Esta semana ha salido adelante la ley que permitirá llevar a cabo la eutanasia, "la buena muerte", que viene a ser la confirmación de que tenemos derecho a vivir una vida dignamente, no prolongarla más allá de lo que humanamente sea deseable. 

Me cuesta entender, de nuevo, cómo hay quienes están intentando colar un mensaje absolutamente falso y cargado de intencionalidad, la del miedo, para atacar esta medida. Quédense tranquilos: nadie va a matar a nadie, nadie va a provocar la muerte de nadie con esta ley. Precisamente lo que se persigue con esta regulación es que aquellas personas que padecen una situación desesperada puedan terminar con el sufrimiento que les comporta

Es la libertad del paciente la que ha de regir, la decisión de una persona ante una situación límite, que le permita poner fin a un conflicto tan inmenso como el valor y la necesidad de llegar a la determinación de tener claro que vivir de esa manera ya no merece la pena. 

Pretender obligar a alguien a mantenerse en una situación de sufrimiento es arrogarse una autoridad moral que a nadie corresponde

No comprendo cómo siempre hay quienes tienen tanto interés en ponerse a juzgar aquello que desconocen. Situaciones que no han vivido, y que no saben si vivirán. Ocurre siempre algo similar: inmiscuirse en el derecho de otros a amar a quien quieran, en el derecho de las mujeres sobre su maternidad, y ahora también en el derecho de todos para tomar la decisión de no sufrir cuando no queda alternativa. 

Si algo nos pertenece es nuestra vida. Con todo lo que ello comporta. Pretender obligar a alguien a mantenerse en una situación de sufrimiento es arrogarse una autoridad moral que a nadie corresponde cuando de la vida de otra persona se trata. Se han establecido mecanismos para que el proceso tenga una serie de garantías, y de hecho, desde las asociaciones y colectivos que han luchado para poder ejercer esta decisión de manera protegida por la ley, consideran que la ley aprobada es "demasiado" rigurosa a la hora de establecer protocolos que aseguren que la decisión se toma de manera consciente y sopesada. 

No se elimina el delito de cooperación al suicidio, algo también criticado por los activistas a favor de la eutanasia. Quizás que el delito siga existiendo, como cooperación del suicidio, no debiera generar preocupación, atendiendo a la necesidad de que no sea aplicado cuando no corresponda, esto es, en casos de eutanasia que ahora ya sí tendrán una protección legal. 

Con esta nueva legislación vamos avanzando, aunque nos quede un largo camino por recorrer. Pero es sin duda una medida que permite tomar una decisión nada sencilla sin tener que añadirle más miedo y más sufrimiento innecesario. 

En definitiva, hoy tenemos un derecho que hace una semana no teníamos: el derecho a reclamar una vida digna y a ser dueños de ella. Un ejercicio de empatía que necesitábamos como sociedad, lo que siempre es motivo de celebración. 

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Gemma Marfany
Opinión Seguridad y eficacia Gemma Marfany