Desde el 27 de septiembre hasta la fecha, la agenda política catalana ha estado marcada, en buena medida, por los diez diputados de la CUP: la estrategia de la mayoría parlamentaria, las negociaciones para la investidura del president de la Generalitat y los plazos para una hipotética desconexión con el Estado español. Junts pel Sí ha adoptado una actitud nada diferente a la que en su día ya aplicó Convergència (entonces con Unió) con Esquerra Republicana tras las elecciones de 2012: cederle el protagonismo para cerrar lo antes posible un acuerdo de legislatura y la investidura. Entonces como ahora se produjo un brote de malestar en la formación mayoritaria, que partía de una cesión demasiado amplia del terreno de juego al partido más pequeño.

En este contexto, no sorprende que haya malestar/inquietud en sectores de CDC por las negociaciones con la CUP. Ello obedece a tres factores bien diferentes: la incomodidad porque los acuerdos no garanticen la investidura de Mas; el saberse fuera del futuro Govern desde hace tiempo por decisión del actual president y que, en cambio, la CUP explote este hecho como una decisión propia; y, finalmente, los que creen que se está llegando demasiado lejos. Con todo, la suma de estos tres espacios, que en muchas ocasiones, se superponen, no llegan a un 20% de la dirección de CDC y sus protagonistas son de sobras conocidos.

Quiere decir que JxSí o CDC van a hacer descarrilar la negociación con la CUP? No, en ningún caso. El hecho de que Artur Mas esté al frente de la negociación de CDC es una garantía de los acuerdos que se puedan alcanzar. Ahí radica alguna de las sorpresas de estas semanas poselectorales: una cierta convicción de los negociadores de la CUP de que el president de la Generalitat no va de farol y asume cuestiones que creían que serían imposibles "en un dirigente de derechas y liberal". La resolución que aprobará el Parlament de Catalunya el día 9, si el Tribunal Constitucional no lo impide, es un claro ejemplo. También lo son otros documentos ya acordados y en fase de redacción final.

En este marco, el hecho de que la CUP haya convocado para el próximo fin de semana una asamblea de sus militantes para que expresen su opinión es un arma de doble filo. Se puede dar paso a un acuerdo global con Junts pel Sí pero el nombre de Mas sigue siendo un escollo. Quizás menos importante, pero un escollo. Hay acuerdo en que unas nuevas elecciones serían la plasmación de un fracaso del espacio independentista. Durante los próximos días asistiremos a movimientos políticos de un lado y de otro (veremos si también judiciales en El Vendrell). En un momento, además, en que la maquinaria política española ya está perfilando su estrategia de rechazo frontal a la iniciativa del Parlament. Rajoy, Sánchez y Rivera esperan a la Cámara catalana parapetados detrás de todo un arsenal jurídico. Y está en juego para los tres hacerse con la pole position de cara al 20D.