La retrógrada ley electoral que impide desde el pasado lunes que se publiquen encuestas provoca que este material esté desde aquel día tan sólo en manos de los partidos políticos, algunas grandes corporaciones o los medios de comunicación para su uso particular. La Junta Electoral, sin embargo, se ve desbordada con algo tan rudimentario como publicar la encuesta desde Andorra y acceder a ella desde internet. Incluso Pablo Iglesias, el candidato de Podemos a la presidencia del gobierno, para animar a los suyos, les invitó el martes en un mitin a que acudieran a la web de El Periódico de Andorra y vieran cómo aumentaban sus expectativas electorales.

El partido morado ha vuelto a entrar con fuerza en la recta final de la campaña mientras que a los naranja, los Ciudadanos de Albert Rivera, se les están haciendo demasiado largos los quince días que dura. La capacidad de morder electorado socialista es tal que incluso hay una seria preocupación en el PP y en la calle Génova. De todos los escenarios demoscópicos que se han manejado estos meses sólo hay dos que son terribles para los populares: que no sumen con Ciudadanos y que Podemos sea segunda fuerza política. Las encuestas, que solo ellos manejan bajo la supervisión de Pedro Arriola, contemplan hoy como algo no descabellado estas dos hipótesis. Y lo que es más preocupante, la curva ascendente de la formación morada en las últimas dos semanas. Tanto que, en estos momentos, su victoria en Catalunya el próximo domingo con la marca de En Comú Podem, de la mano de la alcaldesa Ada Colau, no la discute nadie. Como nadie discute que el PP quedará en una posición muy testimonial y que el PSC puede tener, por primera vez en su historia, dificultades para sacar escaños en las cuatro provincias.

Un experto en demoscopia al pronosticar el mapa político que puede surgir en Catalunya el domingo señalaba que, en su opinión, la foto estaría más cerca de las municipales que de las catalanas. Más cerca de mayo que de septiembre. Más cerca de que para el independentismo sea un paso atrás que un paso adelante.