Decía Tácito (el auténtico, no Baena) que “el poder conseguido por medios culpables nunca se ejercitó en buenos propósitos”.

Y es que a veces no sé ya de qué me extraño. No sé bien por qué me agarro estos cabreos, por qué entro al trapo y por qué me emociono si me plantean soluciones. Debería estar escarmentada. Deberíais estar escarmentados.

Es como disgustarte cuando tu amiga, “la trolas”, te miente. Si sabes cómo es, lo inteligente sería aprender a no creerte nada. Pero no hay manera.

De qué me extraño cuando Tajani dice que no puede considerar a Puigdemont, Comín,o Junqueras como diputados porque no aparecen en la lista que ha recibido. El mismo que dio aviso en plan chusquero para impedir que dos de ellos entrasen a acreditarse. El mismo que no contó con nadie para hacerlo. El que no ha contestado a sus compañeros de Mesa del Parlamento que le han pedido explicaciones por ello.

El que fue enviado a Bruselas por Berlusconi. El que no permitió que Puigdemont diera una conferencia pero sí invitó al “presidente” Guaidó a la Eurocámara. Ese. El que decía que Rajoy era un ejemplo porque “habló poco e hizo mucho”.

Desde España pidieron que retirase las acreditaciones que ya habían dado a otros eurodiputados ese mismo día. Tenían que disimular porque se suponía que sin jurar o prometer la Constitución no se podía ser eurodiputado. Así que le pidieron a Antonio Tajani que disimulara. Y lo hizo.

Pero al tramposo se le pilla enseguida y ahí estaba Dolors Montserrat anunciando lo contenta que estaba por haber colocado a su compañero dentro de la dirección del grupo político en la Eurocámara. O sea: que si hay que saltarse el teatro contra los indepes para pillar sillones, se hace.

Y esto pasó después de que el Supremo le dijera al Tribunal Superior de Madrid que hiciera el favor y no le hiciera tener que decirle que la decisión de la Junta Electoral Central estaba pudiendo prevaricar. Fue una colleja después de la que se lió.

Porque el Supremo no podía comportarse así. Ni el TSJCM, que no debía haberle pasado la pelota al Supremo. Pero es que, claro, lo que no tenía que haber hecho la JEC era impedir la candidatura sin razón y dar dos horas para buscar sustitutos. Claro, es que todo es muy complicado cuando no dejan de hacer trampas.

Y esto viene del exilio, y de las euroórdenes, y de las balizas en los coches, y de las amenazas impunes, y de las pruebas falsas, testigos que mienten, “mentiras que ganan juicios tan sumarios que envilecen el cristal de los acuarios de los peces de ciudad”, que diría mi querido Pancho Varona (aunque todo el mundo piense que es de Sabina).

Es bueno indignarse y recordar. Para saber hacia dónde hemos de ir y a dónde nunca queremos volver

De qué me sorprendo. Parece mentira. Y me irrito cuando el Supremo reconoce a Franco desde el octubre de 1936. Y cuando Vox aparece para quedarse. Y cuando los periodistas mienten. Cuando mienten mientras te dicen que te explican las mentiras.

Me indigna que entrevistar a Otegi suponga blanquear el terrorismo. Me enerva ver tanto espíritu cerrado que no quiere escuchar. ¡No quieren escuchar! ¿Se puede ser más cafre? Presionar para que no se respete un derecho fundamental de la ciudadanía. Y hacerlo desde organizaciones políticas con representación institucional. Los que desayunan, comen, meriendan y cenan Constitución. Los mismos.

Hordas de abanderados por la moralidad que ponen el grito en el cielo exigiendo disculpas, cuando son incapaces de exigirlas de otros que más bien les pillan cerca: con más de cien mil desaparecidos en la mal llamada Guerra Civil (porque fue un golpe de estado que tardó tres años en concluirse), muchos de ellos en paradero aún desconocido. En fosas, en cunetas, en Cuelgamuros. Los que no se pronuncian cuando hace unos días escuchábamos cómo alguien decía que los que allí fueron condenados a trabajos forzados, siendo presos políticos, “iban voluntariamente”. Cuando el Supremo acaba de paralizar la exhumación de Franco de un mausoleo indigno.

Me cuesta creer todavía que se hayan podido cuantificar en 4.100 las torturas constatadas por el gobierno vasco. Que aquí aún no sabemos todo lo que deberíamos saber sobre los GAL. Me pregunto si a Felipe González se le ha exigido que pida perdón por aquello como exigencia para entrevistarle. O a Aznar por meternos en una guerra ilegal a la que nos llevó con mentiras y en contra de nuestra voluntad. ¿Ha dicho alguien algo parecido a una disculpa? Igual con tanto cabreo no la he escuchado.

ETA ha sido lo peor que le ha pasado a este país en los últimos años. Y también lo ha sido el abuso de la fuerza utilizando medios ilegales, fondos reservados para saltarse el estado de derecho.

Me indigna ver que no habrá manera de construir sobre una base firme. ¿Por qué no hablan? ¿Por qué no escuchan? ¿Por qué no reconocen errores propios y aciertos ajenos?

El 23 de febrero de este año Tejero escribió de su puño y letra que el golpe de estado lo dirigió la Casa Real. Y aquí no pasa nada. Hablemos de la puesta de largo de María Victoria. De la boda de no sé quien. 

Así igual nadie se entera de que a la mitad de este país le deben una explicación. Llevamos 80 años esperando: información, justicia, que se devuelva lo robado, que se paguen penas por las aberraciones cometidas. 

Pero los que están en la cárcel son los que pusieron urnas. 

Es bueno indignarse y recordar. Para saber hacia dónde hemos de ir y a dónde nunca queremos volver. Porque la indignación es un motor legítimo. La ira no. Y fue con ira con lo que se hicieron con todo, por eso, como decía Tácito, nada bueno podemos esperar de ellos.

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