La CUP tiene razón cuando dice que es "impensable" compartir grupo parlamentario en el Congreso con Junts per Catalunya y ya no digamos con ERC. Los anticapitalistas defensores de la ingobernabilidad consideran que unificar la voz del independentismo no es positivo para la causa que aseguran defender, pero a menudo ha pasado que su ímpetu en diferenciarse del resto de independentistas ha sido el mejor regalo que le podían hacer a su presunto enemigo, tal como le consideran "el Estado represor", por supuesto, español

La CUP impuso el sacrificio político de Artur Mas cuando era el entramado político-financiero-funcionarial del Estado español quien había movido todos sus tentáculos para hacerlo caer. Y, después, le tumbaron los presupuestos a Carles Puigdemont y, quizás lo más inexplicable, tumbaron la elección de Jordi Turull como president de la Generalitat el día antes de que el juez Llarena lo encerrara en la cárcel por muchos años. Y ahí sigue. Tan partidarios como son los cupaires de la movilización en la calle, la movilización política en Catalunya y, de paso, la estabilidad política española no habría sido la misma si la orden de prisión de Llarena hubiera afectado a un recién elegido president de Catalunya. El eco internacional también habría sido escandaloso. Fue una verdadera lástima (y una injusticia con una buena persona como es Jordi Turull).

Es impensable que la CUP y JxCat compartan grupo parlamentario en Madrid, pero si lo hacen un solo día y luego se separan, el independentismo tendrá más voz y más subvenciones del Estado para hacerle frente

Pero también es cierto que la diversidad y la transversalidad de la causa independentista es lo que hace que el movimiento catalán emancipador se convierta electoralmente en mayoritario. Sin ir más lejos, en las últimas elecciones españolas la CUP ha obtenido representación parlamentaria no tanto por los votos procedentes de otros partidos, sino porque ha arrastrado a las urnas muchos electores que antes no se molestaban en ir a votar. Dicho de otro modo, sería un desastre para ambos que Junts per Catalunya y la CUP fueran juntos a unas elecciones, porque una coalición de estas características, tan contra natura, sólo provocaría deserciones del electorado más radical de la CUP, de los convergentes de toda la vida, que son independentistas dentro de un orden, y de los hijos de los convergentes que necesitan votar la CUP para poder renegar del padre.

Así pues, no tendría sentido que ahora Junts per Catalunya y la CUP compartieran grupo parlamentario en Madrid. Sería contribuir a la confusión. Y resulta que tal como va todo, JxCat y la CUP formarán parte del mismo grupo, el grupo mixto, y encima compartiendo bancada con otros grupos políticos españoles, con lo cual, las voces independentistas quedarán totalmente diluidas.

Hay una manera de evitarlo a favor del independentismo. JxCat y la CUP pueden formar un grupo parlamentario conjunto que sólo dure un día. Sumando fuerzas, JxCat tendría grupo parlamentario propio y la CUP al día siguiente se vuelve al grupo mixto. El resultado sería que JxCat, es decir, el independentismo, tendría más voz en el Congreso. También la CUP tendría proporcionalmente más voz en un grupo mixto más reducido. Junts per Catalunya aumentaría considerablemente la subvención -son muchos miles de euros- por tener grupo parlamentario y la CUP, también, porque lógicamente JxCat le debería agradecer el gesto a la CUP traspasándole el 20% de la subvención que reciba, dado que son 2 de 10. Y, desde un punto de vista pirata o subversivo, que es lo que se supone que interesa más a la CUP, es dinero español que o bien lo aprovechan los independentistas o se los queda el Estado, español por supuesto. Ciertamente, todo resulta muy frívolo, pero no más que lo que a estas alturas negocian canarios con cántabros, navarros, asturianos y turolenses a toda prisa porque el plazo termina la próxima semana.

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