Lo avanzábamos ayer: la resolución independentista presentada en el Parlament en la que se declara solemnemente el inicio del proceso de creación del Estado catalán independiente en forma de república iba a provocar a muy corto plazo un efecto fusión en los partidos españoles. El almuerzo entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez da fe de ello. El canal informativo abierto entre ambos y Albert Rivera así lo certifica. Y la exclusión de Pablo Iglesias del consenso final garantiza que no habrá fisuras en la respuesta del Estado y que Podemos pasa a ser considerado por los otros tres partidos –PP, PSOE y C's– como una formación política que no es de fiar por lo que se refiere a la unidad de España, simplemente porque está a favor de una consulta o un referéndum pactado.

Todo apunta a que Sánchez ha optado, al menos antes de las elecciones del 20D, por renunciar a un perfil propio aun a costa de que en algunos sectores de la izquierda la apuesta pueda no ser entendida y se cree una cierta confusión en materia territorial entre lo que defienden, en la práctica, el PSOE y el PP. Los estrategas socialistas consideran que el asalto a la Moncloa obliga a hacer concesiones. También que, a diferencia de otras elecciones, el espacio a disputar en Catalunya, por ejemplo, no está como ha estado históricamente con Convergència o, en menor medida, con Esquerra, sino con Ciudadanos, que en las recientes elecciones catalanas ha penetrado con fuerza en el cinturón industrial. Ése es para el PSC el principal rival a batir y, además, con el que se da un trasvase directo de votos. Los socialistas creen que los electores que se les han ido a chorros pueden volver de la misma manera. La candidata Carme Chacón es una garantía para intentar dar la batalla en este espacio, donde se disputará en las próximas semanas la respuesta más contundente frente a los partidos independentistas catalanes.

En este contexto, el filibusterismo de los partidos de la oposición en el Parlament tiene su lógica, ya que el objetivo es retrasar al máximo la aprobación en la Cámara catalana de la resolución de JxSí y la CUP y tratar de poner de relieve las contradicciones entre ambas formaciones. Pero estos escarceos no son otra cosa que un descanso antes de que se concrete la respuesta del Estado que Mariano Rajoy dijo tener a punto después de que se despertara con críticas a derecha e izquierda de los medios de comunicación españoles pidiéndole mayor firmeza después de la resolución registrada en la Cámara catalana, incluida la suspensión de la autonomía. Algo que, por otra parte, el Gobierno español suele esgrimir como una hipótesis cada vez más real.