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A medida que la campaña electoral avance, se verá más claro que los dos únicos proyectos políticos que puede ofrecer España son el sanchismo y la regresión pseudofranquista de Vox. El presidente español tiene muy clara esta división (de hecho, él mismo se ha esforzado en promoverla, alimentando el chiringuito de Abascal) y hace muy poco volvía a resucitar el clima guerracivilista regalándose un vídeo antibélico la mar de cuqui en el que contemplaba los animalitos alocados del "Guernica". No es de extrañar que al pobre Núñez Feijóo se le esté haciendo muy larga la espera hasta el 29N y que muchos de los apoyos mediáticos del PP en Madrit recen para que el candidato no abra la boca en exceso. De hecho, el problema no es que el líder popular sea un regionalista gallego inadaptado a las batallas de la capital, sino que al centroderecha español, sin el espantajo de un independentismo factible, ya no le queda ninguna demagogia con la que traficar.

La tragedia de estas dos opciones es su carácter objetivamente limitado. Mientras quemen las plazas públicas y la inmigración no sea una cuestión de Estado (dicho de otro modo, mientras el socialismo compre mano de obra barata en el mundo para seguir engordando una economía que empobrece a la clase media), Vox podrá crecer de forma sostenida. Pero el problema de Abascal y de los suyos es el autonomismo, un sistema que sobrevive como puede en la UCI, pero que ha supuesto la emergencia de nacionalismos regionales (el caso de la República Independiente del Kilómetro Cero es el mejor ejemplo) que ya no están dispuestos a sufrir un proceso de recentralización alla maniera jacobina. Vox tardará más en extinguirse que Ciudadanos, justamente porque, aunque manden unos cuantos catalanes, su matriz es de raíz castellana; por este motivo, como sueña desde hace tiempo Aznar, le será mucho más fácil reintegrarse en el PP.

Pedro Sánchez acertó al convocar las elecciones con el cadáver de la señora Maricarmen todavía caliente y tendrá tiempo suficiente para movilizar al electorado que hay a la izquierda del PSOE. A su vez, el líder socialista ha hecho renacer el espíritu colauista español y ha logrado que Gabriel Rufián haga discursos más lerrouxistas que cualquier robot españolaco del PSC. Es posible que, a pesar de las amenazas teatrales de Junts per Catalunya, Sánchez pueda volver a urdir una investidura multipartita, pero su operación se hará al precio de alejar al PSOE de las élites madrileñas y entregarlo a los hijos de la nueva inmigración que ha ayudado a legalizar. Todo esto sería fácil de gestionar en un Estado con la caja repleta de euros, pero, aunque el PIB español vaya al alza, incluso Pedro acabará desmotivado a la hora de gobernar un país que vaya acercándose al tercermundismo argentino y alejándose del camino europeo.

Los ciudadanos haremos bien en buscar alternativas que no caigan en la absorción de energías que comportará este nuevo bipartidismo español cojo formado por el PSOE sudamericano y un Vox pasado de vueltas

Por otro lado, el líder del PSOE sabe perfectamente que solo podrá fundamentar su proyecto con la ayuda del independentismo autonomista (no es casualidad que su política migratoria, en cuanto a legalizaciones, se haya escrito de la mano con los partidos del procés). Esto también puede funcionar de cara al 29N, porque Esquerra mantendrá resultados y Junts podrá aprovechar el entusiasmo del regreso de Carles Puigdemont y su aparente defensa de los pequeños propietarios de la tribu. Pero a nadie se le escapa que el independentismo solo tendrá sentido si acaba siendo útil a los catalanes y también es muy normal que los compatriotas, pasados unos cuantos años más, acaben fatigándose del todo con competencias de inmigración que nunca se transfieren, empresas de Rodalies que todavía controla el Estado y sistemas de financiación que siempre se quedan cortos.

Mientras las dos Españas se hunden y el "processisme" se esfuerza por flotar, los ciudadanos haremos bien en buscar alternativas que no caigan en la absorción de energías que comportará este nuevo bipartidismo español cojo formado por el PSOE sudamericano y un Vox pasado de vueltas. A pesar del presumible éxito de Sánchez en Catalunya, habrá que comprobar si la fuerza de la abstención todavía se mantiene y también si las alternativas a la política enquistada del país pueden coger fuerzas de cara a las municipales. De momento, yo recomendaría al lector que, al menos, se aparte del naufragio de las dos Españas… y se aleje de todos los barquitos que se hundirán colateralmente en tal catástrofe.