Corría la campaña de las generales del 2008, que desembocaría en la segunda victoria de ZP, cuando el aspirante del PP y hoy de nuevo aspirante a la Moncloa, Mariano Rajoy, sorprendió en el cara a cara electoral televisado con el líder socialista invocando a una niña imaginaria, a partir de aquel momento conocida como "la niña de Rajoy", para ejemplarizar la España radiante que se veía ya amanecer.

El debate lo emitieron La 1, La Sexta y Cuatro, y no recuerdo quién ganó y perdió, si bien, la novedad fue que no se había celebrado ninguno semejante desde 1993. De aquel sí que me acuerdo: lo ganó José María Aznar pero Felipe González no perdió las elecciones, pactó con Jordi Pujol, y todavía aguantó en la Moncloa hasta el 96.

 

El caso es que siete años después de que Rajoy nos hiciera pensar a algunos en la niña del exorcista (o en su gran secuela, la pavorosa Carrie), hay quien incluso se ha preguntado qué se hizo, de la critatura: le ha puesto nombre, Berta, y la ha convertido en una adolescente de 16 años que las pasa mal, muy mal en casa –su padre hace tres años que está en el paro y su madre trabaja a media jornada–. La cual cosa, tiene poco de imaginario y es bastante más inquietante que una peli de miedo de los años setenta (o de discotecas: revisiten Saturday night fever y sabrán por qué lo digo, aunque lo de Tony Manero queda lejos de los extremos del personal de Trainspotting, estrenada casi 20 años después, durante los felices años noventa).

Adiós a "la fiesta"

En el 2008, cuando emergió la niña de Rajoy, la crisis había entrado ya por la puerta de muchas casas y la "fiesta" había salido por la ventana, aunque lo peor todavía estaba al caer y se acabaría llevando a Zapatero por delante, quien, en el 2011, tuvo que anticipar elecciones y modificar la Constitución en una noche de estío por imperativo merkeliano a fin de que España, aquella España que iba a ser locomotora de la economía occidental y el faro de la fraternidad universal no fuera literalmente intervenida por la canciller de hierro como una Grecia tsiprásica cualquiera.

La niña de Felipe

En todo caso, Zapatero ganó en el 2008, por segunda vez, gracias a que Carme Chacón y José Zaragoza le metieron en el zurrón a 25 diputados del PSC. Recuerdo como la candidata socialista y después ministra de Defensa en un pavelló Sant Jordi a rebosar, se proclamó "la niña de Felipe". No las tenían todas, los socialistas catalanes, pero lo tenían claro, clarísimo: Felipe. Y volvió a funcionar, como siempre. Aquella fue, en realidad, la última campaña que ganó Felipe González doce años después de la "dulce derrota" a manos de Aznar que lo desalojó de la Moncloa.

Ahora es Albert Rivera, el líder de C's, quien, en su campaña para el 20D, ha sorprendido con un vídeo en el que escribe una carta a su hija Daniela, una niña bien real, que le sirve al padre para animar al respetable a "votar con ilusión" (las semejanzas con el "amb il·lusió" de Artur Mas del Polònia son pura coincidencia o expresión de un mero aire de familia lingüística, románica, que diría el segundo Wittgenstein).

 

Vídeo que, como seguro que recordarán, viene precedido por aquel otro del actual titular de la Moncloa ejerciendo como comentarista deportivo en el que le dio una colleja a su hijo, igualmente real. Al fin y al cabo, y con los antecedentes expuestos, todo ello está haciendo de la carrera del 20D un juego con niños, imaginarios o de carne y hueso, en una mezcla explosiva entre mediacracia o democracia mediática (como dicen los politólogos sabiondos y los que se las dan de tales) y pubercracia o democracia con niños y niñas (como diremos algunos a partir de este momento). Y cuyo resultado puede ser cualquier resultado.

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