Todos nos ayudamos de un calendario para planear qué haremos cada semana o mes del año, pero los que tenemos trabajos que no están relacionadas con el medio natural no somos del todo conscientes de la relevancia del paso de las estaciones. ¿Cuántos de nosotros hemos prestado atención al hecho de que acabamos de pasar el equinoccio de primavera? Muy diferente lo ven los campesinos, a quienes las condiciones meteorológicas cambiantes de cada estación determinan sus actividades en el campo, y de otras profesiones que, directa o indirectamente, se ven afectadas por estos cambios. Entre estas profesiones está las de los médicos.

Ya Hipócrates, el médico griego que se considera el padre de la medicina moderna, escribió en uno de sus numerosos tratados médicos titulado Epidemia (en el que se refería a las enfermedades que afectaban "a toda la gente") comentaba que había enfermedades que eran más frecuentes en lugares particulares, en periodos de tiempo y estaciones determinadas. Con su talante empírico y observador, ya se dio cuenta de que había una estacionalidad en las enfermedades que afectan a mucha gente. Podríamos decir que se puede establecer un calendario de las epidemias. La varicela es más frecuente en primavera, la polio se extendía más rápidamente en verano, hay un repunte importante de sarampión en otoño, y en los primeros meses del año son mucho más frecuentes los casos de gripe. Por eso se llama gripe estacional, porque es mucho más frecuente en invierno y, por eso también nos vacunamos anualmente contra la gripe hacia el final del otoño.

Desafortunadamente, este tema se ha puesto de moda a causa de la pandemia del coronavirus Sars-Cov-2 que tanto nos está afectando a todos, como personas y como sociedad. Debéis haber oído decir que podría ser probable que la llegada del calor nos ayude a combatir la propagación de la infección, pero lo cierto es que no lo sabemos todavía, porque este coronavirus es nuevo y todavía no conocemos los patrones de infección, ni los patrones estacionales ni de mutación molecular, ni de generación de inmunidad en el huésped (nosotros). Muchas infecciones vienen, repuntan y se desvanecen, ¿por qué no la Covid-19? Tendremos que esperar para saberlo a ciencia cierta.

¿Cómo podemos explicar estos cambios estacionales de las enfermedades infecciosas? En estudios hechos en el Reino Unido sobre virus que causan afectación de las vías respiratorias, entre los cuales encontramos adenovirus, rinovirus, virus de la gripe, coronavirus (diferentes de los que causa la COVID-19) muestras obtenidas de más de 52.000 pacientes, han llegado a la conclusión de que la estacionalidad de las infecciones parecería depender de la meteorología y de las características particulares de los diferentes virus. Los hay que tienen una cubierta de proteínas, más estable, que les da igual tanto el calor como el frío o los diferentes niveles de humedad, y presentan niveles elevados de infectividad todo el año. En los casos de virus que tienen también grasas en su cubierta, suelen ser más inestables en periodos de calor y sensibles a las variaciones en la humedad ambiental.

Uno de los estudios más completos que se ha hecho desde un punto visto epidemiológico, es la pandemia mundial de la gripe española el año 1918. En un solo año se infectaron un tercio de todas las personas por todo el mundo, con un cálculo aproximado de entre 50-100 millones de defunciones. Esta pandemia, de ahora ya hace un siglo, fue causada por un virus de gripe A, muy probablemente procedente de un pato (las aves son reservorios de virus de la gripe), que al cambiar de huésped mutó, haciéndose más virulento para los humanos. En esta pandemia, muchos infectados sobrevivieron, pero algunos manifestaron complicaciones respiratorias graves, y desarrollaron neumonías severas en una época en que no había antibióticos. Aunque ha costado mucho obtener muestras de virus de la época, a partir de biopsias de anatomía patológica de 1918 guardadas a hospitales de los Estados Unidos y Reino Unido, y de una persona que murió de la gripe conservada accidentalmente en permafrost en Alaska, pudieron conseguir secuenciar totalmente su genoma de ARN (el ácido nucleico que lleva la información genética del virus de la gripe). Curiosamente, los científicos no han podido detectar mutaciones sustancialmente diferentes de los que pueden presentar los virus de la gripe estacional de hoy día y que puedan explicar el porqué de una pandemia tan generalizada.

Hay científicos que trabajan para averiguar cómo y por qué hay épocas más favorables para la propagación de un tipo de infecciones más que de otros, ya que no están sincronizadas por todo el mundo sino que, como decía a Hipócrates, son específicas de sitio y de tiempo. Es evidente que intervienen factores geográficos y climáticos, ecológicos y de comportamiento de los huéspedes que pueden ser reservorios de virus, bacterias o parásitos, y también de la biología y comportamiento humanos. Por ejemplo, los mosquitos (que son vectores transmisores de muchas enfermedades, desde la malaria, al dengue, la fiebre amarilla, o el Zika) necesitan charcos de agua estancada para poner huevos. En épocas de humedad es más fácil que puedan transmitir la enfermedad y causar epidemias. Igualmente sucede con los murciélagos, que tienen épocas de cruce y de cría, en el que maximizan su movilidad e incrementa mucho la probabilidad de que los virus que llevan (son reservorio natural) puedan infectar a los humanos. Parece que las costumbres humanas también son relevantes, y el inicio del otoño suele coincidir con repuntes de infecciones víricas que los niños y niños se transmiten en la escuela. Como os podéis imaginar, tener este calendario de epidemias es muy relevante para planificar un calendario de vacunaciones bueno y efectivo.

Justamente estas semanas se acaba de publicar un artículo sobre una de las científicas que trabaja con la estacionalidad de las epidemias y ha hecho un calendario de hasta 68 enfermedades infecciosas diferentes. El artículo hace un apunte muy interesante y es que se tiene que ser muy cuidadoso cuando se hacen inferencias sobre la razón de la estacionalidad de una infección u otra. Podemos encontrar correlaciones falsas. Por ejemplo, si la gripe es más frecuente en invierno, podríamos inferir falsamente que presenta correlación con la compra de los regalos de Reyes, o por el hecho de ir de rebajas, cuando claramente son temas que varían conjuntamente por una razón externa pero que no están relacionados.

Calendario epidèmies

Imagen extraída del artículo publicado por Jon Cohen sobre la investigación de Micaela Martínez (Science (2020) 367:1294-1297; Plos Pathogens (2018): doi.org/10.1371/journal.ppat.1007327)

Una de las ideas que me parece más interesante implica que la diferente propagación de epidemias durante las estaciones del año podría tener también un componente biológico intrínseco de los huéspedes humanos. Es evidente que los humanos, como organismos animales, respondemos a estímulos exteriores, como los ritmos circadianos de luz solar. Podría ser que también nuestro sistema inmunológico y que nuestra fisiología bioquímica y hormonal respondiera diferencialmente en diferentes estaciones del año. Parece interesante detectar si existen estas diferencias y si pueden explicar la diferente vulnerabilidad a agentes infecciosos, añadido en todo lo que hemos comentado de estabilidad de los virus, y las diferencias de comportamiento de huéspedes y vectores intermedios.

Si además de hacer el calendario, también averiguamos el porqué de las epidemias estacionales, podremos diseñar estrategias más esmeradas y efectivas para detener la aparición y propagación de epidemias y pandemias, como la Covid-19.

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