“Fuerza y honor son su vestidura y se ríe de lo por venir. Abre su boca con sabiduría y la ley de la clemencia está en su lengua”

Proverbios

El visto para sentencia está al caer. Una vez terminado el tiempo de última palabra para los acusados, ese momento tan peligroso en el que, como dicen los viejos adagios del foro, nadie se ha salvado pero muchos se han puesto la soga al cuello, comenzará el tiempo del tribunal. A partir de aquí, todo lo que podamos escribir o lo que escriban otros serán especulaciones. Si hay algo que un tribunal no pueda permitirse en un juicio de esta envergadura, y mucho menos el Tribunal Supremo, son filtraciones respecto a sus intenciones o al sentido de sus trabajos destinados a dictar sentencia. Les voy a recomendar que sean muy escépticos con las cosas que oigan. Incluso sobre las que escriba yo, aunque no se me ocurriría pretender saber qué delibera el tribunal. No es posible.

Los alegatos de las defensas que han resonado en la sala de vistas personalmente me han procurado un cierto bálsamo cognitivo y epistemológico al encontrar en sus planteamientos un reflejo bastante fidedigno de los hechos que vivimos y conocimos aquellos días. Eso no está mal. Incluso me ha permitido descubrir las respuestas a algunas preguntas como, por ejemplo, por qué los detenidos no estaban en los registros. Ahora sé que habían pedido un habeas corpus y renunciaron a asistir. Y así con otros muchos cabos que yo aún tenía sueltos. Confieso que he disfrutado mucho con la oratoria forense de Melero que, la verdad, es un señor en sala y eso siempre da muchos puntos. Ese señorío, el respeto, la exposición a la vez técnica, amena y ácida y los repuntes de cultura han sido muy del agrado de mucha gente. Sobre su efectividad, nada puede decirse que no sea lo que el tribunal escriba en sentencia. Para la Fiscalía, las defensas no han rebatido su acervo probatorio mientras que para algún magistrado que lo ha visto por televisión, no es que lo haya rebatido sino que lo ha destrozado. Y así todo. Es el tiempo del tribunal. Nada sabremos hasta la sentencia.

Lo único que puede colegirse es que una absolución es un escenario de quimera y que habrá condenas superiores a los ocho años. No es videncia sino pura lógica

Podemos únicamente intentar deducir alguna cosa de los hechos que tenemos en la mano. Lo único que puede colegirse es que una absolución es un escenario de quimera y que habrá condenas superiores a los ocho años. No es videncia sino pura lógica. Es el resultado de comprobar que el tribunal no ha hecho la más mínima concesión ni ha aflojado nada y que incluso ha estado dispuesto a limitar derechos de alto voltaje, como el de representación, aunque le costara un pulso con el Congreso. No se hace eso para absolver o para dictar una condena por mera desobediencia. Así que los augurios no son buenos en ese sentido pero, insisto, los hago sin mirar la tripa de ningún ave.

No resulta factible pensar que sepamos nada de esto antes del otoño pero tampoco es lógico pensar que se retrase más allá de octubre. Me sorprenden mucho los comentarios y rumores que corren sobre una sentencia que se dictaría en julio. No termino de ver cómo. No es posible materialmente. Ha de ser una sentencia larga y no daría tiempo a deliberarla y escribirla. Por otra parte, sería un escándalo que el Tribunal Supremo se descolgara dictando sentencia de un asunto de este calado en un mes y pocos días. Sería un escarnio y una burla.  Lo que sí es muy probable es que sea hecha pública antes de que en octubre se cumplan los dos años de prisión preventiva de los Jordis, de modo que no haya que proceder a la prórroga.

Es el tiempo del tribunal y a ellos les corresponde, y solo a ellos, asumir su responsabilidad. Es pesada. Tampoco nosotros nos vamos a aburrir mientras. Hay otras muchas cosas pendientes. La cuestión de Forn no está resuelta. Finalmente se le ha permitido salir a la constitución del Ayuntamiento de Barcelona, pero aún no sabemos si se ordenará su suspensión como concejal, que ha sido pedida ya por la Fiscalía.

La espinosa cuestión Junqueras sigue sobre la mesa. Según plantean los fiscales es un asunto en el que el tribunal debe ir con pies de plomo y debe hacerlo precisamente porque admiten que la inmunidad de los europarlamentarios es más amplia que la de los diputados nacionales y no distingue de momentos procesales. Justo lo que argumenta el abogado de Puigdemont. “Podría abrir un escenario en el que se produjeran interferencias absolutamente irrazonables en la función jurisdiccional”, dicen, cuya finalidad es acabar un procedimiento con sentencia. La Fiscalía desmiente a los que desde la política  o el derecho simplifican la cosa. La realidad es que el problema de la inmunidad es gordo y podría frustrarles sine die el fin de procedimiento. La diferencia es que a Junqueras lo tienen aquí y a Puigdemont no. El razonamiento del fiscal se apoya en la posibilidad que tienen los tribunales de restringir los derechos para el buen fin del procedimiento y así sucede con el más preciado que es la libertad. ¿Podrá la estrategia jurídica que tiene prevista Puigdemont sortear la imposibilidad de venir a jurar la Constitución? Eso nos va a ocupar hasta julio y aún más.

No nos va a faltar de qué estar pendientes. Eso sí, recuerden, van a oír también muchas cosas que no tendrán sustento real y muchas previsiones que no se cumplirán. Siempre es así. Ninguno de los siete magistrados va a contarle a nadie lo que están haciendo. Eso es, casi, lo único seguro.

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