Muchos medios de la tribu, incluido este nuestro digital, se han hecho eco de la entrada de Eulàlia Reguant en su negocio familiar, Mucius Cent, empresa propietaria de pisos y locales de alquiler en Barcelona. La antigua amazona cupaire ha irrumpido en condición de apoderada, compartiendo la titularidad del ente con sus padres, para así hacerse cargo de una sociedad que —en el año 2024, el último consultable— obtuvo unos ingresos de 534.000 pepinos (con unos beneficios de 32.139 euros), todo ello por la gestión de un patrimonio que supera los 12 millones de pavos y que —dicen las malas lenguas, lo desconozco y en el fondo me la suda— consta de un total de 35 bienes inmuebles, uno de los cuales habría sido alquilado por la misma CUP. Supongo que la mayoría de los compañeros han publicado esta información para patentar el supuesto cinismo de quien especula con viviendas después de haber alabado la okupación, mientras blasfemaba la burbuja del ladrillo.

Entiendo perfectamente que haya mucha gente indignada con esta aparente contradicción, gente que aprovechará esta noticia para enmendar la plana moral de Reguant y de una generación de líderes que, a pesar de las diferencias ideológicas, todos comparten un rasgo diferencial: de la política, han salido con la bolsa más llena. También comprendo que muchos se enojen de un hecho que puede parecer nuevo, pero que es más viejo que el cagar en cuclillas; a saber, que la izquierda catalana xupiprogre ha exhibido mucha más sangre azul y recursos patrimoniales que aquello que esta misma gente siempre ha definido como burgueses provincianos, campesinos nacionalistas o —en la versión actual— fascistas de Aliança. Todo esto puede ser verdad, pero servidor —que no tiene ningún tipo de resentimiento— celebra mucho y mucho que Reguant haya entrado en el negocio familiar; por el cuidado que tendrá y porque le servirá para reconsiderar el propio ideario.

En primer lugar, hay que decir que —contra aquello que siempre ha defendido la CUP— Eulàlia Reguant no es rica. Los millones de euros que antes he citado pueden parecer mucho dinero y el número de propiedades ciertamente importante, pero los beneficios de la sociedad inmobiliaria son ciertamente exiguos. Como Reguant sabrá a partir de ahora, la posesión de bienes inmuebles también implica gestionarlos, mantenerlos operativos y pagar una cantidad indecentemente pornográfica de impuestos (lo adjetivo así porque el Estado le recortará gran parte de sus beneficios a fuerza de tasar sus propiedades sin ofrecerle ningún servicio a cambio, lo cual se deberá sumar a la cantidad de impuestos que ya han ido pagando sus progenitores). También hay que recordar, en segundo lugar, y por el mismo motivo, que Eulàlia no será una gran tenedora, sino la receptora de un patrimonio que sus padres han podido comprar currando de sol a sol.

Eulalia descubrirá que, asumiendo parte del patrimonio de su tribu, también apuesta por la santa continuidad del vínculo entre los catalanes y la propia tierra

Por todo esto que digo, es importante que la antigua líder cupaire entre a formar parte del negocio familiar; también porque descubrirá que, asumiendo parte del patrimonio de su tribu, también apuesta por la santa continuidad del vínculo entre los catalanes y la propia tierra. Descubrirá, en definitiva, que sus pisos, locales, parkings y comercios no solo son un trozo de ciudad, sino la metáfora viva de la ambición nacional que ha tenido su gente. Supongo que parte de este patrimonio incluye el propio piso del Eixample, con lo cual también celebro que, gracias a este pacto familiar-societario, Eulàlia pueda continuar teniendo una genuina preocupación por los derechos sociales de los pobres, pero que la ejerza viviendo en medio de uno de los mejores barrios del mundo. Pues la gente del Eixample centro, Eulàlia (y aún más si somos de la secta Can Colapi), caminamos por encima del resto, como si voláramos sobre los adoquines.

Hoy, pues, defiendo a Eulàlia Reguant de su propio ideario y pido a los catalanes de pro (a saber, aquellos que queremos la patria plena, ¡pero sobre todo rica!) que la aplaudan sonoramente. Es necesario disponer de políticos que —aun manejando dinero; de hecho, gracias a manejarlos— tengan más cuidado a la hora de gastar los impuestos de todos como Dios manda. Hablando de impuestos, querida, espero que la cosa pase de aquí a mucho tiempo, pero ve haciendo previsiones y caja, porque los putos comunistas del Parlament te meterán una hostia de sucesiones y de sociedades que te dejarán tiesa. Sea como sea, que vaya muy bien el nuevo trabajo, ¡empresaria!