La comparecencia del president Puigdemont en el Parlament para explicar la composición de su Govern ha servido para constatar dos cosas:

1. Tener que hacer oposición hoy, día en que el nuevo Govern todavía no ha tomado ninguna decisión, recuerda al primer día de una edición de Gran Hermano: por contrato tienes que pelearte con los otros, pero en media hora de estar en la casa, sólo has tenido tiempo material de enfadarte contigo mismo.

2. Todavía no tenemos incorporado el mecanismo automático de decir president y que detrás nos salga Puigdemont. Ni los periodistas ni sus señorías. Le ha pasado a Xavier García Albiol que, en la réplica, ha estado hábil para que no se le notara, pero sin automatismo, en un momento determinado, ha dicho "el señor Junqueras y el... president".

Pero aparte del nuevo Govern, hoy en el Parlament también ha sido presentada la nueva cazadora de Lluís Rabell. Efectivamente, la gran noticia ha saltado a las 9.34, cuando el líder de QWERTY (CSQP para los amigos) ha entrado en el bar luciendo una pieza diferente de la habitual de color rojo. Más de uno (y de una) se ha atragantado con el café al ver esta insólita estampa.

Superado el impacto, a las 10 ha empezado el pleno con una votación relacionada con la compatibilidad de los diputados (y de las diputadas) que ha dado paso a la comparecencia del presidente, que era el tema. Eso ha sucedido a las 10.11 h.

Lo primero que nos ha dicho Carles Puigdemont es que venía con dos carpetas. La que servía para exprimir al máximo las competencias que tiene la Generalitat "para responder a los efectos que tiene la crisis sobre los hombros de los ciudadanos", y la que "planificará, diseñará y ejecutará los trabajos del Procés que nos tiene que situar en las puertas del nuevo Estado". Vaya, la carpeta social y la del Procés.

Y después nos ha explicado, efectivamente y durante 29 minutos, cómo es su Govern. Nada que no supiéramos. Eso sí, ha insistido mucho en el diálogo y en el acuerdo, y en realizar encuentros y reuniones. Durante la intervención he podido comprobar que en el hemiciclo estaba "Max el piojo", enigmático nombre de una de las redes de móvil que me han aparecido en el listado de redes wifi de mi teléfono.

10.46 h. Después de una breve pausa, toma la palabra la líder de la oposición, Inés Arrimadas. Su línea argumental es que los consellers (y las conselleres) han sido escogidos por criterios "indepes" y no por sus trayectorias. Se centra en Toni Comín (Sanidad) y, sobre todo, en Oriol Junqueras, de quien dice que no tiene capacidad de negociación con el Gobierno de España y que no puede ser conseller de Economia quien pidió parar durante una semana la economía. Pero Junqueras desconoce los "piropos" que le son lanzados porque en aquel momento no está en su escaño. Arrimadas también carga contra la Conselleria de Afers Exteriors, una competencia que, dice, la Generalitat no tiene.

10.59 h. Turno de Miquel Iceta. Dice que no le dará al Govern los habituales 100 días de gracia, sino 37. Porque 100 son por 4 años de legislatura y 37 es la parte proporcional de los famosos 18 meses. Le saca al president el no menos famoso tema de las subvenciones públicas recibidas en su día por sus empresas de comunicación, pero de una manera muy hábil. O sea, explica lo que se ha esparcido estos días, pero lo remata afirmando que no duda de que todo se hizo correctamente. Como diciendo sin decir. Duda de que Puigdemont haya escogido el Govern, no lo ve estable, echa de menos un departamento de medio ambiente, critica el Departament d'Afers Exteriors, que Habitatge haya pasado a Governació y acaba poniéndose a disposición del Govern... Eso sí, si hay una manera de hacer más cauta. Vaya, que si hay moderación con el Proceso, que cuenten con el PSC.

11.09 h. Lluís Rabell ha empezado el discurso hablando de la emergencia social y ha citado los últimos informes sobre desigualdad publicados esta misma semana. Ha pedido nuevos presupuestos, porque no sería útil prorrogar unos que eran poco sociales, ha criticado que Habitatge haya pasado a Governació, ha pedido una conselleria de medio ambiente y ha acabado con una cita: "No puede haber buen gobierno sin una oposición temible. Y en eso estamos".

11.23 h. Xavier García Albiol ha dicho que el Govern está muy hipotecado por sus compromisos internos, que está acondicionado por sus socios de la CUP y que le recuerda al tripartito. Cree que este es un Govern inflado, caro y sin experiencia de gestión, sobre todo en el campo económico. Y entonces ha cargado contra Oriol Junqueras reprochándole que en Sant Vicenç dels Horts (de dónde ha sido alcalde hasta hace poco) ha dejado el paro más alto de la comarca y un inmenso déficit. Como ha hecho Arrimadas, también ha recordado que Junqueras pidió parar una semana la economía catalana. Y eso no es nuevo (que Ciutadans y PP usen los mismos argumentos) y requeteconfirma que los compran en la misma tienda (los argumentos). Por supuesto, también ha sacado el tema de las subvenciones a una antigua empresa del president.

Y entonces se ha producido una escena que (creo) veremos a menudo durante esta legislatura. Albiol diciendo que le da vergüenza que el Govern se retire de los procesos que afectan a "terroristas urbanos", desde las filas de QWERTY (CSQP) que sale una risa, Albiol que se enfada y pide respeto para las personas a quién les rompen los cristales de su negocio. En la segunda réplica la cosa se ha calentado un poquito más. Rabell había defendido a "los compañeros" que se han visto involucrados en incidentes y Albiol ha dicho con vehemencia que "no son compañeros" suyos. Mientras, Albano Dante, desde su escaño, gritaba "Bárcenas, Bárcenas".

11.35 h. Momento de la intervención de Joan Garriga Nana, histórico de la CUP de Sant Pere de Ribes (Garraf) y uno de los dos nuevos diputados de esta formación. Un periodista presente en el hemiciclo lo bautiza como "Agrohipster" y Autobús de Campaña tuitea que ya era hora que hubiera un ZZ Top en el Parlament. En un tono conciliador reclama que este sea un Govern preindependencia, y dice que no piden la luna, sino cosas como la desaparición de barracones y que se detengan los procesos de privatización. Lo resume como una declaración de intenciones ante quien tiene que gobernar para la gente y no para el capitalismo. Cuando sube hacia su escaño y pasa por el lado del president, le da un pequeño golpecito cómplice en la pierna.

11.46 h. Turno de Marta Rovira (Junts pel Sí). Responde al tema Asuntos Exteriores afirmando que la Generalitat tiene competencias para crearlo y pide a la oposición que se lea el Estatut. Defiende la gestión de Junqueras en Sant Vicenç dels Horts, donde, según ella, ha reducido el paro y ha bajado el déficit.

11.57 h. El president Puigdemont sube al atril para hacer las réplicas. Y lo hace con el móvil. ¿Motivo? Nos ha leído un fragmento de una entrevista consultable en la red donde deja claro que no acabó la carrera de Filología. Polémica resuelta. Ha insistido en que este Govern no estará sólo dedicado al Procés y ha reivindicado su intención de dialogar, no como el Gobierno español que se niega a hacerlo. A Miquel Iceta le ha dicho que intentará que la primera ley aprobada sea sobre el cambio climático. A Lluís Rabell lo ha emplazado a que colabore en la aprobación de unos presupuestos que incluirán mucha política social que se pagará (¡atención!) aumentando los ingresos. ¿Cómo? No ha dado detalles.

Y entonces ha aprovechado para tratar de las acusaciones de recibir subvenciones indebidas. Ha explicado que él se ha ganado la vida en la empresa privada, adonde quiere volver cuando deje su actividad política y que el proyecto para recibir la famosa subvención, le presentó precisamente a Iceta, que entonces era quien gestionaba estos temas. Después ha desmentido las cosas que se han dicho sobre él estos últimos días, incluido el rumor de que se peina como se peina para taparse una cicatriz.

Las contrarréplicas no han aportado nada de nuevo, a excepción del incidente Albiol-Albano Dante citado antes.

Y así ha acabado el primer pleno "normal" de esta legislatura. El Parlament ya empieza a funcionar con normalidad, después de seis meses esperando a que el país volviera a funcionar con normalidad.