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La charlotada

Pilar Rahola

Uno de los aspectos que siempre me han divertido del jaleo político es la manera en que las miserias internas de las izquierdas se plantean como una especie de drama para la humanidad. Parten de una arrogancia tan considerable que se creen que sus peleas, rabietas, alianzas frustradas y guerras de egos son una tragedia para los ciudadanos. Y así, con el título autoimpuesto de "salvadores del pueblo", concluyen que sus fracasos dejan a dicho pueblo indefenso ante las fuerzas oscuras del poder.

El problema es que detrás de estos gurús de la liberación ciudadana acostumbra a proliferar una especie política que acumula tantos fracasos como abundancia de demagogia. De hecho, confirman con tozuda constancia aquel famoso principio de Peter según el cual las personas van subiendo de influencia hasta llegar a su máximo nivel de incompetencia. Solo hay que observar a los personajes que forman parte de la última "escopeta nacional" progre-LGTB-ecológica-antisionista-gretathunbergista que ahora se pelea por el poder para entender hasta qué punto todo esto es una gran charlotada.

Entre todos suman tantos años de poder como ausencia de resultados, cosa que no les impide seguir disfrutando de los beneficios de la demagogia. Son los eternos activistas, tan cómodos con las pancartas y las protestas como inútiles cuando se sientan en la trona

Por un lado tenemos una exalcaldesa de Barcelona, llegada al poder gracias a los ataques de las cloacas contra Xavier Trias y a los pactos con la nariz tapada que perpetró, y que después de ocho años dejó el balance económico y social más deprimente de las últimas décadas. Vuelve a presentarse como salvadora del problema de la vivienda quien, durante su mandato, dejó los alquileres más caros, el mercado más estresado, no cumplió ninguna de sus promesas y empeoró el déficit de vivienda. ¡Cágate, lorito! Y por el otro tenemos un autoproclamado defensor de las izquierdas mundiales, cuyo trabajo durante sus años de diputado se resume en hacer de perrito faldero del PSOE e inundar X de ataques a la gente de Junts, que según su venerable sabiduría son la expresión de la derecha burguesa-malvada-opresora-sardanista. No hace falta decir que por el camino se ha olvidado de la independencia y el resto de monsergas que ya no le maridan con el discurso de las alianzas de las izquierdas hispanas, todas ellas aliadas de la unidad española. Y luego está el resto del sainete, los líderes del podemismo y del frentepopulismo que vuelven a prometer las mismas maravillas sociales que no han sido capaces de ofrecer cuando han disfrutado del poder. No deja de ser realmente maravilloso observar este fenómeno de amnesia colectiva que sufren.

En realidad toda esta pandilla que ahora se presenta en las noticias con caras compungidas y dramatismo sobreactuado, desolados porque no han conseguido ir juntitos a las elecciones, no es otra cosa que una comparsa de fracasados. Entre todos suman tantos años de poder como ausencia de resultados, lo que no les impide seguir disfrutando de los beneficios de la demagogia. Son los eternos activistas, tan cómodos con las pancartas y las protestas como inútiles cuando se sientan en la trona.

Acabo con un apunte que aumenta el volumen de la trola que nos quieren hacer tragar, desgraciadamente con más éxito del que sería deseable: la cuestión nacional. Si bien uno de los personajes lleva el sello de "independentista" y nos quiere vender la matraca de que quiere unirse con las izquierdas periféricas, favorables a no se sabe qué tipo de modelo plurinacional y bla, bla, el hecho es que todos estos de la cosa "pluri" han sido defensores acérrimos de la España eterna, y en el caso de la exalcaldesa de Barcelona, agente activo de los ataques que el independentismo ha sufrido, y colaboradora conspicua de la disolución de Barcelona como capital de la nación catalana. Basta de mentiras. Basta de monumentales falacias que quieren endilgarnos como si fuéramos más bobos de lo que ya aparentamos. La supremacía de la ideología por encima de la causa nacional no solo no nos lleva a conquistar nuestros derechos, sino que los diluye de manera permanente. Es una estafa que conocemos muy bien en la historia, y que ahora nos vuelven a vender en el mercado todo a cien de la charlatanería. Son unos charlatanes que se alían entre ellos porque la mentira funciona mejor cuando se unifica.

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