El 3 de octubre de 1994, una mujer de 32 años desapareció de su casa, en la isla del Príncipe Eduardo (Canadá). Días más tarde, se encontró su coche abandonado, con manchas de sangre, que al ser analizadas se demostró que eran suyas. Unas semanas más tarde, se encontró su chaqueta en un bosque próximo, también manchada de sangre. Pero ninguna pista más indicativa de qué le había sucedido. Medio año más tarde se encontró su cuerpo en una tumba poco profunda con signos evidentes de violencia. La única pista que podían seguir los científicos forenses de la Real Policía Montada del Canadá eran unos pelos de gato que se encontraron en la chaqueta y en la ropa de la víctima. El exmarido de la víctima, que vivía con sus padres a casi 1.000 km de distancia, en tierra firme, fue detenido y encausado. Y el año 1997 por primera vez en un juicio, el análisis genético de ADN de un organismo no humano, concretamente, el análisis de los pelos de gato encontrados sobre la víctima, sirvió como principal prueba inculpatoria en un caso penal, y constituyó el hilo a partir del cual se demostró que el exmarido era el homicida.

Veinte años después, hablar de ADN en la resolución de un caso criminalístico, nos puede parecer un tema obvio, pero en aquellos momentos en que el ADN justo se empezaba a utilizar como prueba en casos penales, y en un contexto en que las pruebas de ADN se habían malinterpretado o habían sido objeto de mala praxis, ya habían provocado la absolución en casos criminales muy mediáticos (como el caso de O. J. Simpson). Por lo tanto, en este caso, que requirió primero la asignación de los pelos de gato a una raza concreta, la British Shorthair, y la busca y reclutamiento de genetistas especializados en el genoma de felinos a fin de que realizaran el análisis de identificación genética de forma esmerada (mostrando la total coincidencia genética, marcador a marcador, con el ADN de la mascota de los padres del exmarido, un gato denominado Snowball), fue todo un hito, tan relevante que fue publicado en la revista Nature (una de las más importantes en ciencia).

El análisis genético de ADN de organismos no humanos permite resolver casos forenses en muchos contextos

Quizás no somos siempre conscientes, pero el ADN no es sólo el material genético de los humanos, sino también de bacterias, hongos, plantas y animales. De hecho, ayer en clase explicamos las bases moleculares de la genética forense. Siempre como ejemplo, ponemos algún caso humano por resolver, y hace ya tiempo que escogimos estudiar la asignación de los restos humanos de los Romanov (los últimos zares rusos, un caso que ya expliqué en otro artículo). Sin embargo, evidentemente, las mismas técnicas de ADN forense y las mismas inferencias genéticas que se pueden hacer en humanos, se pueden aplicar al ADN de otros organismos. Por lo tanto, si tenemos un buen conocimiento del genoma de otras especies, se pueden usar técnicas de genética forense con este ADN no humano. En este caso que acabo de mencionar, se realizó una identificación genética en toda regla, en la que una muestra biológica descubierta en el lugar del crimen (pelos) es analizada y comparada con un organismo animal del cual puede proceder, un gato, con el fin de demostrar la concordancia; de igual manera que se hace cuando se encuentra una mancha de sangre, pelo o de semen y se asignan a una persona concreta.

La identificación genética también se puede utilizar para identificar polen de plantas, o incluso, en el análisis de la microbiota bacteriana que vive en la piel de las personas, que es altamente específica y personalizada y puede ser obtenida de teclas o ratones de ordenador. Entonces, analizando los restos bacterianos, podemos asignar si son de unos u otros. En epidemiología, también son muy útiles estos análisis, por ejemplo, en el famoso caso de las bacterias que causaron las diarreas hemorrágicas el verano del 2011 y que, en primer lugar, fueron erróneamente asignadas a pepinos españoles contaminados, se demostró posteriormente que eran idénticos genéticamente a los que procedían de brotes de soja contaminados de una granja ecológica alemana que regaba con aguas residuales. Y seguro que tampoco nos sorprenderá saber que se puede hacer un análisis genético con el fin de averiguar la procedencia geográfica de las cepas víricas que originan epidemias o pandemias, sea el virus del Ébola, del Zika o de la gripe. En casos particulares, se puede también averiguar si la cepa del virus HIV con la que se ha infectado una persona procede de una persona u otra de su entorno e, incluso, utilizarlo para solucionar un crimen.

Dentro de no mucho, los análisis de ADN serán un elemento más de nuestra vida diaria

De igual manera, se pueden realizar pruebas de paternidad entre organismos no humanos. Estas son muy importantes en la compra de esperma de sementales en criadores de caballos de carrera, o de perros de raza. Cuando se compra la muestra de semen, a precio de oro, para preñar a las hembras, además de pedir el pedigrí, se tiene que dar el análisis genético de marcadores, con el fin de poder comprobar que el potro o el perrito realmente son descendientes reales del semental del cual hemos pagado su contribución genética. Igualmente, en disputas sobre si un ganadero "roba" terneras al ganadero de al lado, se ha podido demostrar si eso era cierto analizando el ADN de las vacas y toros correspondientes, con el fin de establecer análisis muy estrictos de paternidad/maternidad. Los resultados han implicado considerables multas y penas de prisión, y siempre se han resuelto científicamente utilizando metodología forense.

Y así, tanto se pueden identificar unas muelas de marfil y determinar si son de un elefante cazado furtivamente en una reserva o no; como si unas semillas son realmente de judía de gancho, o de tomate de Cor de Bou, y proceden de un determinado pueblecito o es que nos han tomado el pelo; como si la carne de las albóndigas es realmente de ternera, o lleva también de estranjis carne de caballo, de precio y calidad más bajos. Igualmente, se puede utilizar en una muestra de ántrax para saber si tiene un origen u otro y si tiene mayor o menor virulencia, o en la identificación de organismos patentados, sean o no modificados genéticamente. Y aunque algunos de estos casos han salido en diarios de noticias, para quien quiera saber más, hay una revisión reciente, publicada en Plos Genetics este pasado septiembre, que es muy exhaustiva, con material suplementario y casi 300 referencias, y que ilustra como las herramientas de análisis de la genética forense se pueden aplicar con igual precisión y cuidado en el ADN humano como el ADN in-humano.

Dentro de no mucho, los análisis de ADN serán un elemento más de nuestra vida diaria, y los utilizaremos para darnos información, sobre nosotros y nuestra salud, y sobre todos los organismos que nos rodean y nos interesan.

Gemma Marfany
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