El tiempo había arrugado su piel, pero lo había hecho más sabio. La profundidad de la mirada era un libro abierto que servía para adivinar que aquellos ojos habían visto muchas cosas y durante muchos y muchos años.
Fue sentarse e hipnotizar a aquel grupo de jóvenes anhelantes por escucharlo. Se hizo el silencio más absoluto y él se los miró uno a uno. Como anunciándoles que aquello que se disponía a explicarles era muy importante y que, a partir de aquel momento, nada sería para ellos nunca más igual.
Hizo una pequeña respiración, la suficiente como para dar trascendencia al momento pero sin exageraciones. Todo muy catalán. Todo mucho contenido.
“Yo he visto cosas que nunca imaginaríais”, fue lo primero que salió de su garganta y con una voz profunda. Yo he visto una final de Champions en Sevilla, en la que lo teníamos todo a favor contra un equipito que no era nada, y en la cual no supimos marcar un puto gol en 90 minutos y fallamos todos los penaltis de la tanda. ¡TODOS!”.
“Yo he visto –continuó– una delantera formada por Escaich, Korneiev y Jordi Cruyff. Yo he visto a un centro del campo con Eskurza, Prosinecki y Hagi. Yo he visto a Jose Mari, Ivan Iglesias, Amunike, Kodro, la gallina Maxi López, Cleo, Romerito, Lucendo, Rüstü, Cristanval, Ciric, Ezquerro, Bogarde, Cuaresma, Coco, Sorín, Henrique, Hleb, Déhu, Geovanni, Dutruel, Anderson o Petit. Yo he visto a Rochemback, el único brasileño del mundo que parecía islandés. Ojo, pero no del sur de Islandia, no. No, no, del norte muy al norte, en lo que sería tocando el polo”.
“Yo conozco la famosa historia del 'Chusin, el precio lo pongo yo'. Buscadla en Google, buscadla...”.
Lo había dicho todo tan seguido que necesitó hacer una profunda respiración. Y todavía una segunda. No, más que nada para compensar el aire perdido que había salido de sus pulmones mezclado con el enfado resignado que sólo el tiempo transforma en desapasionamiento reivindicativo.
Y continuó: “Vosotros sois demasiado jóvenes para entender la historia. Vosotros no sabéis nada de la liga de Udo Lattek, del motín del Hesperia ni del 'si nosotros ganamos y ellos empatan o pierden...' que siempre acababa con ellos empatando o perdiendo y nosotros también. Vosotros os las habéis mamado muy dulces. Vosotros no habéis roto nunca el carné, ni habéis tirado almohadillas al terreno de juego. De hecho vosotros no sabéis ni lo que es una almohadilla”.
“Vosotros no habéis asistido nunca al momento en que un socio de 80 años, amo de una reputada empresa téxtil, un gentleman, un hombre íntegro y ganador 10 años consecutivos del premio al catalán educado. Buen hijo, buen marido y mejor padre. Un señor que nunca en su vida había levantado la voz ni cuando una tapa de piano se cerró violentamente sobre el teclado atrapándole sus partes. Vaya, un caballero... Pues bien, vosotros no habéis visto nunca cómo este señor, un día, de repente, se levantó y, blandiendo violentamente su pañuelo con una fuerza superior a las tres toneladas, gritó con todas sus fuerzas 'pocavergüenzas'".
“Por lo tanto, jovencitos –dijo a manera de resumen y clausura–, ¿entendéis ahora por qué eso que nos está pasando ahora 1/ lo veíamos venir, 2/ no nos sorprende, 3/ nos da miedo, 4/ nos hace temer lo peor y 5/ no sólo no las tenemos todas, sino que no tenemos ninguna? ¿Lo entendéis?”.
Vosotros, juventud demasiado bien acostumbrada, sabréis ahora lo que es ser un "tribuneru" de verdad. “Tribuneru” como lo fueron vuestros padres, vuestros abuelos, vuestros tíos y todo el mundo humano que lleva un ADN culé!!!.
Y ahora, ya os podéis marchar. Pero antes, recordad un concepto: “Tamudazo”. Id en paz, hijos míos...