El terrible asesinato del pequeño Alex en un pueblo de La Rioja supone un dolor inmenso para la sociedad, y especialmente para quienes somos madres y padres. El temor que se siente sabiendo que hay monstruos entre nosotros no nos permite bajar la guardia ni un instante. 

Las madres solemos vivir en alerta continuamente: "Cuidado con esto, cuidado con lo otro, no te subas, vigila...". Es difícil marcar unas líneas sin caer en el exceso de celo, sin ser excesivamente controladoras, sin llegar a asfixiar a nuestros pequeños. Y con las noticias que nos caen como una jarra de agua helada, todavía más complicado contenerse. 

No podemos vivir pensando que en todas partes hay peligro. Porque si no, no saldríamos. Tampoco podemos vivir de espaldas a la realidad. Y hablar con nuestros hijos de lo que puede pasar es importante. 

Del caso de Lardero hemos podido saber que el monstruo merodeaba los parques de la zona, que intentaba acercarse a los niños y niñas que jugaban allí por las tardes. Sobre todo a las niñas. Que con cualquier excusa les invitaba a su casa: a ver unos cachorritos, unos pajaritos... Los niños de la zona ya estaban alerta con el personaje, y de hecho habían llegado a hacerle alguna foto. En los chats de los padres y madres también se había hecho alusión al tipo raro que solía estar en el parque, o mirando desde la ventana de su casa (frente al parque y al colegio). 

En sitios pequeños se detecta rápidamente a quien tiene comportamientos extraños. Y en Lardero, en esta zona concreta, ya habían llamado a la policía para alertar del individuo después de haber intentado llevarse a un par de niñas. 

Fue precisamente una de ellas la que, según se ha publicado, señaló donde vivía el señor que había intentado llevársela hace unos días. Y así fue como tres padres, que salieron en busca de Alex, entraron en el portal y recorrieron piso a piso cada puerta buscando al monstruo. 

¿Cómo es posible que un monstruo con semejantes antecedentes, como haber asesinado a una joven a la que engañó para que le enseñara un piso de una inmobiliaria, que reconoció no estar listo para ser puesto en libertad y que previamente había cumplido condena por violación, esté en la calle sin ningún tipo de vigilancia?

De este terrible suceso me parece que hay varias cuestiones a subrayar: en primer lugar, la importancia de hablar con nuestros hijos, explicarles claramente la importancia de cómo hay que actuar en caso de que un monstruo de estos se acerque a ellos. Cómo actuar si un día se despistan, se pierden o alguien viene a "invitarles" a ver algo que les pueda parecer maravilloso. A veces pasamos por alto esta conversación, o no nos parece conveniente "asustarles". Pero en vista de las reacciones de los distintos niños con este caso, bien podemos subrayarlo en casa. No está de más. 

Cómo debemos actuar los adultos cuando veamos que algo no encaja: tomemos imágenes, avisemos a las autoridades y asegurémonos de que tomarán cartas en el asunto. Porque en este caso fueron alertados los policías por madres de la zona hace unos días. Los vecinos piensan que el asesinato de Alex se podía haber evitado si se hubiera prestado atención a los avisos de las madres: si se hubiera querido poner un poco de atención, revisar los hechos, intensificar la vigilancia en la zona. Porque seguramente en un lugar tan pequeño, donde casi todos se conocen, no habría sido complicado averiguar quién era ese tipo que merodeaba el parque, invitaba a los niños a su casa y decía "no querer líos con los padres". 

Y la reflexión inevitable: ¿cómo es posible que la policía pase por alto los avisos de hechos tan serios por parte de las madres? ¿Cómo puede quedar en un cajón la llamada de una madre cuando relata que a su hija se le ha acercado un señor intentando llevarla a su casa? ¿Cómo explicar que no sólo no ha sido una vez, sino que han sido varias las familias que han alertado?

¿Cómo es posible que un monstruo con semejantes antecedentes, como haber asesinado a una joven a la que engañó para que le enseñara un piso de una inmobiliaria, reconociendo haberse excitado sexualmente mientras la veía morir desangrada (y me ahorro más detalles), que reconoció no estar listo para ser puesto en libertad y que previamente había cumplido condena por violación, esté en la calle sin ningún tipo de vigilancia? ¿Cómo es posible que semejante monstruo fuera juzgado y no se considerase que tuviera ningún tipo de problema de salud mental? 

El asunto se está utilizando para defender la prisión permanente revisable. De lo que no se habla es de cómo se afrontan los problemas de salud mental y la comisión de delitos por su parte. Son personas que en muchos casos viven solas, pues las familias han desistido, o no quieren hacerse responsables de ellos por las dificultades que conlleva. Hablamos de perfiles peligrosos que debido a sus graves problemas mentales deberían tener la atención necesaria en lugares idóneos de la mano de profesionales. No se trata de encerrarlos en prisión cuando en realidad lo que quizás necesiten sea un centro psiquiátrico, un tratamiento y, desde luego, un planteamiento vital vigilado por profesionales. 

Creo que la manera de plantearse debe abordar esta cuestión: ¿cómo actúan los familiares de una persona peligrosa con problemas de salud mental? Hacerles responsables a ellos, que es lo que sucede actualmente, es una temeridad. Ya lo hemos visto con el caso de la doctora Noelia de Mingo, que después de ser puesta en libertad tras haber asesinado a tres personas en la Fundación Jiménez Díaz, volvió a agredir con un cuchillo a dos mujeres hace un par de meses. La tutela había recaído en su madre, una mujer octogenaria que no podía hacerse con ella, a la que no hacía caso sobre la medicación y de la que se zafaba en cuanto le era posible. 

No se trata de criminalizar a los enfermos mentales. Pero sí hay que establecer protocolos claros para que, cuando estas personas puedan ser peligrosas, se actúe de manera inmediata. Porque a la hora de la verdad hay que llegar demasiado lejos para que los agentes intervengan y la justicia haga algo. Son innumerables las denuncias que se quedan sin respuesta mientras las víctimas viven absolutamente atemorizadas. Y por desgracia, cuando suceden casos terribles, es habitual que hubiera previamente llamadas, avisos, denuncias que no se atendieron. Y de esta cuestión hay que hablar alto y claro, porque cualquiera que haya tenido que acudir a una comisaría a denunciar sabe de lo que hablo.