En tiempos de guerra siempre escucho la misma canción. La Milonga del moro judío, de Drexler.
Siempre hay algo que me lleva a ella. Y leyendo algunas cosas que leo, escuchando algunas cosas que escucho… me viene ahora eso de “no hay muerto que no me duela, no hay un bando ganador… no hay nada más que dolor y otra vida que se vuela”.
“La guerra es muy mala escuela, no importa el disfraz que viste. Perdonen que no me aliste bajo ninguna bandera.”
Y casi nadie puede dudar ya de que nos encontramos en una guerra, una que son muchas a la vez. La más evidente: una batalla contra un virus, claro. Algo que en un principio se intentó minimizar, y de hecho alguno sigue en esa; pero que a día de hoy solamente los más torpes y temerarios no tratan como se merece. Ya no tiene sentido decir que este bicho es como una gripe, porque no lo es. Porque también afecta a personas sanas, y les puede llegar a costar la muerte. Como a gente joven. Nadie está totalmente a salvo de no caer y no se sabe bien, cuando uno cae y sale, qué es lo que vendrá después.
Más allá de esa guerra, de la evidente, hay más batallas. Basta con mirar un mapa del mundo para darse cuenta de dónde están las dichosas bolitas rojas, como si fueran bombas, todas concentradas de pronto en Europa, en Estados Unidos. Ayer, en China.
Mucho se escribe sobre si el virus surgió en Asia, o si fueron los americanos quienes lo llevaron allí. Seguramente nunca lo sepamos seguro, y desde luego, como ocurrió con la guerra de Irak y las armas de destrucción masiva, nos enteraremos tarde y sin que nadie asuma su responsabilidad. Pero en esa guerra es interesante pararse a observar, ahora que tenemos tiempo. Y recapacitar: ¿cuántos muertos produce la contaminación en el mundo?
Pues según la última estimación publicada por el European Heart Journal, la contaminación en el aire produciría 8,8 millones de muertes anuales en todo el mundo. Más letal que el tabaco, que causa siete. Es la cuarta causa de muerte a nivel mundial.
Solamente en Europa estaríamos hablando de 790.000 muertes. La esperanza media de vida de los europeos se reduce dos años a causa de la polución.
En todo el mundo, según el estudio, la contaminación del aire sería responsable de 120 muertes prematuras por cada 100.000 habitantes. En Europa la ratio sería de 133 personas, debido a la densidad de población que hay. O sea: 133 personas por cada 100.000 habitantes.
En España la contaminación supone 10.000 muertes directas al año. Una cifra que supera la cantidad de muertes por accidente de tráfico.
Los óxidos de nitrógeno son los que más muertes provocan en España: unas 6.000 al año. Las partículas en suspensión, 2.600. El ozono troposférico, 500.
Nueve de cada diez personas respiramos aire contaminado en todo el mundo. Y los más vulnerables: ancianos, niños y personas con patologías previas.
Según los expertos, en el brote del SARS de 2003, se observó que las personas que vivían en ambientes más contaminados tenían un 84% de posibilidades de morir, en comparación con los que vivían en ambientes más limpios.
En esta imagen podrá ver cómo evolucionó la fluctuación de la concentración de dióxido de nitrógeno en Italia a medida que fue aplicándose la cuarentena por el Covid-19 (del 1 de enero al 11 de marzo). También se puede observar cómo se iba apagando la contaminación en Madrid.
Have you seen @ESA_EO's findings about NO2 emissions in northern #Italy 🇮🇹?
— Copernicus EU (@CopernicusEU) March 16, 2020
Data from #Copernicus #Sentinel5P 🛰🇪🇺 revealed a drop in emissions which seems to coincide with the lockdown implemented to fight #COVID19.
⬇The animation shows the fluctuation of NO2 across #Europe. pic.twitter.com/n1O5nYuB2l
Las aguas de Venecia corren cristalinas y hasta pueden verse los peces nadar por los canales, algo impensable durante los últimos años.
En China a lo largo del mes de febrero, el promedio de días sin contaminación atmosférica ha aumentado en un 21,5% en comparación con el año anterior, según un informe del Ministerio de Ecología y Medio Ambiente de China.
Miren el mapa y comparen cómo estaba China en enero y cómo estaba en febrero.

https://earthobservatory.nasa.gov/images/146362/airborne-nitrogen-dioxide-plummets-over-china
En Madrid y Barcelona, más de lo mismo. La capital del reino ha reducido la contaminación atmosférica en un 35%. En Barcelona, los datos de la Generalitat apuntan a una reducción del 50% en dióxido de nitrógeno, que es fundamentalmente la polución que producen los transportes.
Imagino que ya ve por dónde voy a continuar. Está claro que el aire contaminado es un caldo de cultivo excepcional para que, si viene el virus, haga más daño a quienes ya estaban tocados por causas como la polución. Y no eran pocos.
El aire sucio causa daños pulmonares graves y también ataca al corazón. El coronavirus, a esos casi nueve millones de personas en el mundo, les hará muchísimo más daño. Está ya demostrado que si el aire estuviera más limpio, habría habido menos muertes por el Covid-19. Dicho de otro modo: las personas expuestas al aire más contaminado tienen más probabilidades de morir.
Un artículo de la CNN se preguntaba el otro día por qué estamos reaccionando así con el Covid-19 y sin embargo los Estados no toman las mismas medidas para frenar la polución, que causa muchísimas más muertes de las que de momento está causando el virus, y de las que puede decirse que ha causado ya en China —donde se supone que lo han conseguido dominar—.
El contador de muertes e infecciones por coronavirus que tenemos sobre la cabeza es terrible. Ya vamos por mil cuatrocientas muertes confirmadas mientras escribo estas líneas, y son más de 25.000 las personas que están infectadas en este momento. Las cifras van a seguir subiendo las próximas semanas, y podrían llegar, según algunos expertos, a las dos cifras del millar. Es aventurado vaticinar nada. Pero ahora mismo todavía estaríamos a 8.000 muertes de distancia en comparación con las que se producen cada año por causa de la contaminación en este país.
Estos días encerrados deberían servirnos a todos para pensar si otro mundo es posible: si cuidando el medio ambiente nos cuidamos nosotros también. Si podemos plantearnos de una vez por todas bajar el ritmo, encontrar otras maneras de vivir en este planeta sin destrozarlo. Porque está claro que la naturaleza nos está dando muchas señales, y quizás esta debería bastarnos para entender lo que tenemos que empezar a hacer.
Sí, estamos en guerra: pero hasta que no entendamos que nuestro enemigo somos nosotros mismos, en el sentido más amplio que la palabra “ser humano” abarca, no habremos entendido nada. Es momento de asumir que tenemos la obligación de cuidar el medio ambiente, aunque sea por puro egoísmo. Que parece ser que es lo único que hace que nos encerremos.