Igual hemos ido demasiado rápido y demasiado lejos en la interpretación de las presidenciales francesas al dar tan rápido por espantado el fantasma de los extremismos.

Igual la tragedia se ha evitado, pero siguen ahí las causas del descontento y el euroescepticismo, y no sólo en Francia.

Igual Bruselas, además de ganar tiempo e imponer sacrificios, debería hacer algo para que los europeos crean que merece la pena seguir formando parte de la Unión Europea.

Igual el eje izquierda-derecha ha dejado de dominar la política global, pero igual es una quimera que un movimiento centrista, sin estructura de partido y que declara no tener identidad ideológica logre ser hegemónico.

Igual Macron además de ganar es capaz de gobernar y tener éxito, pero igual cae en el síndrome Hollande, y la esperanza blanca se convierte en un nuevo fallido presidente de la República.

Igual hay una tendencia de fondo para la reordenación del espacio político, pero igual la victoria de Macron no es más que un espejismo, una solución de urgencia impulsada por las élites francesas para evitar la caída del sistema.

Igual hay algún paralelismo en las elecciones francesas con las políticas españolas, pero igual Rajoy sobrevive también a esta nueva ola de la Europa occidental con la que los ciudadanos castigan a los partidos clásicos.

Igual es que España es diferente y aquí los escándalos por corrupción ni penalizan ni abochornan

Igual Macron se dejó arrastrar al centro por necesitad más que por convicción y lo que ocurre es que la socialdemocracia ha encontrado una nueva vía de escape en el liberalismo como antaño la Tercera Vía impulsada por Blair no fue más que el nombre que la socialdemocracia inventó para asumir las políticas de la derecha.

Igual la decadencia de los socialistas en el Reino Unido, Francia y Holanda tiene una nueva réplica en España, pero igual Podemos sigue buscando su lugar en el mundo, y el PSOE tiene margen para la recuperación si es que sus dirigentes no se han apuñalado antes. Igual en ese caso sea Rivera, y no Iglesias, el más beneficiado de la autodestrucción socialista.

Igual el mundo ahora es de los candidatos jóvenes, apuestos y liberales, pero igual el PSOE ya probó eso con Pedro Sánchez antes de que cantara la Internacional y por dos veces consecutivas no le sirvió de nada.

Igual es verdad que trasladado el espectro político francés a España, Rivera es Macron; Iglesias, Mélenchon; Hamon, Pedro Sánchez y Fillon, Rajoy, pero igual el presidente del PP no tiene parangón en la política global.

Igual es que España es diferente y aquí los escándalos por corrupción ni penalizan ni abochornan; los fiscales Anticorrupción pueden impunemente intentar apartar a quienes investigan los entramados delictivos; el PP puede pactar o demonizar a los nacionalistas según la mayoría parlamentaria que tenga y la familia Pujol puede recurrir al lenguaje religioso para mover alegremente su fortuna en Andorra durante 30 años sin que nadie les excomulgue.

¡Pues que viva la madre superiora!

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