Carme Forcadell esta semana en el Parlament de Catalunya / CARLES BAHÍA

A primera vista, Carme Forcadell recuerda a estas mujeres sencillas, sufridas y un poco hiperactivas que, en momentos de dificultades, son capaces de cargarse la familia en la espalda y sacarla adelante con una abnegación admirable y un poco animalesca. Nacida en 1956 en Xerta, un pueblo muy pequeño del Baix Ebre que tiene una intensa historia de saqueos a causa de su ubicación estratégica, Forcadell se educó en una familia de camioneros y de campesinos. Cuando dejó aquel mundo de campos y piedras viejas para ir a estudiar a la Universitat Autònoma, que entonces no tenía ni 10 años y estaba llena de hippies que practicaban el amor libre, Forcadell no era independentista, ni especialmente catalanista. Fue el shock de descubrir la situación del catalán en Sabadell y en Barcelona lo que despertó su sensibilidad política.

Después de estudiar Filosofía y Periodismo, Forcadell hizo un máster de Filología Catalana y se sacó las oposiciones a catedrática de secundaria. Aunque llegó a colaborar en un programa de TVE que se llamaba Giravolt a finales de los años setenta, pronto se concentró en la docencia. Primero trabajó de profesora y más tarde entró en el Departament de Ensenyament de funcionaria. Hasta la cuarentena, circuló por el entramado asociativo de Sabadell, donde conoció a su marido, un informático con el que tiene dos hijos, que también se dedican al mismo apasionante oficio. Mientras los niños eran pequeñas, Forcadell fundó la Plataforma per la Llengua, fue vocal de la junta de Òmnium y participó en la Comissió de la Dignitat pels papers de Salamanca.

La entrada en política no se produce hasta 1999, cuando se afilia a ERC. La futura presidenta de la ANC enseguida asume cargos en la ejecutiva nacional y en el 2003 ya es concejala del gobierno municipal de Sabadell encabezado por el famoso alcalde Manuel Bustos. En las elecciones del 2007, ERC perdió a dos de los tres concejales y las aspiraciones de Forcadell quedaron bruscamente truncadas. Los intentos por ir de cabeza de cartel no fructificaron, y tampoco le salieron bien los de recolocarse dentro del partido, una vez estaba fuera del ayuntamiento. Ni Carod Rovira ni Joan Puigcercós se fiaban de ella. Colaboradores del consistorio la describen como una mujer con mucha capacidad de trabajo pero con una voluntad de protagonismo poco sutil y mal disimulada. El independentismo de piedra picada tampoco la debió ayudar en aquella ERC aguada por el poder autonómico. Algunos compañeros de su partido decían que no pensaba en otra cosa.

Ni Carod ni Puigcercós se fiaban de Forcadell. Antiguos colaboradores la describen como una mujer con mucha capacidad de trabajo pero con una voluntad de protagonismo poco sutil y mal disimulada

A partir de aquí Forcadell se aleja de la política y empieza a buscar un sitio en el independentismo cívico. Los primeros pasos los da con la misma falta de tacto que en su etapa de concejala. En las biografías de la Wikipedia en catalán y en castellano hay un hueco curioso entre el 2007 y el 2012. Una cosa que no se explica, por ejemplo, es cómo utilizó la Plataforma per la Llengua para hacerse con el control de la PDD (Plataforma pel Dret a Decidir). En el libro I ara què?, Alfred Bosch relata cómo Forcadell conspiró para quedarse con la organización que lideraba Mònica Sabata y "su guardia pretoriana de jóvenes trentenarios". En un encuentro decisivo en Girona sus partidarios se levantaron de la mesa antes de la votación y no solamente dejaron a los restantes miembros cerrados a cal y canto en la sala de reuniones; en un dramático golpe de efecto, les cortaron la luz y todo.

 

Este y otros episodios sórdidos del período –como los intentos de controlar a la Coordinadora Nacional de la Consulta–, le dieron fama de mujer torpe que destruía todo lo que no podía controlar, pero a partir de aquí Forcadell empieza a actuar con más finura y con más inteligencia. Primero de todo convenció a ERC y a CiU de que ella era sólo una fuerza de choque y que no tenía intención de entrar en política, cosa que le permitió forjar buenas relaciones con los dos partidos. Mientras otros activistas se enfrentaban a los políticos, o se ponían del lado de alguna formación, Forcadell se ofreció como una correa de transmisión neutral entre la calle y el Parlament. Así, cuando la Asamblea Nacional Catalana (ANC) tuvo que buscar una cara de consenso, ella pudo aceptar la presidencia con la condición de que nadie estuviera en contra.

La ANC funcionó con mucha eficacia bajo su mandato. Lo que habría podido ser una olla de grillos se convirtió en un ejército de independentistas y una máquina de ganar dinero

Al frente de la ANC mantuvo este mismo principio de realidad con un notable virtuosismo. Cualquiera que haya participado en una asamblea sabe lo que cuesta disciplinar a la gente, evitar las discusiones inútiles y hacer que las personas colaboren para cumplir objetivos concretos. Con todos los problemas que se quieran, la ANC funcionó con mucha eficacia bajo su mandato. Forcadell convirtió lo que habría podido ser una olla de grillos en un ejército de independentistas y una máquina de ganar dinero. A pesar de liderar una organización más heterogénea que cualquier partido, Forcadell supo presionar a CiU hasta un poco más allá de lo que la formación de Mas podía seguir sin romper nunca la cuerda ni incomodar al president. Esta habilidad, contrastada con la simplicidad de su discurso y con su princesismo de mujer que se compra un cinturón de Dolce Gabbana cuando empieza a destacar, ha generado una rabia sorda contra ella muy graciosa.

 

Si la existencia de la Catalunya interior recuerda a los españoles que han fracasado en sus intentos de borrar el país, el ascenso de Forcadell recuerda a las clases dirigentes de Barcelona hasta qué punto el proyecto que tenían para la sociedad catalana era mediocre. Su acento de las terres de l'Ebre también contribuye a irritar a un mundo que en el fondo querría que el catalán fuera una lengua muerta o una creación nacionalista de laboratorio. A base de decir que no tenía aspiraciones políticas y de encarnar la visceralidad primaria del país que no ha perdido la identidad, Forcadell se ha ido abriendo camino. Primero fue de número dos en la lista de Junts pel Sí. Ahora la lista de Mas y de Junqueras la propone para presidir el Parlament. La idea ha escandalizado al unionismo porque se trata de una señora que puedes folklorizar pero que, a pesar de sus ambiciones, no puedes controlar ni acojonar con el discurso de la justicia social o de la regeneración política.

Si la CUP no inviste a Mas, Forcadell podría ser la presidenta del Parlament más breve. Pero no parará hasta que vea la independencia o el independentismo quede completamente fuera de combate

Si la CUP no inviste a Mas, Forcadell podría ser la presidenta del Parlament más breve de la historia de la autonomía. Esta vez, sin embargo, no creo que su carrera política se trunque. Forcadell ya no parará hasta que vea la independencia o el independentismo quede completamente fuera de combate. Hasta ahora, su éxito se ha basado en la capacidad de combinar el "president, ponga las urnas" con el apoyo entusiasta al simulacro del 9N. Si la situación se embrolla, quién sabe si no se convertirá en una Juana de Arco, en una Marianne o en una Agustina de Catalunya.

 

En la batalla de Montjuïc fueron las mujeres las que derrotaron a las tropas castellanas y las persiguieron cortando narices y orejas. Yo siempre he dicho que si las señoras lideraran el independentismo la tensión con España aumentaría, y que por eso el nacionalismo catalán ha sido hasta ahora un mundo de hombres. Cuando las estructuras fallan siempre emergen este tipo de figuras estridentes y quijotescas, como salidas de un mural decimonónico, que ponen el pueblo en pie de guerra.

 

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