Anteayer saltaba la sorpresa y sabíamos que Ernest Maragall será el alcaldable de Esquerra para las elecciones municipales de 2023. Para disimular que en ERC a los candidatos los escoge directamente Junqueras, la sectorial barcelonesa de los republicanos organizó un encuentro que han tenido el morro de llamar primarias en las que Maragall (renombrado simplemente y de forma curiosa como "Ernest" por el Komintern de sus publicistas) consiguió 476 votos a favor y 55 en blanco; todo, un 90% del sufragio, en una lucha apasionante en la cual participaba contra nadie. La Nueva Convergència no es el único partido que pervierte la democracia a la hora de escoger alcaldables. A pesar de que el código ético de los comuns limita sus cabezas de lista a dos mandatos, Ada Colau anunció recientemente que aspiraría a un tercero y lo justificó de una forma netamente comunista: según la alcaldesa, fueron las propias bases del partido las que se lo exigieron, votando una excepción a un código ético que ya no es ni código ni ético, por el simple hecho de incluir enmiendas a sus directrices.
A todo ello podéis añadir la reciente partición de Junts por obra y gracia de las divas Borràs y Turull, la similar pantomima que prepara al PSC para Barcelona... y etcétera. El hecho es destacable, no sólo porque unas elecciones internas que no llegan al medio millar de votos de una militancia digamos poco objetiva puedan decidir el devenir de una de las ciudades más importantes del mundo. Eso ya sería bastante delirante, pero también hay que añadir la asunción implícita por los partidos de obediencia catalana de unas prácticas que se pueden considerar tan ancestrales como se quiera, pero que no son democráticas. Bajemos el listón y expliquemos cosas muy básicas: unas primarias tienen que surgir del pluralismo político, con respecto a candidatos y programas, y exigen que las propuestas de sus aspirantes se hagan lo más accesibles posible a una determinada militancia y, todavía más deseable, al común de los ciudadanos. Eso que han hecho Esquerra y los comuns no son unas primarias: son una burla nauseabunda que tendría que ser escarnecida por la militancia y los electores.
En política, las rosas nunca salen del barro, y unas formaciones sin democracia sólo pueden provocar una mayor falta de democracia
El problema, queridos lectores, es doble. Primero, entre las 476 personas que han votado a Ernest se encontrarán muchos de los futuros trabajadores y cargos de confianza que Maragall fichará en el Ayuntamiento en caso de ser alcalde. Lo único exclusivo de toda esta gente, en definitiva, es tener trabajo muy pronto. Como entenderéis perfectamente, el futuro de Barcelona, la salud de la democracia y poned todo aquello loable que imaginéis... les resuda los cascabeles y la almeja. Esta, por mucho que duela como fuente implícita de corrupción política, es la anécdota del tema: pues aquí lo importante es ver cómo, mediante estas prácticas dictatoriales, el independentismo pierde su razón de ser. Si el secesionismo se planteó como opción de poder alrededor de 2010, a pesar de las mentiras y traiciones posteriores de tutti quanti, fue porque conformó un movimiento con mucha sed de democracia. La independencia era una buena idea porque, más allá de folclores y nacionalismos, apelaba a la fuerza directa del voto. Así hizo el 1-O y así se superó incluso la violencia policial.
Digámoslo bien claro. Unos partidos que se mean en la democracia a nivel interno nunca producirán una sociedad más libre. Unas estructuras de poder que tienen como objetivo reproducir los mandantes de un cenáculo de líderes (la mayoría de ellos mentirosos contrastados) no llevará nunca a la liberación de nada. En política, las rosas nunca salen del barro, y unas formaciones sin democracia sólo pueden provocar una mayor falta de democracia. ¿Y qué podemos hacer?, pregunta el lector ante tanto morro y la consecuente intemperie que experimenta. Pues muy fácil, e insistiré las veces que haga falta de aquí a las municipales: la única forma de regenerar el sistema democrático catalán es una abstención masiva en los próximos comicios. La lucha de la independencia la teníamos que ganar votando. Después de la traición, sólo la podremos mantener dejando de votar a sus ilusos enterradores. Creedme.
