Las interminables negociaciones del "maldito" Brexit están tapando el bosque de asuntos pendientes de una Unión Europea (UE) que no termina de poner orden en un puzzle cada vez más apremiante. En las campanas de 2021 se verán bastantes malas caras.

El estado de la UE, aún bajo la crisis de la Covid, se ha querido asentar sobre nuevas bases para afrontar el día de mañana a partir de un pacto verde y la transición numérica, mientras simultáneamente proporciona estímulos a la economía y se protege de sus enemigos.

En la hoja de ruta del clima se ha fijado un nuevo objetivo de reducción de las emisiones de CO2 para 2030 hasta el 55% frente al 40% actual. Esto ha suscitado ya hasta la presunción de "delito ecológico" a quien se enfrente a ese objetivo. Tal maximalismo ha provocado que en Francia se habla de que ningún partido ofrece a los ciudadanos una perspectiva de futuro creíble. Los proyectos de los "verdes" se ven como un "tartamudeo monomaníaco", según el prestigioso analista político Jacques Julliard. En nuestro país vecino, lo nuclear, esencial como base energética, entra ahora en un periodo de consideraciones políticas para asegurar el voto ecologista en un mapa político muy tenso. Como se recordará, un impuesto sobre los carburantes propició el nacimiento de los "gilets jaunes" (chalecos amarillos) y con ellos una grave crisis callejera, que aún coletea. Una "transición justa" será difícil de consensuar.

En cuanto a la transición numérica más allá del teletrabajo, la opinión es más favorable puesto que podría superar la disyuntiva entre elegir Schumpeter (con su "destrucción creativa" del empleo) y una sociedad de zombies.

La aprobación de un Fondo de Inversión Europeo de 750.000 millones de euros, invertido en el proceso de transición hacia las manufacturas y servicios del futuro, será recordado como una herencia muy oportuna promovida por Angela Merkel cuando Alemania ya cuenta con la industria 4.0, donde las máquinas trabajan al ritmo de la informática. 

Ahora bien, esta transferencia de los países del Norte hacia el Sur no será un cheque en blanco, sino que estará condicionada a un uso eficiente, que será vigilado de cerca y especialmente por los "países frugales", capitaneados por Holanda. La unión bancaria europea, que tarda más de lo esperado, completaría el eje industria-finanza, hoy ya imprescindible.

En el capítulo "El resto del mundo" se divisan en la cercanía dificultades crecientes con Turquía, que ambiciona recrear el Imperio Bizantino a cambio de no utilizar amenazas de arrojar refugiados sobre Europa. En Francia, especialmente, musulmanes activistas parecen haber iniciado una nueva égida a pequeña escala pero muy hiriente. 

Más allá, las relaciones con China se han tensado desde la puesta en marcha de la diplomacia agresiva de Pekín, que cierra su mercado interior a la espera de alcanzar el liderazgo global. Angela Merkel se ha interesado por mantener una presencia en el disputado terreno del Indo-Pacífico. En cuanto a EE.UU., Joe Biden, en sus cortas declaraciones públicas, se ha mostrado partidario de trabajar con sus aliados para reforzar el bloque occidental.

Pero una sombra inquietante se cierne sobre la UE: la inmensa deuda que está contrayendo para superar la pandemia. Emmanuel Macron ha comentado que podría no ser candidato a la presidencia en 2022 por tener que "hacer cosas duras en el último año". Aumentar los impuestos será el rompecabezas en París y en otras capitales ya que de aplicarlo frustraría el relanzamiento económico. El financiero George Soros ha propuesto la emisión de deuda perpetua, con la que los países emisores pagarían intereses sin tener que reembolsar el principal. Otros, por el contrario, como Thomas Piketty, están a favor de los impuestos.

Otra posibilidad sería la anulación de los títulos de deuda de los estados acumulados por el BCE y los bancos centrales nacionales, que ascienden al 2,4 billones de euros en total. Ante esta alternativa Christine Lagarde, presidenta del BCE, ha señalado que sería "ilegal" según el Tratado de Maastricht, que prohíbe la monetización de los déficits públicos, lo cual, además, dañaría al euro, que perdería credibilidad.

Y, para terminar con la pesadilla de estos días, el Financial Times ha informado que los parlamentarios británicos se preparan para una sesión fuerte de la Cámara de los Comunes la semana entrante. Algunos parlamentarios euroescépticos han dicho que podrían aceptar lo que la UE denomina "un mecanismo de reequilibrio". O sea, más paños calientes, como casi todo evoluciona en Europa.

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