El 1-O marca un antes y un después en la política catalana, como también lo marcó la intervención de la Generalitat el 20 de septiembre. Incluso con anterioridad a la jornada de votación, el gobierno español ya aplicó el artículo 155 por una de las puertas por las que se puede aplicar, que es interviniendo las finanzas de la Generalitat. La discusión de ahora sobre si Rajoy hará uso de este artículo de la Constitución para impedir la DUI es un ejercicio para onanistas. Lo que puede pasar, en todo caso, es que el gobierno español decida cargarse la autonomía por la cara, siguiendo el ejemplo del TC, que ha suspendido un pleno del Parlament que todavía no había sido ni siquiera convocado formalmente. Con un recurso de ampara del PSC ha tenido suficiente para hacerlo. Los unionistas ya no guardan ni las formas. Están dispuestos a todo: a zurrar a ciudadanos inocentes que solo querían votar y a prohibir un debate en el Parlament sencillamente porque no les gusta lo que allí se habría podido debatir. Los socialistas se quejaron del pleno del 6 de septiembre, donde hablaron tanto como quisieron e incluso practicaron un filibusterismo inútil, y resulta que ellos la lían aun más gorda para tapar la boca a todo el mundo. Volvamos a la cuestión, si les parece bien.

En estos momentos, la dicotomía no es entre si el Estado aplicará el artículo 155 —cosa que ya ha hecho, como acabo de indicar— y la DUI que prevé la Ley del Referéndum después de la proclamación de los resultados. La confrontación es entre si es conveniente dar otra paso más hacia adelante o rendirse, que es lo único que prevén PP, PSOE y los poderes fácticos que ahora ya toman posiciones por si acaso Catalunya se independiza. Los que reclaman a Puigdemont una moratoria tendrían que tener presente esta circunstancia. El anuncio de que el Banc de Sabadell traslada la sede social a Alacant o de que CaixaBank la traslada a València o bien que Gas Natural-Fenosa (que así es como en verdad se denomina) se traslade a Madrid, dado que el accionista principal es Criteria Caixa (holding de CaixaBank), con un 24,4% del accionariado, no es necesariamente una mala noticia. Lo que quiero decir es que con estos movimientos de fuga, las empresas lanzan el mensaje de que por lo menos ellas sí creen posible la independencia. Si está tan claro eso de que el Estado impondrá el imperio de la ley en Catalunya, ¿qué necesidad hay de montar este número de circo? También es verdad que podría ser que este fuera un movimiento oportunista de las entidades bancarias para llevar a cabo ahora lo que querían hacer mucho antes. En todo caso, son un activo para el independentismo, puesto que los bancos y las pocas empresas que dicen que se marcharán, dan el mensaje que ven posible la separación.

La resistencia popular contra la represión el día del referéndum desplazó el debate sobre la autodeterminación de Catalunya de la DUI a la inviabilidad de pactar otra cosa que no sea repetir el referéndum en un contexto de normalidad

La cuestión no es, pues, si unos tienen prisa y otros no, porque la resistencia popular contra la represión el día del referéndum desplazó el debate sobre la autodeterminación de Catalunya de la DUI a la inviabilidad de pactar otra cosa que no sea repetir el referéndum en un contexto de normalidad. Toda moratoria tiene que empezar por aceptar eso. Si en un contexto de anormalidad absoluta, de ocupación policial, de violación de los derechos civiles y democráticos, hubo un 43,03 % de participación en un referéndum “ilegal”, eso quiere decir que por lo menos 2.286.217 personas quieren resolver este conflicto votando. De hecho, en aquellos colegios que vivieron la jornada con total normalidad, la participación superó el 50%.

No sé si ustedes han visto las imágenes de lo que sucedió ante el colegio Llull. Son imágenes impactantes, pero la sangre fría y la determinación de los concentrados fueron una lección de fortaleza para quienes ahora dudan sobre qué hacer. Lo único que se debe negociar es cómo dar voz a la ciudadanía. “España no se negocia”, asegura Rajoy, pues Catalunya tampoco, hay que decirle. La gente va por delante de los articulistas y de los tertulianos, quienes a menudo viven en el país de los necios. Eso hace días que lo sabe Carles Puigdemont, el astuto presidente que consiguió votar en Cornellà de Terri y burlar así la brutalidad de la Guardia Civil en Sant Julià de Ramis, como hicieron otros muchos ciudadanos, decididos a votar como fuera. Como yo mismo, que salí de Barcelona para poder votar en otro colegio electoral gracias al censo universal ideado por la Generalitat.

La astucia es la principal virtud de un dirigente político, tanto como la determinación. Pero para una maniobra sea realmente eficaz, primero hay que creer en ella. Particularmente, me cansan tanto los que tienen prisa como los que invitan a lanzar la toalla simplemente porque desconfían de todo el mundo y ven con desconfianza la resistencia popular. Es el mismo tipo de gente que antes del 1-O dudaba de que se pudiera votar solo porque desconocía los detalles del operativo que permitió que al fin votáramos y que un 90,10% de los votos  (2.044.036 personas) se decantaran por el a la independencia. Estos resultados no los puede obviar nadie. Sería una gran traición.

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