Ahora que hemos llegado al colmo del absurdo, es decir, que hay personas que creen y afirman —sin que les tiemble la voz y en castellano— que para ser catalán no hace falta hablar catalán y que exigir el catalán en Catalunya es ser un fascista cruel y sin sentimientos, me gustaría hablaros de los bombachos de Gabriel Rufián. De los que lleva puestos cuando hace discursos sensacionalistas para convencer a los electores de que le voten; no de los que lleva cuando está en el Congreso o cuando le ingresan la nómina (muy modesta, por supuesto) a final de mes. De los que lleva cuando dice, en un catalán de persona que no ha tenido ningún interés en aprenderlo o directamente en castellano, que los catalanes somos unos fascistas por exigir que los recién llegados hablen catalán. De los que lleva cuando se pregunta de qué serveis (en vez de serveix) hablar un catalán perfecto si no te pones unos bombachos para sacar a tu pueblo de la miseria mientras cobras un sueldo que podría sacar de la miseria a unas cuantas familias de las que dices que quieres salvar. De los que lleva cuando hace discursos íntegramente en castellano para no ofender a los castellanohablantes que viven en Catalunya. De los que lleva cuando dice una frase en catalán con fonética castellana y repleta de castellanismos para que los catalanohablantes de Catalunya no puedan decir que no los tiene en cuenta. De los que lleva cuando afirma en castellano que es independentista y que quiere ser el president de Catalunya. Como diría cantando Miki Núñez: Gabriel Rufián, ¡no me lo esperaba! O quizá sí.
De estos bombachos os hablo. De los que se convertirán en el símbolo más universal y reconocible de la lucha y de la liberación del pueblo oprimido. Del español, quiero decir; no del catalán, que todo el mundo sabe que siempre ha sido el opresor. De los que se pone junto con una chaqueta vaquera para luchar contra la extrema derecha (el monstruo que se ha inventado para ir escalando posiciones en la Generalitat y en la Moncloa). Del monstruo de la extrema izquierda, en cambio, no dice nada. Como si no existiera. Quizá todavía no se ha manifestado con suficiente intensidad y claridad. Quizá le hace falta destrozar alguna tienda o algún edificio histórico más. Pues opino que estos bombachos realzan mucho su demagogia; tanto o más que el uniforme vaquero que se puso Pedro Sánchez para ir a La Revuelta a hablar de todo lo que ha hecho por el pueblo español.
La gente no abandona a toda la familia y emigra a otro país para reconstruirlo, sino por necesidad. Y, por lo tanto, lo mínimo que puedes hacer para agradecerles la acogida y que puedas trabajar y ganarte la vida es aprender su lengua y no llamarlos fascistas
Ahora, como es lógico, la pregunta que me ronda por la cabeza es: ¿si Gabriel Rufián, gracias a los bombachos oversize, consigue ser president de la Generalitat y declarar la independencia de Catalunya (porque entiendo que, como miembro del partido independentista que es, la declarará), convertirá el catalán y el occitano en las únicas lenguas oficiales de Catalunya y en un requisito imprescindible para poder vivir y trabajar allí, o aceptará que el castellano también sea oficial para no traumatizar a los castellanohablantes (que se verían forzados a aprender una lengua nueva)? Me temo que, por su historia familiar, o por la historia que se ha montado él solito dentro de su cabeza —la de unos andaluces altruistas que se fueron de una Andalucía próspera y rica para levantar una Catalunya llena de catalanes prepotentes que vivían en la miseria absoluta—, y por el hecho de que le cueste tanto hablar un catalán perfecto, se decantará hacia la españolización de Catalunya. Pero siempre podría pasar que los bombachos abrieran sus ojos y entendiera de una vez que, cuando te vas de un país, no lo haces para irte a salvar a otro país, sino para sobrevivir. Que la gente no abandona a toda la familia y emigra a otro país para reconstruirlo, sino por necesidad (o porque es la excusa perfecta para no aguantar más a tu familia). Y que, por lo tanto, lo mínimo que puedes hacer para agradecerles la acogida y que puedas trabajar y ganarte la vida (o vivir de sus ayudas y utilizar todos los servicios públicos sin aportar nada) es aprender su lengua y no llamarlos fascistas. Pero los bombachos te quedan muy bien, de verdad.