El progresismo se ha quedado cada vez con menos argumentos para defender la continuidad de Pedro Sánchez, más allá del "que viene el lobo" en forma de Santiago Abascal. Algunos columnistas incluso lo admiten resignadamente. Es como cuando animas al Barça, pero el equipo no va, que la grada se acaba quedando muda. La campaña del color y la alegría versus la vuelta al blanco y negro ya no funciona.
La gestión del ministro Puente del accidente del AVE se ha parecido demasiado a las dos líneas de investigación de Ángel Acebes y el atentado de Atocha. Uno era ETA, el otro un error humano. Después ha rectificado, pero el error ya estaba. Después, ha dimitido. Pero ya no se sabe si será suficiente para reactivar la campaña del PSOE. Ni con la ola —paradójicamente azul— de las elecciones en Estados Unidos.
Si lo extraemos de la campaña, el accidente es lo que le faltaba a la Marca España. El AVE es la joya de la corona de la España radial. La gran apuesta de Aznar. Conectar todas las capitales de provincia con Madrid. La apuesta que ha logrado convertir la capital de España en una aspiradora. De talento y de dinero.
España vuelve a ser, a ojos del mundo, como aquel país de autopistas sin coches, aeropuertos sin aviones y trenes sin pasajeros
Pero, como pasó con la crisis de 2008, siempre hay un momento para despertar de los sueños megalómanos. O, peor, siempre hay un momento para que los sueños se conviertan en una pesadilla.
España vuelve a ser, a ojos del mundo, como aquel país de autopistas sin coches, aeropuertos sin aviones y trenes sin pasajeros. Aquel país que ya quedó delante del espejo con aquella portada de The Economist. "The party is over". Ahora ha quedado patente que España es como esa gente que presume de coche, pero tiene que cenar migas de pan. España, ha escrito Ignacio Sánchez-Cuenca, lleva cincuenta años intentando ser un país normal. A ratos lo consigue. A ratos pasa como con los deportes, que vuelve el complejo de inferioridad que tuvieron durante décadas. Ha vuelto a pasar ahora.
Y la culpa no es de un trabajador de Adif. La culpa es de los dos grandes partidos. Del PP y del PSOE. De Aznar y de Álvarez Cascos. Y de Zapatero y de Maleni. La que cosía España con cables de acero.
Y, por cierto, suerte que ha dimitido Óscar Puente. Dio mucho miedo cuando ayer dijo que incorporarán la IA para controlar los trenes y que esto es inédito en el mundo. "Entramos en territorio ignoto", dijo. Oculto, misterioso, ajeno, inexplorado. No entre, hombre, no entre, pensó media España.