No, no me refiero aquí a las del rey Juan Carlos I cuando, compungido, afirmó que no volvería a hacerlo después de conocerse que (unos años antes, qué curioso) había estado cazando elefantes en compañías cuestionables. Me refiero a las de su hijo y actual rey, Felipe VI, "reconociendo" (la palabra merecería comentario aparte) que España cometió abusos durante la conquista del territorio americano.
Nunca he entendido esa asunción colectiva de culpas de los Estados por hechos del pasado, como si esta España de hoy o sus gentes, entre quienes ya se encuentran tantos de otros tantos países, tuviera algo que ver con aquella que embarcó a algunos héroes y visionarios a la conquista de territorios desconocidos en unos barquichuelos repletos de sicarios, maleantes y mercenarios dispuestos a matar a quien hiciera falta por conseguir un buen botín. Ya para empezar, hay que decir que con dificultad podría ser responsable el propio gobierno de la época de lo que se hubiera hecho por individuos particulares al otro lado de un océano cuya dimensión no es la que ahora pueda tener para quien lo cruce en avión. Pero desde luego aún menos para el Estado actual, que solo en parte se puede reconocer en aquel de entonces, pues por el camino sufrió una transformación radical en su dinastía reinante, en su modelo político, en prácticamente todo. Y máxime cuando es en España y durante esa época cuando se elabora una teoría revolucionaria entonces, y más aún por el hecho de que en su formulación intervinieran religiosos como Bartolomé de las Casas. La teoría, en la antípoda de la que luego elaboraron en la Alemania nazi para erradicar a los judíos, dice que esos indígenas que iban encontrando los conquistadores al abordar selvas, costas y poblados son personas con la misma dignidad humana que las que llegaban y que, en consecuencia, su evangelización era un deber moral.
Todo es completamente absurdo, pues fuese como fuese aquel tiempo que marcó la propia historia de Occidente, no fue España el principal país, sino si acaso el último, cuyos expedicionarios cometieron atrocidades
De aquel deber surgieron las universidades, las iglesias (luego cobijo frente a tantos desmanes) y también el mestizaje que hace difícil a personas como López Obrador y Claudia Sheinbaum reclamar algo que sus propios congéneres no hicieron entre sí: la humanidad. ¿Deberían ellos pedir perdón entonces por lo que algunos pueblos indígenas hicieron con otros? Sí, todo es completamente absurdo, pues fuese como fuese aquel tiempo que marcó la propia historia de Occidente, no fue España el principal país, sino si acaso el último, cuyos expedicionarios cometieron atrocidades. No hay más que ver cuántos indígenas quedan en los territorios del norte de América o en aquellas tierras del sur en las que otros países europeos fueron más protagonistas que España en la colonización del espacio.
Pero el mal a la Zarzuela ya está hecho. Y sea por un asesoramiento poco inteligente en su propia casa o en Moncloa, se trata de uno más. Un daño más, tal vez pensado, nada casual.