De todas las frases célebres que nos regaló el procés (habría que hacer una antología de consignas como "ni un papel en el suelo", "no les regalemos la foto que quieren" y etcétera) sobresalió a menudo la aparentemente nefasta predicción "Europa no lo permitirá". Como siempre ocurre con los versos chabacanos y con las patrias como la nuestra, donde los poetas tienen carta blanca para embaucarnos, uno no sabía exactamente a qué se apelaba citando el Viejo Continente ni tampoco qué era aquello que podría o no tolerar. En cualquier caso, tendíamos a pensar que la gente del norte no vería con buenos ojos cualquier acto de violencia física del Estado contra el pueblo catalán, lo cual fue desmentido en las refriegas del 1-O, gozosamente ignoradas por la mayoría de los líderes europeos y también, hay que recordarlo siempre, por una serie de políticos que tuvieron la bonita idea de promover una ley de amnistía que ha perdonado los golpes de la policía española.
Todo esto es cierto y sobradamente conocido, pero hay que decir que el tópico sobre el papel de Europa como dique de contención del autoritarismo español no es únicamente un wishful thinking; de hecho, vale la pena recuperarlo a raíz de la recentísima decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de avalar la inclusión de la ley de amnistía en el espíritu legal de los veintisiete. Esta es una decisión político-jurídica, y no lo digo pensando únicamente en sus consecuencias inmediatas o futuras de cara al desagravio con reprimidos y exiliados, sino precisamente porque Pedro Sánchez no habría sacado adelante el indulto general sin la aquiescencia (me atrevería a decir que también la iniciativa política) de las autoridades europeas. En el fondo, por mucho que la justicia continental tenga más sed de imparcialidad que la postfranquista, las togas solo han reafirmado una ley que contaba con amplio consenso en las élites europeas.
Hartos de no poder cerrar la carpeta catalana y con Puigdemont todavía activo como agente libre en el Parlamento Europeo, los capataces del continente debieron considerar que la amnistía era el instrumento idóneo para volver a pacificar nuestro país en el marco del régimen del 78. Vale la pena detenerse en el proceso anterior, porque antes de esta sentencia no se ha promovido ninguna doctrina judicial que condene a políticos o activistas catalanes por impulsar un referéndum. Hemos visto sentencias (creativas) de sedición, terrorismo y otras zarandajas, pero ningún texto que penalice la organización de una votación, por el simple hecho de que urdirla no implica ninguna infracción de la ley europea. Por eso vale la pena recordar también que la amnistía, Viejo Continente aparte, ha sido una ley netamente catalana, fruto del interés de unos líderes por centrarse en su liberación personal y no en recalcar los actos legítimos de sus representados...
Más que no permitir algo, Europa ha tolerado que los mismos actores que iniciaron el procés acaben de enterrarlo del todo
Europa quizás no vio con muy buenos ojos el procés, pero ciertamente no ha acabado de permitir el cierre judicial con el que España tenía previsto clausurarlo, al menos poco después de 2017 y, me atrevo a insistir, aprovechó la flexibilidad moral de Pedro Sánchez para impulsar una amnistía que no aniquilará la sed independentista. Esto lo han recordado los principales afectados del tema, los líderes catalanes; pero este es un discurso que sus electores nos tenemos que apropiar como nuestro. Porque no acabar de cerrar la herida es un derecho que nos hemos ganado nosotros con nuestro ejercicio de resistencia, no ellos a base de toneladas de renuncia. De hecho, Europa ha avalado jurídicamente la amnistía porque considera que la resolución del conflicto catalán ha consistido en un intercambio de favores entre políticos; más que no permitir algo, ha tolerado que los mismos actores que iniciaron el proceso acaben de enterrarlo del todo.
Si todavía hilamos más fino, Europa no permitió la violencia en las calles del país porque la gran noticia del 1-O no fueron las bofetadas, sino precisamente la falta de coacción y el hecho de que se evidenciara que ni una policía colonial puede impedir que cientos de miles de ciudadanos voten lo que les plazca. Yo no sé qué habría pasado si Catalunya hubiera entrado en el pistolerismo que muchos vaticinaban (especialmente, los sectores convergentes que no querían hacer realidad el referéndum), pero dudo sinceramente que los líderes europeos se lo hubieran mirado como una simple celebración futbolística con reyertas. En cualquier caso, Europa ha permitido un pacto entre políticos; ahora habrá que recordar al continente que el acuerdo, sellado y avalado por la justicia, no tiene ningún tipo de trascendencia política, debido a que los catalanes no solo hemos dado muerte al régimen del 78, sino que también somos lo suficientemente fuertes para jubilar a los amnistiados...
Esta es, entre otras y por ahora, nuestra tarea histórica.