Los que pensaron que el comité federal del PSOE sería la tumba de Pedro Sánchez se equivocaron... Pero los que pensaron que serviría para cerrar heridas y dar una imagen de unidad también. El PSOE es hoy un partido fracturado entre aquellos que quieren intentar un acuerdo de gobierno con Podemos, y si fuera posible también con Ciudadanos, y los que no están para aventuras hacia la izquierda y prefieren arreglar antes la casa eligiendo un nuevo secretario general, que no sería otra que la andaluza Susana Díaz. Así las cosas, la reunión del comité federal del PSOE dejó las espadas en alto. Al toque de corneta del exgeneral Felipe González enumerándole todos y cada uno de los males que recaerían sobre los socialistas si Pedro Sánchez persistía en su intento de llegar a la presidencia del Gobierno apoyándose en Podemos, el secretario general del PSOE respondió con una jugada audaz y que aleja el centro de decisión de los barones socialistas. Llegado el caso, será la militancia la encargada de validad o rechazar un acuerdo de gobierno.

Al órdago de Sánchez nadie le podía responder frontalmente y ningún dirigente lo hizo. ¿Se puede estar públicamente en contra de que sean las bases del partido las que validen el acuerdo? Pero su envite supone dejar a los pies de los caballos a una parte de la historia reciente del PSOE, a todo el clan andaluz y a algunas baronías. No así al PSC y a Miquel Iceta, probables muñidores de este triple salto mortal de Sánchez del que sólo podrá salir vivo si es el próximo inquilino de la Moncloa. Si no es así, el madrileño puede ir pensando en otra profesión, porque sus rivales serán inmisericordes después del pulso que les lleva haciendo desde la misma noche electoral del 20D.

Pasada la pantalla del comité federal del PSOE, veremos ahora cómo se enfoca la recta final de la segunda ronda de consultas de Felipe VI para la investidura y que finalizará el martes con las audiencias a Sánchez y Rajoy. A estas alturas, cualquier apuesta tiene visos de hacerse realidad: que se lo ofrezca a Sánchez, que se tome más tiempo o que se lo vuelva a ofrecer a Mariano Rajoy. Quizás esta última es la que cuenta con menos opciones. Aunque tampoco cabría descartar una sorpresa total de última hora.