El martes pasado, Salvador Cardús publicó el artículo “Qui són PDeCAT, JxCat i CN?”. Al día siguiente, Ferran Sáez insistía en la cuestión de averiguar quién es quién en el espacio político independentista vinculado a Carles Puigdemont en "Sopa de lletres", publicado en el mismo diario. Sáez hace suya la conclusión de Cardús ("Si los que defienden el espacio que representa la actual sopa de letras quieren mantenerlo y ampliarlo, tendrán que aprender a hacer dos cosas al mismo tiempo: defender la dignidad de la lucha contra la represión y, simultáneamente, llenar de contenido su programa político"), y después discrepa de los ingredientes que tienen que formar parte de esta receta.

Me atrevo a participar en este diálogo porque me ha parecido que Sáez me atribuye indirectamente las culpas de lo que considera un gran fracaso, en tanto que en este mundo soy una "de las dos o tres personas que provienen de Bandera Roja", la otra es Ferran Mascarell, "convencidas de que la prioridad no es obtener resultados políticos, sino forjar una hegemonía cultural y mediática que los acabe haciendo inevitables". Eso es lo que ha fracasado, según él. Quizás Sáez no hablaba de mí, ni de Mascarell, y si fuera así, me excuso por el hecho de cometer el pecado de la soberbia, que es el demonio que envenena a algunas personas que siempre quieren tener razón, cuando la tienen y cuando no. Por lo tanto, intentaré debatir con estos dos grandes intelectuales sin caer en las descalificaciones fáciles, encaminadas a buscar la aprobación de los aduladores. Descarto hablar, pues, de traidores, de pensamiento mágico y cosas así, dado que no aportan nada de nada.

Empecemos por el principio. CDC entró en crisis porque quedó demostrado que era un partido que se alimentaba de la corrupción y que el líder carismático, Jordi Pujol, había mentido descaradamente sobre su rectitud moral. Aquel IVA que propugnaba Pujol (Ideas, Valores, Actitudes), era puro engaño. Pujol montó un centro de estudios justo en medio del paseo de Gràcia, que le pagábamos entre todos, para dedicarse a reflexionar sobre este IVA, digamos, intelectual y moral. Incluso el joven Guillem Carol produjo en 2012 una serie de vídeos sobre Jóvenes con IVA, con la intención de mostrar "10 historias de jóvenes que han hecho frente a las dificultades y contrariedades del momento, convirtiéndose en referentes generacionales de emprendeduría, buenas prácticas y responsabilidad colectiva". En el artículo "fundacional" de aquella propuesta, Pujol citaba al sociólogo polaco Bauman para atacar el relativismo moral. Y resultó que, al final, el régimen del 78 supo explotar el relativismo moral pujoliano y la "debilidad" de la familia Pujol por el dinero. A partir de aquel momento, todas las certezas absolutas se fueron al garete. Y CiU, también

La república nacerá el día en que todo el mundo sepa y asimile que la autonomía es la condena a muerte de Catalunya

Destruir a Pujol no sirvió para parar la "deriva" soberanista del partido. De hecho, cuando en 2009 saltó a la prensa el caso Palau, que es un episodio anterior de lo que acabo de explicar, CDC ya estaba en el punto de mira de un Estado que ha demostrado que preserva la unidad de todas las maneras posibles, pero siempre aplicando la represión y, si hace falta, la violencia con la organización de grupos antiterroristas. Los convergentes tenían el sótano lleno de basura, para decirlo fino, y se llegaron a creer que el Estado se mantendría impasible mientras ellos se dedicaban a organizar —o coorganizar— manifestaciones, consultas y todo tipo de desafíos que tenían que llevar a la ruptura con España. Quien primero saltó del barco fue Duran i Lleida, porque es un hombre calculador y que no está dispuesto a vivir del sueldo de profesor, que es realmente bajo, sea dicho de paso. Y así es cómo destruyó UDC, que explotó como un meteorito. Lo que quiero decir, porque este es el punto de partida que no quiso —o supo— abordar Marta Pascal, es que la muerte de CDC no se produjo por la decantación de los viejos autonomistas hacia el independentismo, que es el argumento que utilizó Xavier Trias el año 2015 para justificar haber perdido las elecciones, y que ahora vuelve a utilizar David Bonvehí, sino por la mierda acumulada. Pascal sabe, porque hablamos de ello, por ejemplo, en la salida de una conferencia suya en Nova Economia Fòrum, que siempre defendí que mientras no hicieran limpieza, no habría manera de salir adelante.

El PDeCAT nació porque CDC era insostenible. Era un eslabón más del régimen del 78. Y como los que se pusieron al frente del PDeCAT no cortaron amarras, ahora este partido está en fase terminal y los "nuevos" —pero, de hecho, viejos— dirigentes intentan controlar la reorganización de este espacio político. Y lo quieren hacer cometiendo el mismo error que cometió Artur Mas cuando en el 2010 se deshizo, una vez la hubo utilizado para llegar al poder, de la filosofía de la Casa Gran del Catalanisme. No sólo eso, sino que Mas aceptó las recetas del prestigioso economista Andreu Mas-Colell para hacer unos drásticos recortes en el estado del bienestar. Mas se volvió independentista por frustración, porque todas las propuestas de pacto con el Estado chocaron con la pared infranqueable de un centralismo español enfermizo. La combinación de corrupción y recortes fue aislando el mundo del PDeCAT y dio alas a la CUP y a ERC, que se oponían frontalmente a Mas. He llegado a la conclusión, y me sabe mal decirlo, porque la represión se ha ensañado sobre él, que Artur Mas no estuvo a la altura de las circunstancias. Da unos mítines fantásticos, pero toma malas decisiones. Y, sobre todo, las toma a destiempo.

El retorno a la filosofía de la Casa Gran llegó el 21-D, cuando ya había pasado todo el drama. El president Carles Puigdemont decidió encabezar una lista unitaria, repleta de independientes, estos políticos "noveles" y "poco profesionales" que son tan criticados por unos cuantos comentaristas, obviando que, comparados con los de antes, con los de los tiempos de la corrupción, son una brisa de aire fresco. Prefiero a un político joven e inexperto que un político experimentado y corrupto. Estos son mis principios y no tengo otros. Si me pudiera tirar salfumán por encima para borrar mi paso por la fundación que no quiero ni nombrar, lo haría. Pero volvamos a lo que nos ocupa. Puigdemont optó por "controlar" el PDeCAT, que se "apartó" de mala gana y promovió una coalición electoral, JxCat, que sintetizaba muchas voluntades. Todo el mundo era considerado desde la igualdad. Pero aquella paz duró poco, entre otras razones porque se tuvo que hacer frente a tres obstáculos a la vez. Primer obstáculo, la competencia con ERC, que puso en crisis el objetivo de restituir al president Puigdemont. Segundo obstáculo, la falta de liderazgo interno, hasta el punto que la presidencia de la Generalitat llegó a Torra en un proceso casi de subasta. Y tercer obstáculo, los intentos de recuperación del control por parte del PDeCAT, cosa que se vio desde el mismo momento de la constitución del Govern. Todos los partidos son agencias de recursos humanos, por eso no nos tiene que sorprender que un partido que ha crecido a abrigo de la gestión de la Generalitat durante más de dos décadas sea, literalmente, una ETT.

El gran problema del mundo que se estructura en el entorno Puigdemont es que ha hecho de la denuncia de la represión el único motivo de la acción política

La Crida nació para superar la resistencia del PDeCAT a morir. En este mismo diario he explicado por qué JxCat no podía ser la refundación del PDeCAT y por qué la Crida tampoco lo tenía que ser. La Crida nació fruto de un pacto entre Jordi Sànchez, Carles Puigdemont y Artur Mas, al cual también se incorporó gente como un servidor, que representa, para resumirlo, a los independientes de JxCat que se agrupan en Junts per la República. No dudo de que el sector "oficial" de la Crida sólo quisiera representar un nuevo ejercicio de transvestismo político, por eso choqué con ellos y por eso ni siquiera soy asociado a la Crida después de haber ayudado a montarla. La frase que Tancredi dice a su tío, el príncipe Salina ("Si queremos que todo continúe como está, es necesario que todo cambie") no responde a mi ideario ni es la respuesta a la situación actual. Eso no va de hegemonías, va de credibilidad. Las "dos o tres personas que provienen de Bandera Roja" defendemos acérrimamente que existe un independentismo pragmático al cual no le hace falta hacer como Rufián. O sea, ser más radical que nadie un día y al día siguiente de ganar unas elecciones con el cebo del independentismo afirmar que no lo eres simplemente porque te mueres por pactar con los comunes, que es lo que ya defendía Rufián cuando empezó como tertuliano. He discutido de ello muchas veces. El gran problema del mundo que se estructura en el entorno Puigdemont es que ha hecho de la denuncia de la represión el único motivo de la acción política. De aquí el error de montar una candidatura en Barcelona encabezada por un preso o que los consellers ahora se esfuercen en demostrar que hacen no sé cuántas cosas en vez de gobernar señalando a cada decisión tomada los inconvenientes de la dependencia del Estado. Y les pongo un ejemplo. ¿Saben ustedes que las 1.250 nuevas plazas de Mossos d'Esquadra se han podido convocar porque el Govern ha pasado el rastrillo por departamentos y eso hace que a partir de ahora no pueda haber ninguna convocatoria de plazas del régimen general? La misma cosa puedes venderla como un triunfo o te puede servir, si es que sigues convencido de la política de ruptura iniciada el 2012, para denunciar el ahogo que te impone el Estado. Es que el déficit fiscal no sólo no se ha acabado, es que perdura y aumenta.

Me he alargado mucho y podría alargarme mucho más. Lo haré en otros artículos, sobre todo porque, como ya diagnosticó Antonio Gramsci —el fundador del Partido Comunista Italiano a quien se le suele a atribuir todo eso de lo que habla Sáez en su artículo sobre las hegemonías—, la resolución de una crisis es la madre de todas las batallas. Gramsci lo escribió en sus cuadernos de la prisión, en el volumen Pasado y presente: "Si la clase dominante ha perdido el consenso, entonces no es más 'dirigente', sino tan sólo dominante, detentora de la pura fuerza coercitiva, cosa que significa que las clases dominantes se han separado de las ideologías tradicionales, que no creen más en lo que creían antes. La crisis consiste justamente en que el viejo muere y el nuevo no puede nacer, y en este terreno se verifican los fenómenos morbosos más diversos". El subrayado es mío. Estamos en este punto, pero los independentistas pragmáticos —y yo me lo considero— saben que se puede gobernar el día a día sin tener que renunciar a nada. Laura Borràs dio una lección con motivo de si hacía falta o no acudir a la ronda de contactos del rey Felipe IV. La nueva jefa de filas de JxCat en Madrid combinó con elegancia y buenas maneras principios y política para responder a quien buscaba batalla con ERC. Denuncia y diálogo: “yo voy a ir a recordarle al rey que en su reino hay presos políticos y yo soy su portavoz". Pam.

La república nacerá el día en que todo el mundo sepa y asimile que la autonomía es la condena a muerte de Catalunya. La acción republicana es ahora la acción política que combinando ruptura y reformismo de verdad, sepa dirigir Catalunya hacia la independencia. Quien sea la voz de la independencia tendrá premio. El resto es ocupar puestos de trabajo.

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