Estimados lectores, el nuevo programa de Laura Rosel en 2Cat, “No se n’ha parlat prou”, ya tenía toda la pinta de cagarruta azucarada el día en que lo anunciaron. Así las cosas, me he tomado la molestia de mirarlo por vosotros, para que vosotros, estimados lectores, no lo tengáis que hacer. El programa es infumable, tal como prometía. Y lo más divertido de todo es que pretende venderse como un espacio de conversación con un “enfoque poco habitual” sobre cuestiones que la velocidad de la actualidad no permite tratar con la delicadeza que requieren. La verdad es que me maravilla que enchufen un programa conducido por Laura Rosel y con la participación de Jordi Basté en la televisión pública como un producto televisivo con aires de contracultura, de cosa hecha en los márgenes del sistema mediático. Esta gente ha perdido completamente la vergüenza y se ha inventado una especie de batiburrillo de nivel bajísimo, una regurgitación de la peor de las tertulianadas sin ningún tipo de coherencia interna ni de objetivo aparente. Pero en la Catalunya de los socialistas, la realidad tiene que parecer una cosa para que pueda ser otra.
El primer capítulo es un capítulo sobre —dicen— el amor. Estrenado la tarde del día de Sant Jordi, la cosa arranca con una conversación con Marta Pontnou, Tian Riba y Jordi Basté sobre la diada de Sant Jordi, que ya de entrada la presentadora se encarga de describir como un día de “libros y amor”. Ni una referencia a la catalanidad —excepto un comentario de Tian Riba un punto ácido sobre la percepción que tenemos de nosotros mismos—. Ni una referencia a la lengua. Si hay demasiada gente en Barcelona, “iros a comarcas”, afirma Pontnou. Después nombra Sabadell, Terrassa y Matadepera como ejemplos, que deben de ser las “comarcas” que conoce. La cosa va avanzando a base de preguntas que garantizan una conversación sin ningún tipo de sustancia ni profundidad. ¿Las parejas tienen que dormir juntas o separadas? ¿El pelo de las mujeres molesta a los hombres a la hora de dormir en la misma cama? Y mi preferida: ¿os casaríais con vosotros mismos? Esto es exactamente lo que quiere saber el público sobre Jordi Basté, sí.
Es de agradecer que la intensidad del pavor sea la misma y aguante sostenidamente todo el tiempo, porque así la cosa resulta previsible y se nos ahorran sobresaltos. Los temas van variando sin regatearnos ni una pizca de cringe, y quizás esta sea la idea que debe ligar todo el pastiche: que si ahora hablan del fenómeno tradwife como si lo acabaran de descubrir, que si la monogamia es o no es un constructo social, que si bautizarse es retrógrado… Son todo asuntos, ojo, que tratados a fondo pueden tener un interés incluso político, pero como el programa quiere estar todo —siempre aparentemente— despojado de política, la conversación queda en una especie de cantinela coral sensacionalista con pretensiones, cuya única intención que se puede leer es la de infantilizar a la audiencia.
Pero la cosa no acaba aquí, porque después de la charla entra en escena Jaume Collboni. Sí, como quien no quiere la cosa, el primer invitado del programa es el alcalde del PSC de Barcelona. Masaje a ocho manos, evidentemente. Todo, cosas sin ningún tipo de interés para los barceloneses, y Collboni no se priva de jugar todas las bazas que tiene a su disposición. Que si su padre enfermo, que si su madre con Alzheimer, que si contar cómo le pidió ser novietes su hombre. Se supone que no es una intervención política, pero el afán despolitizado de la pornografía sentimental del alcalde de Barcelona en la televisión española el día de Sant Jordi, si es algo, es político. “¿Los políticos hablan lo bastante del amor?”, pregunta Rosel. “Sant Jordi es el mejor día del año”, enlaza Collboni. Porque folklorizar es el método de españolizar preferido de los socialistas, siempre. “Hablamos poco del desamor”. ¿En qué tipo de universo hay que haber vivido para preguntarse si uno de los motores más universales de todas las disciplinas artísticas es un tema poco tratado? “Usted liga más desde que es alcalde”. Bueno, como veis, estimados lectores, esto nuevo de Rosel es como un accidente de coche: espantoso, pero tan espantoso que no puedes apartar la mirada. Y empalagoso como nada que servidora haya visto nunca.
A continuación, se sucede una sucesión de secciones que se viven como un Dragon Khan. Un chico que se llama Víctor Lafuente va a la 080 a hacer entrevistas y a explicarnos por qué va vestido como un cocainómano. No es necesario que detalle que una parte nada despreciable de los entrevistados responde en castellano y que hasta el propio Lafuente pregunta en castellano en determinadas ocasiones. El canal en catalán de la televisión española, ¿eh? Acto seguido, comentan la sección en la mesa de la contracultura, y Jordi Basté profiere alabanzas a las olimpiadas del 92. En este momento, la peste a naftalina socialista ya resulta insoportable. Aluego, aparece un señor a hablar de la IA. Os preguntaréis, estimados lectores, qué pinta la IA en todo esto. Es una seccioncita que toma sentido cuando el seccionista recomienda un libro sobre IA en castellano. No sé si empezáis a ver por dónde van los tiros del contenido aparentemente despolitizado del canal en catalán de la televisión española, pero me parece que solo un cínico o un indigente intelectual no podrían o no querrían ver las intenciones. Para colmo, aparece Joan Dausà y canta un tema con esa intensidad impostada tan suya. La estocada cursi final.
Si habéis ido viendo por dónde va la cosa, toda esta masa pegajosa, falta de coherencia interna de puertas para afuera, tiene una coherencia interna incontestable de puertas para adentro. Un Sant Jordi descatalanizado para hablar del amor, un nivel intelectual bajo tierra, hacer caer simpático al alcalde de Barcelona ofreciéndole un espacio para airear sus intimidades, amarillismo de pacotilla por parte de los participantes —porque son todos mediáticos—, ningún tipo de conciencia lingüística detrás de las seccioncitas. Un programa que parece hecho para apuntalar una rebaja cultural que permita hacernos más manipulables, para distraernos mientras hacen el avioncito con la cuchara de papillas que nos acaban metiendo en la boca sin miramientos. Una cagarruta azucarada, pero una cagarruta, al fin y al cabo. “No se n’ha parlat prou” pretende ser entretenimiento, pero creo que es la cuña política más descarada que se ha emitido nunca en democracia en Catalunya. Es una muestra más de que despolitización es descatalanización y, por lo tanto, españolización. Es una escenificación del mal gusto, un producto televisivo de mala calidad y una prueba evidente de que, en la Catalunya de los socialistas, la realidad tiene que parecer una cosa para que pueda ser otra. Estimados lectores, gracias por leerme. Hasta la vista.