Dicen los de el diario El Mundo que no van a participar en más ruedas de prensa del Gobierno. Lo explican diciendo que “los medios de comunicación no somos los titulares de ese bien tan preciado” —refiriéndose al derecho a la información consagrado como derecho fundamental— sino que somos “los vehículos necesarios para que los ciudadanos puedan acceder a información veraz y formarse su propio criterio”.

Su pataleta continúa diciendo que consideran su trabajo como “labor esencial” en unas circunstancias como las actuales, las del estado de alarma. Y que El Mundo no puede seguir participando en lo que consideran “una anomalía democrática que ya ha adquirido la categoría de auténtico escándalo como son los sucedáneos de las ruedas de prensa que ha impuesto el Gobierno con la excusa de la pandemia”.

Espera, mi querido lector, espera mi querida lectora: que hay más. Dicen que “el rigor profesional, la ética periodística y el compromiso con los lectores” les lleva a anunciar la decisión de “dejar de participar en farsas en las que desde el presidente de Gobierno al último de sus técnicos están incumpliendo con su obligación de rendir cuentas a la opinión pública”.

La pataleta es más larga. Pero con rescatar esta parte inicial me es suficiente para valorar si El Mundo es el más indicado para hacer gala de esos valores y principios de los que presume.

¿En qué periódico publicó Javier Negre una entrevista que fue inventada? ¿A quién han condenado a pagar 30.000 euros por ese montaje? Al diario El Mundo —y a Negre—.

¿A quién condenó la Audiencia Provincial de Mallorca por intromisión ilegítima en el honor y por publicar informaciones ofensivas y difamatorias contra la expresidentes del Consejo Insular de Ibiza, Pilar Costa? Al diario El Mundo, dirigido entonces por Pedro J.

¿A qué periódico se le olvidó informar en portada de que hubo una campaña contra Victoria Rosell y un juez llegó a ser condenado? Al diario que había publicado todas las piezas que formaban parte de la campaña de acoso, el diario El Mundo. El que fuera su director entonces, David Jimenez, reconoció tiempo después haberse equivocado.

¿A qué diario condenó la Audiencia Provincial de Madrid a publicar íntegro un escrito de rectificación sobre una información falsa publicada por Pedro José Ramirez sobre la SER? A El Mundo, en 2007.

¿Qué diario tardó dos años en publicar una sentencia en la que se condenaba a Pedro J. por llamar “nazi” a Baltasar Garzón? El Mundo.

¿Qué diario fue condenado a pagar 30.000 euros al teniente coronel del Regimiento Canarias 50 por publicar información difamatoria? El Mundo.

¿A qué diario condenaron por sacar información sin permiso de una víctima de los atentados del 11-M, Laura Vega? A El Mundo.

¿A qué diario condenó el juzgado de lo social de Madrid por vulnerar el derecho a la libertad de expresión de su redactor jefe tras la huelga general del 20-J? A El Mundo.

Podría seguir, podría. Pero valgan como muestra estos botones, que dan fe del rigor y de la ética que se gastan los de el diario.

Que hablen de ética los que sacaron aquel reportaje infame señalando a los profesores de un instituto de Cataluña, que finalmente fueron absueltos; o el diario que publica piezas en las que se afirma que los presos políticos están como en un hotel de lujo en prisión…. Sería de risa si no fuera porque, efectivamente, los medios de comunicación deben informar a la ciudadanía para que ésta pueda tener acceso a datos contrastados y así conformar su opinión.

Que El Mundo tenga una pataleta me produce risa. Que se ponga digno y diga que no va a ir más a una rueda de prensa del Gobierno, me da absolutamente igual. Que intente ponerse flores, es de vergüenza ajena.

El papel que está haciendo estos días, en mi opinión, es lamentable, además de peligroso. Un acoso y derribo sin argumento ni fundamento, además de dar información dudosa sobre medidas de protección como son el uso de las mascarillas.

Ojalá cuando el virus pase tengamos medios de información, con sus diferentes líneas editoriales, pero lejanos de cualquier tipo de cloaca. Habremos ganado todos.

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Joan J. Queralt
Opinión ¿Por la puerta de atrás? Joan J. Queralt