La crisis de Ceuta ha dejado a España, una vez más, desnuda ante Europa. El elefante en la habitación europea es España. Es la gran anomalía de la UE, en distintos frentes, pero sobre todo en política exterior, en defensa y en inmigración; tres cuestiones nada menores. La solidaridad y la colaboración que exige Madrid a las otras capitales europeas no es recíproca; Pedro Sánchez tira sin preguntar cuando le conviene, pero corre a refugiarse bajo las faldas de Bruselas cuando tiene problemas. Pues no. La solidaridad, por definición, tiene carril de ida y de vuelta. Al contrario de lo que pueda pensar mucha gente en todo el mundo que ha visto en Pedro Sánchez una especie de nuevo Che Guevara encorbatado del siglo XXI, la unilateralidad española es solo electoralista. Sus choques con Donald Trump solo quieren reagrupar una votación socialista frustrada por la corrupción del PSOE y la nula iniciativa legislativa. Lo mismo ocurre con la política de inmigración, dictada por una alianza de intereses entre la gran patronal y Sumar. Por mucho que la Moncloa se envuelva con la bandera de una nueva internacional progresista, en el fondo no hay ninguna matriz ideológica. Dinamarca es un país gobernado por la socialdemocracia y es un país inequívocamente atlantista y con un posicionamiento duro en relación con la inmigración irregular. La anomalía no es Dinamarca; la anomalía es España. Ya lo decía Manuel Fraga: "Spain is different".
España va por libre y la pacienica de los socios, que hace muchos años que pagan la fiesta española, se está agotando
Durante el encuentro del otro día para evaluar la crisis de Ceuta, la UE fue cuidadosa en las formas, pero el mensaje era muy evidente para quien sabía leer entre líneas. Según explicó el comisario europeo de Asuntos Internos y Migración, el austriaco Magnus Brunner, la regularización extraordinaria de inmigrantes en España no ha sido la causa directa de los hechos trágicos de Ceuta, si bien añadió que esta regularización "no ha enviado una buena señal al resto de Europa". Es obvio que el Gobierno molesta al resto de socios europeos. No es un tema personal; estoy seguro de que Pedro Sánchez les cae mucho mejor que Alberto Núñez Feijóo. Pero España va por libre y la paciencia de los socios, que hace muchos años que pagan la fiesta española, se está agotando. Roma ha dicho en voz alta lo que muchos otros piensan. Y ya lo dice el famoso dicho latino: "Roma locuta, causa finita". Mientras Pedro Sánchez está de vacaciones y recomienda listas de canciones, sus ciudadanos hacen una cola especial en los aeropuertos italianos. Es un aviso serio.
Por suerte, la regularización extraordinaria aprobada por el Gobierno será la última que veremos en Europa en muchos años. Ningún otro país hará ninguna, como es normal. Después de la polvareda, nadie osaría hacer alguna sin consultar a los socios, y ya sabemos que la respuesta será negativa. Aparte, el próximo Gobierno será del PP y pasarán muchos y muchos años antes de que el PSOE lo recupere, si es que lo consigue algún día. Y el PP no regularizará a nadie, como es evidente. La UE ha decidido coger el toro por los cuernos en materia de inmigración y soplan vientos restrictivos. La solución al problema español, como tantas otras cosas, llegará de Europa. Todo lo que viene del norte siempre es bueno, de la misma manera que todo lo que viene del sur es peligroso. Los catalanes hace siglos que lo sabemos, y por eso debemos ser el pueblo más europeísta del mundo.
Así las cosas, llega ahora la siempre delicada gestión de los menores no acompañados que han llegado a Ceuta y Melilla estos últimos días. El Gobierno los quiere repartir por toda la Península, como siempre. Catalunya, como ha recordado Junts, ya tiene colapsados los centros de acogida y no cabe ni uno más. En términos parecidos se han expresado desde otros puntos del territorio estatal. Este será el nuevo frente político en los próximos meses, en un contexto de fatiga y cansancio creciente de la población con un tema que solo servirá para crispar todavía más el debate político a un año de las elecciones municipales y generales. Por cierto, sobre la cuestión de los menores no acompañados, a mí me parece que en ningún sitio estarán mejor que con sus familias, que en un 95% son marroquíes. Y si las familias no se quieren hacer cargo, esta responsabilidad debe recaer en el gobierno marroquí. ¿Qué diríamos nosotros si, llegado el caso, hubiera cientos de menores catalanes no acompañados por las calles de Marruecos? Sin ningún tipo de duda, la Generalitat de Catalunya los iría a buscar y se haría cargo de ellos, si sus familias no los reclamaran. No se desentendería ni los dejaría en manos de las autoridades marroquíes. Y haría bien. ¿Un país como Marruecos, que dentro de cuatro años organizará un Mundial de fútbol, no se puede hacer cargo de sus menores desamparados? No fastidies.
