Este mes entra en vigor una medida que afecta de manera directa a 112.000 personas en Catalunya, de manera indirecta puede llegar a duplicarse y estructuralmente simboliza una manera de entender el país. A partir de este mes de abril, la cuota de autónomos de dos colectivos muy presentes y nucleares para la economía elemental del país se sube un 40 %. En concreto, son los autónomos societarios y los familiares colaboradores. El aumento se calcula que comportará unos 135 euros mensuales. Para acabarlo de rematar, la medida entra ahora en vigor, pero lo hace con efectos retroactivos al 1 de enero pasado, de manera que estos tres meses no cobrados se tendrán que ir recuperando. Y si no se hace, en enero de 2027 la recuperación puede venir de golpe con un abono que puede llegar a los 1.600 euros.

Cuando las diferentes formaciones independentistas reclaman que Catalunya pueda disponer de herramientas propias de Estado, no es por el vicio oculto de querer tener una bandera ondeando en la ONU sino, precisamente, para poder tomar decisiones políticas que se amolden a la realidad socioeconómica del país. Los dos grupos de autónomos afectados son los societarios (es decir, socios que trabajan en una empresa y cotizan como autónomos) y los colaboradores familiares (familiares directos, como pueden ser cónyuge, hijos o primos que trabajan en el negocio familiar y conviven con el autónomo principal). Estos dos colectivos están muy arraigados en Catalunya y, de hecho, son la base de la pequeña y mediana empresa, especialmente la familiar.

Este incremento afecta sobre todo a mujeres, mayores de 50 años, el campesinado y la base de la economía familiar de Catalunya

¿Cuántas tiendas, talleres, bares o pequeños comercios en Catalunya no responden a este perfil? Decenas de miles. Y no solo eso sino que, a su vez, estas empresas generan un impacto y un dinamismo económico en barrios, pueblos y ciudades medianas que de otra manera sería imposible generar. El problema, pues, no es ideológico o en situar a los trabajadores en un lado y a los malvados empresarios en otro, sino de sentido común, porque esta fórmula es, precisamente, la que fusiona ambos roles en uno mismo. Y puestos a decirlo, este perfil —y, por lo tanto, este aumento del 40 %— afecta sobre todo a las mujeres. Son las que trabajan en estos negocios familiares y que, por el hecho de constar como trabajadoras autónomas, les permite cotizar como de otra manera no podrían.

Lo mismo ocurre con las personas mayores de 50 años que están en esa tierra de nadie que va de la caída profesional a la edad de jubilación y que gracias a poder ser autónomos en la empresa familiar pueden completar la cotización hasta llegar a generar una pensión mínimamente digna. Y el tercer gran grupo afectado es el relacionado con el mundo rural y el campesinado, para quienes este aumento repentino de la cuota les supone un palo más en una rueda ya de por sí desinflada. Desconocer esto de Catalunya es desconocer parte del ADN que lo explica. No sé si la medida se ha hecho contra Catalunya, pero como mínimo sí que se ha hecho de espaldas a la realidad del país.

Sorprende que se presuma de bonanza económica y, a la vez, se exprima a base de impuestos a aquellos colectivos que no se pueden escapar

Dado que no hay presupuestos, el Gobierno ha aprobado este aumento por la vía del decreto, de modo que ya está en vigor. Sorprende que con una mano se presuma de la buena marcha de la economía (que supone más ingresos para la administración pública) y con la otra se suban los impuestos directos a colectivos que no tienen otro remedio que pagarlos (las multinacionales se pueden ir a otro país). La conclusión, pues, es evidente: quienes sostienen la bonanza económica son, justamente, quienes pagan un precio más caro. Y todo esto ha pasado mientras Pedro Sánchez protagoniza, de manera audaz, dos debates bien alejados de esta realidad de final de mes: el internacional y el de la regularización de inmigrantes. En el primer terreno, el presidente español se siente fuerte porque ha visto que ha podido capitalizar —incluso mundialmente— el papel de contrapeso moral a Donald Trump.

Tanto esto como el debate de la inmigración le permiten aglutinar a los votantes más izquierdistas del espectro, en especial Comuns, Sumar y formaciones similares. Y en el caso de la regularización también ha conseguido poner en un compromiso al PP, atenazado entre Vox (que le refuerza el mensaje antiinmigración) y la realidad de la CEOE, que aplaude la medida para normalizar la situación de miles de extranjeros que, por otro lado, ya estaban aquí trabajando. Pero mientras la vorágine de titulares, vídeos en Tiktok y horas dedicadas a tertulias giraban en torno a estos dos temas (además de alguna polémica efímera, vistosa pero estéril), el BOE publicaba el aumento de la cuota por la puerta de atrás y con efectos inmediatos. Y precisamente por eso Pedro Sánchez es un maestro en aquello que se conoce como el relato: pero no por aquello que es capaz de proclamar, sino por aquello que es capaz de que pase inadvertido.