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Desde los años noventa del siglo pasado que no miraba un partido de fútbol. Dejé de mirarlos después de ver una derrota del Barça (a pesar de los chupinazos de Koeman) ante un Real Madrid español, muy español. Demasiado estrés, demasiados nervios y demasiada rabia contra un país que siempre nos las ha hecho pasar canutas y que disfruta haciéndolo. No encontré justo que España, una vez más, me —nos— robara la sonrisa de la cara. Ayer, muchos años después, finalmente decidí mirar la final del Mundial; una final, cabe decir, muy significativa en mi opinión: Argentina (excolonia española) y España —¿o los Països Catalans?— se disputaban la copa que los situaría en el Olimpo del fútbol. Y eso, quieras que no, me pareció muy interesante política y culturalmente.

Los grandes futboleros no me lo tengáis en cuenta —hacía decenas de años que no miraba un partido de fútbol, ni quería saber nada de este deporte—, pero me pareció que, en todo momento, España —¿o los Països Catalans?— tuvo el dominio del balón y que Argentina no se puso las pilas hasta que vio entrar definitivamente el balón en su portería durante la prórroga por un chut imparable de Ferran Torres —¿español o valenciano?—, después de muchos intentos de intentarlo sin éxito por las altas capacidades del portero de Argentina (Dibu Martínez) para parar todo tipo de chuts (por la derecha, por la izquierda, por arriba, por abajo… y lo que hiciera falta). Messi, la gran estrella argentina (¡formado en Catalunya!), no pudo destacar —repito, en mi opinión— porque no había nadie de su nivel en su equipo y porque no estaban tan bien organizados como el equipo español —¿o de los Països Catalans?—.

Supongo que os debéis estar preguntando por qué os cuento todo esto. Pues básicamente para que os hagáis otra pregunta: ¿España habría ganado el Mundial sin los jugadores de los Països Catalans? Me parece que todos sabemos la respuesta y que es necesario que nos hagamos una tercera pregunta (hacerse preguntas es importantísimo para la salud mental): si los Països Catalans hubieran ganado la Copa Mundial de la FIFA 2026™ —en un mundo idílico en el que no hubiera Estados imperialistas ni colonias a las que les chupan hasta el último céntimo y en el que los catalanes pudiéramos tener nuestra propia selección—, ¿cómo se lo habría tomado España? Me parece que esta respuesta también la sabemos todos.

España, gracias a los catalanes, gana el Mundial y los catalanes se estampan la bandera de España en la cara, igual que el granjero marca al rebaño para que no se le descarríe

Qué gran metáfora de la política actual, ¿verdad? Cuántos paralelismos hay entre el mundo de la política y el mundo futbolístico… Debe ser por eso que la gente está tan aficionada al fútbol y que muchos jóvenes catalanes (catalanohablantes de nacimiento) iban con la bandera de España pintada en la cara. La sumisión y la falta de autoestima estampadas en sus mejillas. Una imagen muy triste y desoladora: España, gracias a los catalanes, gana el Mundial y los catalanes, en vez de plantarse y decir basta, se acabó lo que se daba, queremos nuestra propia selección y no os haremos ganar con vuestra bandera, se estampan la bandera de España en la cara, igual que el granjero marca al rebaño para que no se le descarríe y todo el mundo sepa que es de su propiedad. Un poco gilipollas, sí somos.

Volvamos a la ronda de preguntas: ¿España podría sobrevivir sin los Països Catalans (Catalunya, las Illes Balears, la Franja de Ponent, el Carxe y el País Valencià)? Creo que no cuesta mucho llegar a la conclusión de que, si los Països Catalans —o tan solo Catalunya— hicieran las maletas y se fueran, España no llegaría a final de mes. Y, aun así, los jóvenes catalanes se pintan la bandera de España en las mejillas y seguimos pagándoles las fiestas. Argentina perdió el Mundial, pero ya hace tiempo que no es una colonia española. Los Països Catalans, si nos lo propusiéramos, lo podríamos ganar todo: el Mundial y la independencia. Pensemos en ello.