Ucrania es el foco de nuestra preocupación estos días. El territorio de tierras fértiles, de minerales diversos, de tesoros en sus minas. El territorio que sirve de excusa para alimentar la tensión entre Estados Unidos y Rusia. El territorio en liza que supone la guinda de un pastel que lleva años calentándose en el horno. Tocar a Ucrania puede hacer saltar esta calma fría que nos ha mantenido medianamente relajados estos últimos años.
Pero, ¿cómo es posible que Ucrania pueda desatar la ira de los grandes gigantes?
En los orígenes del primer Estado Ruso estableció su capital en Kiev, quien fue considerada “la madre de Rusia”. Ucrania, que significa “en la frontera”, ha pasado su vida luchando contra quienes querían dominarla. En su momento fue Polonia de quién tuvieron que deshacerse. Se integraron en Rusia hasta que los alemanes impusieron su independencia para intentar utilizarla. Como después quisieron también hacer los británicos. Pero no lo consiguieron.
Ucrania ha tenido un papel importante en la Unión Soviética: todos los dictadores, salvo Stalin, eran ucranianos o de antecesores ucranianos. Su vínculo con Rusia es indiscutible. Es la historia y es su realidad. Pero entre los ucranianos están quienes defienden su propia identidad, su independencia respecto a Rusia.
¿Quiénes son estos nacionalistas ucranianos? ¿Son motivos de exigencia de democracia, de libertad, de justicia social los que les mueve? Los nacionalistas ucranianos se pusieron del lazo de los nazis en la segunda guerra mundial. Sin su ayuda, los nazis no habrían podido asesinar a los judíos que mataron en Ucrania. Su odio a Rusia les ha hecho aniquilar compatriotas por ser afines a Rusia.
Nadie ha puesto en duda el vínculo de Ucrania con Rusia. No al menos hasta ahora.
Durante la guerra fría, los Estados Unidos consideraban a Ucrania parte de Rusia.
De hecho, en el final de la guerra fría Estados Unidos prometió que la OTAN no se movería un centímetro de la frontera establecida. Era una manera de reconocer que Ucrania no se tocaba.
Tras la caída de la URSS Ucrania siempre siguió ligada a Rusia y se produjeron en ella varios golpes de Estado para intentar romper esos lazos. El juego sucio norteamericano generando y nutriendo de oposición a los gobiernos ucranianos, para así promover al nacionalismo han sido una constante.
La alianza establecida por Estados Unidos con los nacionalistas ucranianos para intentar separar a Ucrania de Rusia y ponerla en contra es la razón y origen del problema que tenemos ahora mismo sobre la mesa, es el fondo de lo que estamos viendo.
Norteamérica lleva haciendo trampas desde el principio. Y para ello ha estado usando a Europa para embelesar a Ucrania con la entrada en la Unión previa instalación de una base de la OTAN en ella. Una estrategia que para nosotros debería ser conocida, pues es lo mismo que hicieron con España. La diferencia es que nosotros al “coco” lo teníamos dentro, por lo que, para quitarnos del medio a una dictadura, nos tocaba pasar por el aro. Entrada en la UE, apertura al club, a cambio de dejarles poner sus huevos en nuestra cesta.
En todo esto jugó un papel fundamental inestimable colaboración de un Felipe González que llegó para cumplir con las pautas norteamericanas en España. Pero esta es otra historia. Aquella del “Otón, de entrada, no”. Ya saben ustedes cómo acaba.
Las tropas americanas debían haber abandonado sus bases de Europa en 1961 según sus propios compromisos. No lo hicieron. No se marcharon.
España, que siendo miembro de la OTAN bien podría mantenerse al margen pues “nadie le ha dado vela en este entierro”, ya se ha ofrecido a Estados Unidos para ser su fiel escudero.
En la década de los noventa advirtieron a Clinton de que expandir la OTAN sería el error más grande de la política norteamericana. Señalaban quienes con inteligencia alertaron, que supondría una provocación para Rusia y la jugada no saldría bien.
Lo inteligente, apuntaba Kennan en la carta que envió a Clinton advirtiéndole de la necesaria actitud positiva en las relaciones con Rusia. Pero no le hicieron ni caso. El 23 de abril de 1997 la secretaria de Estado de la Administración Clinton afirmó que “si Rusia no se comporta como esperamos que lo haga, la OTAN está ahí”. Quedó evidenciado que el papel de la OTAN era el de presionar a Rusia para someterse a los deseos de norteamérica.
La OTAN no ha dejado de moverse hacia las fronteras de Rusia. Ha incluido a 15 naciones en su mapa.
El principio de doble destrucción garantizada quedaría anulado en el momento en que la OTAN estableciera su base en Ucrania. Supondría la apertura de una nueva dimensión con un peligro incuestionable e inminente.
España, que siendo miembro de la OTAN bien podría mantenerse al margen pues “nadie le ha dado vela en este entierro”, ya se ha ofrecido a Estados Unidos para ser su fiel escudero. Sin que le venga nada a cuento, España ya ha abierto la boca a través de Pedro Sánchez y de Margarita Robles. Lo cierto y verdad es que las fragatas enviadas responden a la obligación que le correspondía a España por su papel ante la Alianza Atlántica, que es cuestión de turnos. Pero esto no borra la oferta pública y sumisa de Sánchez a Biden.
Podemos, que también está en el Gobierno de España, ya ha advertido a Sánchez de que apuntarse a esta locura es inasumible.
España, en lugar de escuchar voces como la del Coronel Pedro Baños, quien a punto estuvo de ser nombrado responsable de la inteligencia española cuando Sánchez llegó al gobierno, decidió quitarle del medio por decisión de Borrell. El entonces ministo de Exteriores consideraba que la visión de Baños era en exceso proclive hacia Rusia, una pista sobre el papel que pueda jugar ahora mismo el Comisario responsable de las relaciones exteriores y la diplomacia de la UE. Viendo lo visto hasta ahora de su mandato, podemos esperar de él más errores que aciertos en la gestión de esta delicadísima situación.
A Rusia no le compensa abrir esta brecha. El propio Putin lo ha dejado claro: no tiene ningún interés en atacar a nadie. Pero también tiene claro que no va a tolerar provocaciones. Y es comprensible. Está avisando de que, sencillamente, no consentirá que sigan haciendo trampas, rompiendo las promesas y amenazando la estabilidad mundial. Activar un conflicto daría la posibilidad a China de hacerse con el pastel. Es una probabilidad muy factible.
Apoyar a norteamérica en semejante locura sería un error inadmisible de Europa. Imperdonable de España, que no tiene por qué sumarse al busca broncas yanki y romper sus lazos con Rusia, la potencia a la que siempre debería haber mirado de una manera muy diferente de lo que lo ha hecho. Las alianzas de España me han parecido muchas veces de lo menos estratégico y de lo más sumiso: un territorio tan absolutamente privilegiado como es nuestra Península Ibérica ha sido siempre puesto en manos de quienes lo han maltratado, esquilmado, humillado y vendido de todas las maneras posibles.
Los que tanto se llenan la boca afirmando que defienden el interés de España, en realidad lo hacen y lo han hecho para el interés de los que se consideran dueños de España. Que no es lo mismo. Y esos, precisamente quienes hablan en nuestro nombre y deciden meternos a todos en una guerra que nadie quiere, son los que no tienen problema en subirse a cualquier carro que les perpetúe en su poder a costa de ir vendiendo los cachitos de una España hundida. Hundida por ellos, esos “patriotas” que han negociado para que dejemos de producir leche, para que destrocemos nuestra ganadería, para que salga más rentable quemar una plantación que cosecharla, para quienes nos han vaciado el mundo rural dejándonos sin nuestras principales producciones. Han vendido una España que tiene más horas de luz que la mayoría de sus socios: y se ha dejado poner un impuesto al sol para mantenernos lastrados a los intereses de esos cuatro dueños de España. Un país rico en cultura que tiene a los trabajadores del sector cultural viviendo en la absoluta miseria. Para ofrecer un turismo basado en empleo precario y baratillo de oferta. Porque en definitiva, España se ha puesto de oferta y se vende por cantos de sirena. Los de los yankis, los vende humos que nos siguen utilizando para meternos cada vez más en su sistema de “libertades”. Las de quienes se las puedan pagar.
El terrible error de España al apoyar esta guerra es volver a meter la cabeza en el barro sin inteligencia alguna. Sin pensar, una vez más, en sus gentes. Por eso creo que es momento de salir en masa a la calle: absolutamente todos para decir no a esta guerra. Y decirle que no a España: por principios humanitarios, democráticos, lógicos y de propia conveniencia.