La campaña electoral española se ha adentrado en la pugna entre partidos para ver quién es más feminista, pero con una foto de cabezas de lista donde no hay una sola mujer. Por lo tanto, que vaya ya de avanzadilla, que ninguno de ellos puede dar lecciones a nadie, y aunque parezca que hay casos mucho peores que otros, de hecho todos sufren de un mismo mal: un machismo recalcitrante del que hacen bandera aunque sea disimulando. Pero que tiene exactamente el mismo resultado que el otro; eso sí, sin dañar a la vista en el discurso y en el posicionamiento de cara a la galería. Hay un chiste de Gila muy pertinente en este sentido, que no reproduciré porque no seré yo quien bromee con el asesinato de una mujer; ni de nadie.

El enredo ya está servido, porque en tiempo de ganar votos todos los asesores y asesoras de los candidatos han dicho ―no lo sé, pero estoy segura― cuidado con el 8 de marzo porque el año pasado la movilización fue demasiado importante como para menospreciarla. Incluso Vox mezcla su evidente rechazo a las medidas de cualquier tipo tomadas para que las mujeres alcancemos la igualdad real con consignas de que es precisamente la igualdad lo que quieren y que además están en contra del 8 de marzo porque para ellos “todos los días del año es el día de las mujeres españolas”.

Tener en el imaginario a las feminazis y tener que hacer la pelota a las mujeres y a sus derechos en campaña debe de dolerle a más de uno

Al hilo de este discurso, el del Partido Popular, que lo pasará mal con Casado porque se nota que no ha estudiado suficiente, y un poco más y se accidenta con la metáfora de los hijos. Su consigna de que la igualdad se basa en que no haya trato desigual, obvia que las mujeres estamos discriminadas en favor de los hombres en todos los ámbitos sociales y eso no se cambiará sin tocar el patriarcado. Negar la mayor y pervertir los conceptos, no es, pero, sólo patrimonio suyo. Está a la orden del día, y es un juego al que se juega para apropiarse del lenguaje y vaciarlo de contenido. Ahora le ha tocado al feminismo.

No deja, sin embargo, de ser curioso que este concepto, el de feminismo, sea una palabra maldita para la derecha ―e incluso para la izquierda― y ahora se tengan que congratular con él. Un camino duro, seguro, porque tener en el imaginario a las feminazis y tener que hacer la pelota a las mujeres y a sus derechos en campaña debe de dolerle a más de uno, y quizás también a más de una. Me gustaría saber cuántos piensan: ¡maldito el día en que dejamos votar a las mujeres! El caso de la formación naranja es paradigmático del cambio de chaqueta, incluso han puesto en campaña un nuevo concepto: el feminismo liberal. Seguro que es un feminismo que hacen sinónimo de moderno y avanzado como todo el producto que venden y, también, como todo el producto que venden, seguro que es contrario a lo que dice la etiqueta.

Sólo un apunte, dos de las medidas estrella de esta propuesta feminista son para regularizar la prostitución y los vientres de alquiler; los dos ámbitos en los que se utiliza el cuerpo de las mujeres en beneficio de otros, o, en todo caso, con más beneficio para el resto que para las mismas mujeres. Cito a la revista Time cuando puso a Barbie ―sí, la muñeca― en portada y decía: “¿Ya podemos dejar de hablar de mi cuerpo?”; y añado: ¿y de mercadear con él?

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