencia. O para hacer mejor nuestro trabajo, hacemos lo que hacemos. No tenemos que perder nunca las ganas de aprender.

Y por último, pero no menos importante; de hecho, es requisito indispensable:

10) Integridad y respeto. Todas las actividades humanas, pero la ciencia más, necesita la confianza mutua entre el mentor y el estudiante. Depositas la confianza y el respeto. Por eso nos duelen tanto las acusaciones de plagio, o de manipular resultados, o de comunicar sólo las medias verdades y amplificar las medias mentiras, como en las pseudociencias. Hay que ir con mucho cuidado, porque la reputación y dignidad adquiridas con años de sudores y esfuerzos se pueden ir al garete con un único estudiante que malbarate los resultados del grupo. Y viceversa, un mentor resentido puede acabar con la carrera de un joven que se inicia.

Acabaré con una reflexión en el editorial de la revista Science de esta semana, en la que enfatiza la relevancia en la ciencia del trabajo en colaboración, y del apoyo a los científicos por parte de las instituciones universitarias y centros de investigación: ninguno de los grandes avances científicos es sólo "mío" o sólo "tuyo", es "nuestro", de toda la sociedad. Y nos corresponde, como sociedad, defender activamente las instituciones que permiten que la ciencia y el conocimiento avancen... méntors y telémacos.

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Gemma Marfany
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