Trabajar con niños es una de las experiencias más bonitas que se pueden tener. Enseñarles a aprender, acompañarles en su evolución, verles crecer y descubrir junto a ellos que son capaces de hacer todo aquello que se propongan es apasionante.

Cuando tienes la oportunidad de compartir con un grupo de niños un espacio de encuentro, de formación, de conocimiento, descubres —si quieres— el universo en el que cada una de ellas, cada uno de ellos, vive.

A lo largo de unos veinte años en los que he visto crecer a esos "locos bajitos", he aprendido que no hay "niños malos", que detrás del comportamiento inquieto, revoltoso o incluso desafiante, siempre hay una causa. Y enseñarles una materia, música en mi caso, no elimina la responsabilidad de estar atenta, como profesora, a todo aquello que pueda suponer una llamada de atención.

Los niños tienen su manera particular de entender el mundo, de expresar sus ideas, sus emociones, y si prestamos atención podremos reconocer en ellos sus preocupaciones, sus miedos, sus anhelos, de la misma manera que hacen evidente aquello que les emociona, les ilusiona y les gusta. Requiere atención, empatía y, sobre todo, amor. "Las cosas con afecto hacen efecto" me dijo un día Santiago Carrillo. Y esa es la máxima con la que trabajo, no solo cuando estoy con los peques.

Si prestamos atención a nuestros niños, si les dedicamos energía, desde la sana empatía y con criterios de justicia, estaremos contribuyendo no solo a su desarrollo individual, sino también a la configuración de una sociedad que asuma el respeto y el diálogo como herramientas de comportamiento para toda su vida.

Observo con frecuencia casos en los que niños inquietos, revoltosos, que tienen dificultad para cumplir unas pautas mínimas de convivencia en clase son señalados y tratados como si fueran "malos". Como si el origen del "problema" fueran ellos mismos. Se les castiga, se les regaña delante de los demás, se les estigmatiza y en rara ocasión se les escucha o se intenta descubrir cuál es la causa o las causas que generan en ellos ese "revoltijo" de emociones que les cuesta canalizar y digerir. Y suele suceder que desde el afecto y la paciencia se descubren situaciones personales que para ellos son dramáticas y que les producen ansiedad, sin tener herramientas para expresarlo o siquiera identificarlo.

Un problema de todos

Muchos de estos niños suelen ser víctimas de acoso y es de extrema importancia que sepamos identificarlo y adoptar pautas en el aula que frenen los abusos. Por desgracia el enfoque que se da en ocasiones es abordar esta cuestión poniendo en el foco únicamente en el niño o niña víctima, sin incluir en la ecuación a toda la clase, a toda la comunidad educativa.

Prestar atención por parte de los adultos es clave. Estar atentos y esforzarnos por ayudar debería ser la forma de plantear nuestra labor en el aula, independientemente de la materia que impartamos. Los datos señalan que entre un 15 y un 50% de los niños y adolescentes pueden haber sido víctimas de acoso escolar en algún momento. Todos tenemos el riesgo en algún momento de nuestras vidas de estar expuestos a este problema y debemos saber identificarlo, así como solucionarlo.

En una situación de acoso hay principalmente dos partes: el acosador y su víctima. Pero, además, estamos todos los demás, los que no se enteran de lo que ocurre, los que sí se percatan pero no hacen nada y los que consideran que aquello "es normal" o "son cosas de niños".

En primer lugar, creo importante subrayar que machacar a otra persona "no es cosa de niños", "no es normal" y no deberíamos permitir que así sea. Quitarles importancia a estas cuestiones es uno de los orígenes del problema. Como no sentirse interpelado cuando observamos lo que ocurre: es fundamental entender que ante una situación de acoso todos debemos tomar parte en ella. Tan grave es acosar a una persona como permitir que otro lo haga. Y esto es algo importante que debemos saber explicarle a los más pequeños.

Si prestamos atención a nuestros niños, si les dedicamos energía, desde la sana empatía y con criterios de justicia, estaremos contribuyendo no solo a su desarrollo individual, sino también a la configuración de una sociedad que asuma el respeto y el diálogo como herramientas de comportamiento para toda su vida.

¿Cómo identificar el acoso en el ámbito escolar?

Es importante saber reconocer las señales que nos pueden estar avisando de que un niño o niña está sufriendo acoso. Signos como problemas de memoria, dificultad en la concentración, descenso en el rendimiento escolar repentino, depresión, ansiedad, irritabilidad, falta de apetito, dolores de cabeza, malestar, cansancio, dificultades para dormir, pesadillas continuas, apatía, miedo constante, no querer ir al colegio, ideas de suicidio.

Ante estas señales, es fundamental establecer diálogo, un acercamiento desde el afecto y el respeto y desde luego, darle al niño o niña la seguridad que necesita para poder expresar lo que siente.

Es frecuente que las víctimas de acoso no quieran hablar del asunto, pues sienten culpabilidad, piensan que "merecen" de alguna manera ese rechazo, ese maltrato. Creen que "son raros" y que esta es la razón del rechazo de los demás. Como, además, suelen sentirse solos ante el silencio cómplice del grupo, pasan a considerar que ellos son el problema. Se genera un círculo en el que la víctima cada vez se siente más pequeña y más incapaz de reaccionar mientras el acosador se siente más fuerte e impune.

Los expertos han identificado lo que se denomina "la regla de las 3 C":

- Cambios: comportamientos y situaciones nuevas, que se manifiestan en una bajada de las notas, deterioro del material escolar, un cambio en el camino para ir al colegio, no tener ganas de salir o relacionarse con otros niños, perder amigos, aparecer con marcas en el cuerpo, descosidos en la ropa, tener mal humor.

- Campanas: se hace aquí referencia al síndrome del "domingo por la tarde", al somatizarse la angustia que supone tener que volver al colegio el lunes. Esto puede hacerse visible en malestar físico: náuseas, insomnio.

- Cuerpo: las señales a través de la expresión corporal son importantes. Tristeza en la mirada, trastornos alimenticios, autolesiones, excesivo nerviosismo, miedo, temblores.

Es un problema grave y es fundamental actuar

Desgraciadamente como sociedad hemos tardado demasiado en identificar el acoso como un problema grave. Nuestra cultura popular ha considerado siempre que reírse del niño en cuestión "es cosa de niños", es algo "de la edad", y se ha planteado incluso que de esa manera uno aprende "a defenderse". Como una ley de la selva en la que hay que "aprender a sacar las garras". Un terrible error que ha generado que muchísimas personas hayan sufrido desde pequeñas, llevando una mochila a lo largo de sus vidas, que en no pocas ocasiones ha supuesto un problema constante en su percepción de la realidad.

Abordar el acoso como lo que en realidad es, un problema muy grave, es fundamental.

La intervención debe ser inmediata, y es importante abordarlo como un problema del grupo en conjunto. Los profesores deben plantear estos casos como una cuestión que afecta a toda la clase, en la que el papel de todas las personas es importante. No se trata únicamente de trabajar con la víctima o con el acosador, sino que hay que comprender y hacer comprender que el comportamiento del grupo ante una situación de acoso es crucial para generar una situación de justicia y respeto entre todos.

Como sociedad debemos romper los muros de silencio que son los que propician la impunidad del acosador y la soledad de la víctima. Y un planteamiento erróneo solamente puede generar mayor sufrimiento a la víctima y mayor impunidad del acosador, que probablemente sea algo que les acompañe durante su vida.

Nuestra cultura popular ha considerado siempre que reírse del niño en cuestión "es cosa de niños", es algo "de la edad", y se ha planteado incluso que de esa manera uno aprende "a defenderse". Como una ley de la selva en la que hay que "aprender a sacar las garras".

Todos tenemos un papel importante

El asunto del acoso a los niños parece que solamente es un problema de quienes lo sufren, cuando en realidad, todos deberíamos estar alerta y entender cuál es el papel que podemos desarrollar.

En el último mes, según la UNESCO, uno de cada tres alumnos ha sido intimidado al menos una vez por sus compañeros.  Puede que nosotros seamos los padres de la víctima, los padres del acosador, los padres de los que guardan silencio, podemos ser los abuelos, los tíos, los profesores de alguno de estos niños.

No está de más prestar atención, saber que esto por desgracia existe, y que es importantísimo conseguir hablar de ello, hacer entender la gravedad del problema y, sobre todo, que hay solución.

La sociedad del Bullying

Hasta aquí sería suficiente para entender la importancia del asunto. Pero hay evidencias que nos deberían hacer pensar en lo que sucede cuando no se abordan estos problemas: vivimos en una sociedad marcada por el acoso a los demás. 

El rol de la víctima y el rol del acosador, así como el silencio cómplice de los demás se perpetúa a lo largo de los años y genera comportamientos que marcan el comportamiento de una sociedad. 

No haber detectado los casos de abuso en una primera etapa, crecer pensando que eso era "normal", que si te toca, "te ha tocado", termina generando una sociedad en la que atacar al otro se convierte en norma. 

Ese es, en mi opinión, uno de los problemas fundamentales que vive España: el del acoso sistemático a los otros

La conducta en política es de bullying, la conducta en las tertulias, en el ámbito laboral, hacia los inmigrantes, hacia las mujeres, hacia los homosexuales, hacia cualquiera por la razón que sea. 

Y las redes sociales han venido a darle a esto una dimensión mayor y más generalizada. 

Si entendemos al Estado como una aula gigante nos daremos cuenta de los acosos que se producen constantemente mientras los demás miran hacia otro lado. 

Pensemos por un momento hasta dónde tenemos interiorizado nuestro rol en los distintos acosos que sufrimos, que silenciamos y que a veces también protagonizamos como agresores. 

Esto no es solo un problema escolar, no es una cuestión que afecte a los más pequeños. 

Quizás, buena parte del problema es lo que ellos aprenden de nosotros, de la tele, de nuestro entorno sin darnos cuenta.