El protocolo de vacunación del Ministerio de Sanidad, actualizado el pasado 18 de diciembre, establece que los grupos prioritarios durante la primera fase de inmunización ante la COVID-19 son los residentes y personal sociosanitario que trabaja en residencias de mayores y de atención a grandes dependientes, así como al personal de primera línea en el ámbito sanitario y sociosanitario. 

Queda claro así, que “la vacunación se centrará solamente en el personal que de manera específica realiza actividades que exigen contacto estrecho con personas que puedan estar infectadas por SARS-COV-2”. 

Durante los últimos días estamos asistiendo, atónitos, a noticias que revelan casos en los que algunas personas se han servido de sus cargos políticos, militares o eclesiásticos para administrarse la vacuna sin cumplir los requisitos que los protocolos establecen. 

Casos como el del consejero de Salud de Murcia, Manuel Villegas, que se vacunó junto a 400 trabajadores de su consejería han terminado en dimisión. Villegas es médico, cardiólogo concretamente, pero no ha realizado ninguna labor médica desde que es consejero. Por tanto, parece que no se justifica el hecho de que se le haya administrado la vacuna, tanto a él como al personal de la Consejería que realiza labores meramente técnicas y no trata con personas infectadas como parte de su labor. 

La dimisión del consejero de Murcia sirvió de ejemplo para marcar el camino a los alcaldes y concejales socialistas que también se pusieron la vacuna saltándose el protocolo. 

El alcalde de la localidad aragonesa de AsínRogelio Garcés; el alcalde de la localidad valenciana de El Verger, Ximo Coll; la alcaldesa de Els PobletsCarolina Vives;  el de Rafelbunyol, Fran López; la alcaldesa de Torrecampo, en CórdonaFrancisca Alamillo; el alcalde de Alcaracejos,  José Luis Cabrera; la de Molina de Segura, en Murcia, Esther Clavero; el de Villavicencio de los Caballeros, en Valladolid, Alberto de Paz; las concejalas de Bonares, en Huelva, Dolores del Rocío Galán; de Castrillón en Asturias, Carmen Piedralba; y de Plasencia, en Cáceres, Soraya Cobos, todos ellos, vacunándose sin cumplir los protocolos, pusieron al PSOE frente a las cuerdas. Desde el partido les han reprochado su actitud, y han pedido la dimisión de sus cargos públicos. 

El Partido Socialista de Valencia abrió un expediente disciplinario a los tres alcaldes de la Comunidad Valenciana, y el presidente de la Generalitat valenciana, Ximo Puig, anunció que a estas personas no se les administrará la segunda dosis.  Una decisión que no comparte, sin embargo, el presidente del Comité de Bioética, Federico de Montalvo ha explicado esta semana que sí que habría que administrar la segunda dosis a toda persona que haya recibido la primera, sea quien sea. Porque de lo contrario, “se estaría jugando con la salud de las personas”. Y yo, personalmente, estoy de acuerdo con este señor. No se trata ahora de castigar a nadie jugando con las vacunas (porque si no se ponen la segunda dosis, sería como haber tirado las primeras a la basura, y en cualquier caso, la protección que da la vacuna no es únicamente para quien se la pone, sino para los demás. Por eso son tan importantes a nivel comunitario las campañas de vacunación). 

Hemos conocido también la vacunación del JEMAD, que dimitió al salir a la luz o la vacunación del Obispo de Mallorca, de la que se tuvo que dar explicaciones desde el Obispado y pedir disculpas, a pesar de que Taltavull forma parte de la unidad sanitaria de la residencia de Sant Pere y Sant Bernat de Palma, donde tiene un apartamento aunque no vive habitualmente en él. Una fina línea que genera dudas sobre si realmente debía o no vacunarse. 

Sin embargo, no todos los casos que se han denunciado han sido iguales. Concretamente ha habido uno, en particular, que me ha parecido necesario aclarar ante la opinión pública.

Uno de los casos con los que más escarnio público se ha hecho ha sido el de la alcaldesa de Tossa de Mar, Imma Colom. Los medios de comunicación han tratado, en algunos casos, con absoluta brutalidad a esta mujer olvidando el rigor informativo. Se han querido ocultar hechos relevantes y, además, se ha querido utilizar este asunto en el inicio de la campaña electoral de las elecciones catalanas

Llama la atención poderosamente cómo se ha tratado este caso en comparación con todos los demás, sobre todo desde la perspectiva de la comunicación. Porque no se trata de una alcaldesa que se vacuna pasando por encima del protocolo, aunque así hayan querido contarlo. A continuación explicaré por qué.

Sirva este ejemplo de la doctora Colom para recordar que no todo vale en política, que no todo vale en comunicación y que, si hablamos de honestidad en esta ocasión, refiriéndonos a quienes de manera egoísta se han puesto las vacunas sin cumplir con los requisitos legalmente establecidos, habría que hablar también de la honestidad de quienes deben dar la información de manera contrastada y sin motivaciones o intereses que vayan más allá de contar la verdad. Y con el caso de la alcaldesa de Tossa de Mar esto no ha sucedido. 

Imma Colom es médico de profesión. Ha trabajado durante toda su vida como médico de familia en el Centro de Atención Primaria en el pueblo del que fue y ha vuelto a ser alcaldesa, que cuenta con una población de 5.818 habitantes. 

Ya cuando era concejal, peleó desde la política para defender la residencia de mayores.

Desde el pueblo me cuentan que Imma ha sido siempre una médica vocacional, de las que ha tenido siempre la puerta abierta, a cualquier hora del día o de la noche para atender a quien hiciera falta.

Los mayores de la residencia han sido atendidos por ella durante años, y ahora, cuando la llaman, lo hacen debido a los 17 años, que lleva acudiendo de forma voluntaria a atender cuando es preciso. 

Imma es la hija mayor de cuatro hermanos, de unos padres trabajadores, que tuvieron una pequeña tienda de alimentación. Los que la conocen recuerdan cómo, cuando no era capaz de asomar su cabeza al otro lado del mostrador, ya era capaz de charlar y hacerse amiga de la clientela. Todos recuerdan sus dotes para las relaciones sociales desde bien pequeña. "Lo que a Imma le ha llamado siempre es estar en contacto con la gente, ayudar a los demás. Ya sea como médica o como política, siempre se ha preocupado por la salud y por aquellas personas olvidadas en nuestra sociedad, que ahora por desgracia, comprobamos que son nuestros mayores", me explica una vecina del pueblo.

Siempre tuvo claro que ella quería ser médico, curar y ayudar. Y lo consiguió. Se licenció en medicina y ejerció siempre como médico de familia, algo que en los pueblos supone no tener horario y establecer un vínculo estrecho no sólo con los pacientes, sino con las familias. Por eso, cuando Colom se involucró en política, nunca dejó de ejercer su profesión. Junto a un equipo de médicos jóvenes organizaron un centro médico con distintas especialidades, donde ella mantuvo el contacto con los pacientes. 

Pero además, desde hace 17 años, Imma acude a la residencia de mayores a echar una mano, de forma voluntaria, para cubrir aquellas urgencias que se producen por las noches o los fines de semana, cuando el Centro de Atención Primaria está cerrado y la cercanía de Imma sirve para atender de forma inmediata las necesidades que puedan surgir. 

La residencia de mayores tiene una médico asignada, además de que cada uno de los usuarios tiene su propio médico asignado en el sistema de salud, el Centro de Atención Primaria, donde precisamente Imma era la médico. 

A pesar de que el centro de mayores tiene una médico asignada, una profesional del PADES. Presta sus servicios durante dos días a la semana, por lo que hay momentos en los que se dan necesidades para las que Colom se ofreció en su día y ha mantenido durante casi veinte años. No cobra por ello.

El contacto estrecho y directo con los usuarios de la residencia es más que evidente. Colabora como médico. Y por esta razón, su nombre estaba en el listado del personal sanitario que debería vacunarse para poder atender de forma segura a los usuarios. Si no se hubiera vacunado, no podría ayudar como lo hace, ni acudir cuando le llaman para una urgencia. Basta con preguntar a familiares de los usuarios de la residencia si consideran que la ayuda de Colom es positiva o no para entender su labor y servicio. 

Lo de ponerse la vacuna no ha sido una cuestión que tenga que ver con la protección de la alcaldesa, sino de los usuarios a los que ella atiende. Una cuestión evidente, a no ser que alguien quiera intentar retorcer tanto la realidad como para cuestionar a una persona que se vuelca en su ámbito, que es el de la medicina, de manera absolutamente vocacional. 

Tan vocacional como para también aprovechar el hecho de que debía vacunarsese para dar ejemplo a sus vecinos. También me han contado que al llegar las vacunas, hubo muchas reticencias a ponérselas por parte de distintas personas. Por este motivo, Colom quiso visibilizar que ella, como médica, daba ejemplo y se vacunaba. Para que cundiera el ejemplo y muchos perdieran el miedo. Fue por esta razón por la que hizo públicas las fotos del momento de su vacunación: porque así, siendo consciente de que todo el mundo en el pueblo la reconoce como la médico -más allá de algo temporal que es lo de alcaldesa, un cargo que tuvo y que hace un año ha vuelto a tener-, era una manera de dar tranquilidad a los mayores y animar a todos a vacunarse. 

O sea: que el caso es que no hay caso.

Pero lo que se ha contado en algunos medios de comunicación ha sido tan aberrante, que a mí, personalmente, me ha indignado. Me da igual del partido que sea esta señora, me da absolutamente igual su ideología. Lo que no soporto es la injusticia, lo que me hace hervir la sangre es la mala leche que hay que tener para atacar a alguien que, en su día a día, demuestra entregarse a su vocación, que es la medicina. Porque conozco a muchos médicos que son exactamente igual: que te atienden cuando sea, donde sea y las veces que haga falta. 

¿Nunca han presenciado la típica escena de: “Hay un médico aquí”? Siempre aparece alguien para ayudar. Porque los que son vocacionales, están siempre a disposición. Y en estas circunstancias, me consta que lo estamos viendo todos. 

Por eso, cuando vi a una señora de la oposición mezclando todo lo habido y por haber (y sobre todo lo que no hay), cuando vi que tardaba demasiados segundos en dar con la clave del tema (que Imma Colom ha sido siempre la médica del pueblo), cuando vi que se pretendía lanzar sombra o sospecha sobre su actividad, cuando a pesar de leer el protocolo, y comprobarse claramente que ella lo cumple se quiso seguir insistiendo y retorciendo la realidad, me revolví. Y me dispuse a averiguar quién era la alcaldesa de Tossa de Mar, a preguntar a los vecinos del pueblo, a contrastar la información. 

He podido constatar que el pueblo se ha volcado con ella estos días. No comprenden cómo se ha podido querer generar una confrontación política de algo tan sensible y tan serio como el hecho de que una médico, que atiende a los vecinos (algo conocido por todos allí), pueda ser cuestionada públicamente por ello.

Y comprobé que el espectáculo que se estaba dando en televisión era absolutamente indigno. Era un linchamiento público basado en tergiversaciones, pasando por encima del respeto a una mujer que lo único que ha hecho ha sido colaborar voluntariamente en una residencia de mayores y que le han vacunado porque le toca, para proteger a los usuarios. Y tratar de hacer algún tipo de campaña política con semejante cuestión dice muy poco de quienes están haciendo un ridículo espantoso. No hablo de partidos, no hablo de siglas, hablo de conciencia y de ética. Hablo de responsabilidad vecinal. No todo vale en política

Parece que esta gente que tanto la critica preferiría que Colom no acudiera de ninguna de las maneras a la residencia de mayores, que cuando hiciera falta, buscasen a otra. Parece que molesta que haya quién ofrezca sus servicios, tan necesarios ahora, de manera absolutamente gratuita. Resulta que Colom, que atiende y cuida, de manera regular, pero voluntaria, según sus enemigos, no debería ponerse la vacuna. Aquí radica lo más sangrante del asunto:  Porque si cobrara por las labores que hace en la residencia, estaría entonces de sobra justificado por ellos. 

¿Les parecería correcto, entonces, que Colom siguiera acudiendo cuando le llamasen para una urgencia, a tratar a los mayores, sin haber sido vacunada? Seguro que si lo hiciera, el escándalo se formaría porque estaría poniendo en riesgo a los usuarios de la residencia por no haberse vacunado.

Sí, analizar las cosas contrastando los hechos pone ahora sobre la evidencia algo tan absurdo como esto: si Colom cobrase por el trabajo que voluntariamente realiza, no podrían haberle reprochado nada. Pero como resulta que lo hace gratis, algunos consideran que merece las brutales criticas sin fundamento. 

No conozco personalmente a esta mujer, pero créanme, a raíz de esta noticia, estoy sinceramente deseando acudir personalmente a darle un abrazo y las gracias. Por cuidar de los mayores, por hacerlo de verdad, durante toda su vida profesional y ahora, cuando bien podría no hacerlo -tiene trabajo y le pagan por ello como alcaldesa-. 

En un momento en el que es aberrante el trato que se da a nuestros mayores, cuando estamos conociendo noticias de auténtico terror, yo me quito el sombrero ante esta señora de Tossa de Mar que ha garantizado que no les faltase un médico en ningún momento. Poniendo su tiempo y su experiencia al servicio de quienes más lo necesitan. 

Sólo puedo añadir que quienes han intentado hacer una campaña de desprestigio a esta señora, que se lo hagan mirar. Nada tiene que ver con los demás casos, absolutamente nada. No todo vale para generar escándalo y descrédito.

Necesitamos más mujeres como ella en política y que se vacunen es sobre todo, una muestra más del cuidado a nuestros mayores. Supongo que esto lo han tenido claro cuando, al pedir su reprobación como alcaldesa, el tiro les salió por la culata y la mayoría de los votos fueron negativos. Es la prueba de que el sentido común ha imperado.

No se ha vacunado a una alcaldesa, se ha vacunado a una médica que ejerce, vocacionalmente, su profesión.